La reforma laboral de 2012 del PP ha vuelto a la actualidad por el acuerdo entre PSOE, Podemos y EH Bildu para su derogación (o su modificación, ya que no está claro), que ha despertado la propia contradicción del PSOE a las pocas hora, el enfado de la CEOE y de la propia Nadia Calviño, ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital.

Esta reforma abarató las indemnizaciones por despido, eliminó la autorización administrativa de la autoridad laboral en despidos colectivos y abrió la mano a la realización de horas extraordinarias en los contratos a tiempo parcial, entre muchas otras cuestiones. Estas medidas poco sociales son las que se intentan derogar, pero hay bastantes piedras en el camino. La casi derogación en 3 actos:

Acto 1: Rectificación del PSOE en cuestión de horas

El Gobierno había alcanzado este miércoles un acuerdo con EH Bildu para derogar la reforma a cambio de la abstención de la formación independentista en la quinta prórroga del estado de alarma, pero se ha echado atrás en un espacio de tiempo mínimo para ello.

Después de que el Gobierno pactara con Ciudadanos y el PNV su voto afirmativo para conseguir la autorización del Congreso, se hizo público que la abstención de EH Bildu es fruto de la firma de un acuerdo para derogar «de manera íntegra» y «antes de la finalización de las medidas extraordinarias por la COVID-19». 

Sin embargo, a última hora de la noche, el PSOE envió una nota de prensa anulando ese punto que hacía mención a la «integridad» de la norma, y quedaba redactado de la siguiente manera: «Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados por la reforma laboral de 2012. Impulsaremos en el marco del diálogo social la protección de las personas trabajadoras y recuperaremos el papel de los convenios colectivos».

Acto 2: El enfado de la CEOE

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, ha anunciado este jueves que suspende la presencia de la patronal en las mesas de diálogo social con el Gobierno tras conocer el acuerdo entre PSOE, Unidas Podemos y EH Bildu para derogar la reforma laboral.

«No dude que el diálogo social está en suspenso ¿Para qué nos vamos a sentar a la mesa si ya está decidido lo que se va a hacer?», indicaba Aramendi en una entrevista en Radio Nacional.

Para Garamendi tras cuarenta años sentándose a la mesa «a dialogar con lealtad», no tiene sentido sentarse ahora «con las cartas marcadas». «Si el menú del día está preparado, que lo lleven», señalaba el líder de la patronal.

En un comunicado remitido por la patronal indicaban que dicho pacto de PSOE y Unidas Podemos con EH Bildu para derogar la reforma laboral a cambio de su apoyo a la última de las prórrogas del estado de alarma supone un “desprecio indignante al diálogo social, al que dinamita”.

Acto 3: Calviño, oveja negra

Sin embargo, de todas las voces en contra, las que más ha tenido que doler en el seno del PSOE ha sido la de Nadia Calviño, vicepresidenta de Asuntos Económicos y Transformación Digital del Gobierno, quien aseguró que cualquier hipotética reforma de la legislación laboral se hará «de forma dialogada y consensuada con los agentes sociales», tal y como se ha hecho con todas las reformas que se han llevado a cabo.

Calviño ha sido tajante cuando ha sido preguntada por la polémica a propósito del anuncio de derogación, luego desmentido, de la reforma laboral. «Sería absurdo y contraproducente abrir un debate de esta naturaleza y generar la mas mínima inseguridad jurídica en este momento». «Los contribuyentes nos pagan para resolver problemas y no para crearlos», ha añadido la vicepresidenta Calviño.

«El Gobierno tiene claro cuál es su prioridad: reactivar la economía y el empleo», señaló.