Dicen que “La Historia se Repite”. Dicen que todo vuelve al punto de comienzo. Dicen que el ser humano es el mismo que tropieza dos veces sobre la misma piedra. A veces incluso tres. También es verdad que todo fluye, pero a veces de forma errática, otras de forma lenta pero segura y decidida, como hace el movimiento ultra-derechista que crece en Europa. Lentamente, pero de forma segura y decidida. 

Para que veáis cuán cierta es la teoría de la repetición de la Historia, basta con echar la mirada atrás. Alemania, años 20. Alemania estaba castigada económicamente por el Tratado de Versalles. Se respiraba inestabilidad por todos los costados, tanto económica como políticamente. Socialmente era la ‘Belle Epoque’, aunque no se tradujo en un aumento de la riqueza en Alemania, como sí pasaba en Francia, Inglaterra y Estados Unidos, los vencedores de la Primera Guerra Mundial, sí se tradujo en todo un esplendor sexual y un nivel de libertad jamás visto en Europa.

Tras la hiperinflación de 1923, la mayor de la historia, vino un breve tiempo de estabilización política y económica, en el que Alemania mostró su mayor esplendor cultural. En 1928, antes de la Crisis del 29, se hicieron elecciones en Alemania. Ya había cierto descontento social, como lo hubo desde el principio de la propia etapa de Entreguerras. En este clima de descontento social, ganó el SPD, el Partido Socialdemócrata Alemán, pero bajó de apoyos, como muchos otros partidos tradicionales. En estas elecciones apareció por primera vez el partido de Adolf Hitler, el NSDAP, pero consiguiendo sólo 12 escaños.

Sin embargo, la crisis de 1929 afectó de lleno a Alemania, que, afectada por las restricciones del Tratado de Versalles de 1919, sufrió de forma más notoria la crisis respecto a otros países de Europa. Esto, y las medidas antisociales del SPD, llevaron a convocar nuevas elecciones en 1930. Mientras el SPD y los partidos de centro y derecha no hacían más que atacar constantemente al KPD (Partido Comunista), éstos toleraban el ascenso violento que tenía el NSDAP, que supo aprovechar el descontento social que provocó la Crisis de 1929. Mientras perseguían a los líderes más radicales del KPD, a los matones de Hitler se los toleraba, ante la creencia de que así frenarían el ‘miedo bolchevique’, propagado por la prensa del momento con las arengas de: “¡que los obreros alemanes dirijan sus miradas hacia Rusia y se consideren advertidos!”, o advertencias como que el comunismo deseaba instalar en Alemania un “régimen asiático de hambre y de terror como en Rusia”.

Con este clima y una remodelada retórica, más suave que la usada en 1928,y combinándolo con la especial oratoria de Adolf Hitler, el NSDAP pasó en las elecciones de 1930 del noveno al segundo puesto, llegando a tener un 18% de los votos, frente al 24% del SPD, que sintió, aliviado, cómo salvó los muebles y mantenía el poder. Lo mismo dijeron los detractores del NSDAP en su momento: Menos mal que no ganaron.

Volvemos a la actualidad. Francia, 2017. Tras un gobierno que ha recortado en derechos sociales, como es el de Nicolás Sarkozy y afectarles más que a otros países desarrollados la Crisis de 2008, pero menos que al sur de Europa, los Franceses decidieron votar al otro gran partido, el PS, en 2012. Es una gran victoria, la mayor desde la de Mitterrand en 1982 y es celebrada por la izquierda Europea, con la esperanza de ser un eficaz contrapeso al neoliberalismo que recorre Europa. Sin embargo, pronto se desvanece la ilusión, aprobando medidas neoliberales nunca vistas en un país que tiene fama de ser garante de amplios derechos para todas las personas.

Mientras tanto, el Front National crece con un discurso antiglobalización muy similar al de la izquierda anticapitalista, pero con tintes xenófobos, racistas y patriotas. Llega a convencer en la mitad este del país, la que más ha sufrido la desindustrialización (Alsacia, Lorena, Reims, la zona fronteriza con Bélgica). Tras quedarse en tercer lugar en 2012, crece hasta convertirse en primera fuerza en las elecciones europeas de 2014, llegando con mucha fuerza a las presidenciales de 2017. Sin embargo, se crea un movimiento surgido de los descontentos liberales de izquierda del PS, liderado por el asesor económico de Hollande, Emmanuel Macron, que convence a las clases medias y altas francesas, mientras el movimiento de izquierdas de Mélenchon es comparado con el sistema de Venezuela constantemente o con el radicalismo. Macron gana las elecciones en segunda vuelta con un 63% frente al Front National, con un 37% de los apoyos. Y aún quedan las legislativas de Junio. Los partidos tradicionales vuelven a repetir: Menos mal que no ganaron.

 

François Hollande pasa a la Historia como el Jefe de Estado más impopular de Francia. Fuente: wikipedia

Me preguntaréis dónde está el paralelismo. Se cumplen varios: época de crisis económica, sistema político desacreditado, partido gobernante en decadencia, descontento popular y un partido de extrema derecha que ha sabido aprovechar el momento, con un liderazgo muy inteligente y excelente oratoria. A esto se añade una persecución a la izquierda más a la izquierda de la socialdemocracia. Creo que los lectores que leen estas líneas son lo suficientemente inteligentes para entender que la Historia se repite. Y es indignante darse cuenta que se está repitiendo lo que llevó al desastre posterior de hace 70/80 años.

Pero como también hay mucha gente que, al no gustarle la Historia, no la lee, no la comprende, no sabe como acabó aquello (y cómo puede acabar si sigue cumpliéndose el paralelismo), vuelvo otra vez a Alemania, 1930.

Con el éxito de la victoria del SPD en las legislativas de 1930, no cambiaron sus políticas poco sociales ni tampoco hicieron frente a lo que se venía. No es que no supieran hacer frente al NSDAP y a los matones que perseguían a los comunistas alemanes mientras seducía (o forzaba violentamente) a unirse a los pequeños partidos de derecha con el NSDAP, es que, directamente, ésto se toleraba, creyendo que así el SPD volverían a ganar elecciones de forma abultada. Se intensifica este escenario, tolerando cada vez más al NSDAP y persiguiendo y hasta encarcelando a los comunistas del KPD, mientras es incapaz de levantar económicamente el país.

Parecía seguir habiendo esperanza en 1932, pues Hitler se presenta a las presidenciales, perdiendo frente al almirante Hindenburg, apoyado por el SPD y todos los partidos tradicionales (exactamente igual que ha pasado este mes entre Macron y Le Pen y hasta con un resultado muy parecido), pero en las legislativas de Julio de 1932 Hitler se convirtió en el ganador de las elecciones. Se necesitaba contar sí o sí con Hitler para formar gobierno.

El resto es conocido: Hitler ganó hasta tres elecciones: a la tercera se cargó el régimen tras alcanzar la mayoría absoluta y transformó Alemania en el III Reich. Como dije, la Historia se repite.

Volviendo a Francia, 2017, se intuye que volverá a pasar lo mismo: seguirá todo igual, se seguirá demonizando a la izquierda mientras el Front National sigue cogiendo más fuerza. Si no se para ya, será demasiado tarde. La izquierda debe dejarse de divisiones y unirse contra el fascismo. Es indignante que volvamos a llevar el mismo camino que hace 80 años, con causas distintas y una crisis igual o peor que la de 1929 pero con efectos muy similares a los de entonces. No repitamos la historia, aún estamos a tiempo de cambiarla.

 

 

 

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