El riesgo creciente se encuentra en las sustancias de tipo biológico, hormonal o farmacéutico, así como los viejos dispositivos electrónicos o los plásticos que acaban en el suelo, sin olvidar elementos peligrosos como el arsénico, el plomo o el cadmio. La otras actividades humanas que también contaminan como la minería, las fábricas, los productos derivados del petróleo o los pesticidas y fertilizantes usados en la agricultura, cuyo uso estimado se duplicará para 2050.
El crecimiento de las ciudades ha hecho que el suelo se haya convertido en el vertedero de ingentes cantidades de basura municipal. En 2012 los desechos sólidos urbanos sumaban alrededor de 1.300 millones de toneladas anuales y se piensa que ascenderán a 2.200 millones de toneladas para 2025.
La FAO destaca que nunca se ha realizado una evaluación del problema de la contaminación de ese recurso a nivel mundial, que necesita ser abordado con métodos científicos ante la falta de armonización y de datos fiables entre las distintas regiones.