La identidad invisible de las mujeres en el arte

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Claudia

Es evidente que las obras artísticas contienen y ayudan a comprender gran parte de nuestra historia y del contexto sociocultural en el que fueron creadas, por ello el arte siempre ha sido objeto de estudio desde muchos prismas. Recientemente ha surgido una duda que ha puesto en jaque a muchas de las industrias que trabajan en ese campo y es la siguiente: ¿qué papel tienen las mujeres? ¿cuál es nuestra posición en el cine, la música, la pintura o la literatura?

A priori la respuesta parece clara, pues la representación del cuerpo, sensualidad y belleza femenina como reclamo, ha sido una temática indudablemente recurrente a lo largo de la historia del arte. Si bien podemos apreciar un gran número de obras protagonizadas por cuerpos femeninos, la mayoría de éstas son de autoría masculina.

Hace unos años, un grupo de mujeres llamado Guerrilla Girlsm puso sobre la mesa unos datos alarmantes: aunque menos del 4% de los artistas de las secciones dedicadas al arte moderno son mujeres, el 76% de los desnudos son femeninos [1].

Por lo visto, nuestros cuerpos sí pueden entrar en un museo, pero no podemos decir lo mismo de nuestra expresión artística.

De esta forma, es interesante introducir el concepto de la “identidad invisible”. Entendemos que la expresión artística suele ser una manera de un reflejar las inquietudes y motivaciones del autor así como una muestra de su un contexto social. Es decir, el arte, en cierta forma, es un símbolo de identidad. La voz cantante en este mundo la ha tenido prácticamente en su totalidad el género masculino: en algunos momentos a lo largo de la historia, el hecho de ser mujer dificultaba la publicación de cualquier obra, ya que no se le daba voz a las autoras. Se produce entonces el fenómeno anteriormente mencionado: despojamos a las mujeres de personalidad, les quitamos la voz artística y hacemos de su género un objeto de uso y consumo, cosificación y reclamo.

Las denuncias sociales de los colectivos de mujeres artistas como por ejemplo los discursos de Cristina Castaño y Pepa Charro en la gala de los Goya este año o el movimiento de las Guerrilla Girls anteriormente mencionado, no solo han dado luz a este problema, sino que con ellas se espera generar un cambio social facilitando un poco la introducción de las mujeres en este campo.

Esperemos que en las generaciones posteriores se pueda apreciar como un género oprimido a lo largo de los siglos ganó terreno para poder formar una identidad artística y expresar su propia personalidad sin la necesidad de un hombre que les diera voz, voto o pinceladas a su persona.

[1] Estadísticas del Metropolitan Museum of Art, New York City, 2011.

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