Tras ocho años de conflicto, la guerra en Siria está todavía muy lejos de terminar, según avisó este miércoles la ONU, que alerta del deterioro en la provincia de Idlib y del riesgo de un resurgimiento del grupo terrorista Estado Islámico (EI).

«Este mes, el conflicto sirio entró en su noveno año. Han sido ocho largos y horrendos años de sufrimiento para los sirios y esto parece lejos de acabarse», declaró la responsable de Asuntos Políticos de la organización, Rosemary DiCarlo, ante el Consejo de Seguridad.

El mensaje fue reiterado por la mayor parte de las potencias internacionales, que repasaron la situación en Siria en medio del cauto optimismo generado por la derrota del autoproclamado «califato» del EI.

«Este es un progreso importante en el combate contra los grupos terroristas, que han infligido un sufrimiento incalculable a innumerables víctimas. Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer para responder completamente a la amenaza del EI», dijo DiCarlo.

Naciones Unidas insiste especialmente en la necesidad de evitar una escalada militar en el noreste de Siria, que podría tener «consecuencias devastadoras para los civiles» y «crear condiciones para el resurgimiento» del Estado Islámico.

Los miembros del Consejo de Seguridad también urgieron a ser cautos en esta nueva etapa en la que el grupo terrorista ya no domina territorio sirio, recordando que sigue contando con importantes recursos económicos e influencia para ser muy peligroso en la clandestinidad.

«Esta victoria no debe hacernos olvidar la amplitud de los desafíos a los que nos enfrentamos para impedir un resurgimiento del Daesh (acrónimo del Estados Islámico), en una forma u otra», recalcó el embajador francés, François Delattre, que este mes preside el Consejo de Seguridad.

Para Francia, resulta fundamental mantener una «capacidad de acción sólida» contra los terroristas en la región y, en ese sentido, da la bienvenida a la continuidad de un contingente militar de Estados Unidos en el noreste sirio.

Washington, tras declarar la pasada semana la victoria contra el «califato», optó por no entrar en muchos detalles sobre sus planes durante la reunión del Consejo de Seguridad.

La situación en la provincia de Idlib, la última gran área controlada por los insurgentes, es el otro gran foco de atención para la comunidad internacional, sobre todo tras los combates registrados en las últimas semanas, que han desplazado a decenas de miles de personas.

Sobre el papel, en la zona rige desde el año pasado un alto el fuego impulsado por Rusia y Turquía, un acuerdo que frenó a última hora la ofensiva que preparaba contra la provincia el Gobierno de Bachar al Asad.

Entonces, la ONU advirtió repetidamente de que un ataque contra este feudo rebelde causaría un desastre humanitario, un riesgo que sigue existiendo, según la organización.

Rusia, el gran aliado de Damasco, ha participado este mes en los ataques aéreos sobre Idlib, que según Moscú está controlado casi en su totalidad por el grupo terrorista Tahrir al Sham, el antiguo Frente al Nusra.

El embajador ruso, Vasili Nebenzia, destacó que pese al alto el fuego es fundamental seguir combatiendo a los yihadistas y aseguró que la situación en Idlib es «peligrosa» por los repetidos ataques de Tahrir al Sham contra objetivos gubernamentales.

Nebenzia insistió en que no se puede pretender que los herederos del Frente Al Nusra, una organización que se desgajó de Al Qaeda, son «de pronto una modesta oposición».

Según Moscú, por ese y otros motivos es muy prematuro comenzar a hablar del final de la guerra en Siria y sigue siendo importante trabajar en un arreglo negociado en el marco de las discusiones impulsadas por la ONU.

El mediador de la organización, Geir Pedersen, sigue tratando de avanzar en ese sentido en consultas con las dos partes, aunque por ahora no ha dado a conocer grandes progresos.

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