La cifra oficial del dinero que la Iglesia española recibe como donativos de parte de los fieles cada año es de 335 millones de euros, un 36% de la financiación de las diócesis, según la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia en España.

La iglesia española solo aportó a Cáritas 21 de los 992 millones sacados del IRPF en los peores años de la crisis

Se trata de un dinero que no recibe control fiscal alguno en virtud de los Acuerdos Iglesia-Estado, a la que hay que sumar otros 193 millones (el 20% de su financiación) por los que tampoco reciben control tributario en concepto de ‘Otros Ingresos Corrientes’, como por ejemplo pagos de expedientes matrimoniales, de bautismos o misas.

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La cifra aportada por la Conferencia Episcopal en concepto de donativos dista de ser la real, ya que no hay datos reales sobre la cantidad de lo que se recoge en todos los cepillos de todos los templos se envía a las diócesis o se consigna en los libros de cuentas de las parroquias.

Pese a que desde la Conferencia Episcopal se está trabajando desde hace años para sistematizar el modelo de recuento de donativos, una cantidad que ni la Iglesia controla, y que se suma a los millones que sí reconoce, pero que tampoco pasan ningún control fiscal.

Dentro del concepto de ‘Otros Ingresos Corrientes’ entran el pago por expedientes de bautismo, matrimonio, misas de difuntos, etc… Esta cantidad que sí está controlada por cada diócesis, que publica sus tasas administrativas.

Las tasas medias de las diócesis, todas sin control fiscal, son las siguientes:

  • Bautismos: 40 euros
  • Matrimonios: 150 euros
  • Misa en fiestas especiales: 70 euros
  • Exequias: 90 euros
  • Funerales de primer aniversario: 30 euros 

Estos precios son llamativos sobre todo cuando el mismo Papa está en contra de esta práctica. Durante una audiencia, en marzo del año pasado, Bergoglio era sumamente crítico con la costumbre de cobrar por las misas de difuntos, en las que se nombra al fallecido y se pide por su alma. «Nadie debe cobrarte por nombrar a tu familiar», aseguraba Francisco. «Nada. ¿Lo habéis entendido? ¡Nada! La misa no se paga. La misa es el sacrificio de Cristo, que es gratuito. La redención es gratuita. Si quieres hacer una oferta, hazla, pero no se paga. Es importante entender esto».

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