Greta Thunberg se ha convertido en fuente de inspiración para niños y adolescentes de todo el mundo.  En agosto de 2018 se convirtió en una destacada figura dentro de las huelgas estudiantiles realizadas en las afueras del Riksdag (Parlamento sueco), generando conciencia hacia el calentamiento global. En noviembre de 2018, habló en TEDx Estocolmo e inició el movimiento Juventud por el clima, y en diciembre de 2018, ofreció un discurso ante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2018 (COP24) y en marzo de 2019, fue nominada para el Premio Nobel de la paz por un grupo de parlamentarios noruegos.


Greta Thunberg simboliza la indignación de los jóvenes que se dan cuenta de que sufrirán las consecuencias del cambio climático en mayor medida que sus padres o sus abuelos. Ellos pagarán cara la inacción de las generaciones anteriores que pudiendo frenar la catástrofe, no lo están haciendo por codicia, miopía, o indiferencia.

Su próximo objetivo es la cumbre climática de la ONU y la conferencia sobre emergencia climática de Chile en diciembre, donde quiere movilizar todos los esfuerzos posibles para que los «líderes del mundo» fijen su mirada en la crisis climática y dejen de ignorarla. «Hay que seguir, sé que puede parecer imposible y desesperanzador a veces (…), solo tenéis que continuar, porque si lo intentáis con la fuerza suficiente, el tiempo suficiente, marcaréis la diferencia y si hay suficiente gente luchando por lo correcto cualquier cosa es posible», indicó Thunberg desde Nueva York, tras su llegada en un velero desde Inglaterra para evitar viajar en avión y lanzar así un mensaje sobre la contaminación de este tipo de transporte.

Un camino difícil

Sin embargo, a pesar de todos los logros, Thunberg está encontrando muchas piedras en el camino. A la activista se le acumulan los detractores entre los negacionistas del cambio climático y los diputados conservadores y ultraderechistas, aquellos que la boicotearon en la Asamblea nacional francesa de julio. Si con esto no fuese suficiente, la prensa empieza a dar lecturas interesadas de la imagen de Thunberg y de lo que representa con la intención de desprestigiar su movimiento. El periódico The Times, asegura que su éxito ha sido impulsado y promovido por grandes lobbies y empresas energéticas verdes y señala que su activismo estaría favoreciendo a grupos poderosos que la podrían estar utilizando para sus propios beneficios.

«El fenómeno Greta también ha involucrado a lobistas verdes, relaciones públicas, eco-académicos y un grupo de expertos fundado por una rica ex ministra socialdemócrata de Suecia con vínculos con las compañías de energía del país. Estas compañías se están preparando para la mayor bonanza de contratos gubernamentales de la historia: la ecologización de las economías occidentales. Greta, lo sepan o no ella y sus padres, es la cara de su estrategia política», ha escrito el diario.

Ejemplo de artículos contrarios a la imagen de Tunberg

Según el medio británico, cuando Greta Thunberg llevó a cabo su famosa huelga escolar junto al parlamento sueco, el 20 de agosto de 2018, pasaba por la calle el fundador de la plataforma We Don’t Have Time, Ingmar Rentzhog. Minutos más tarde, subía a su página de Facebook una imagen de la joven y el rostro de la activista y su mensaje comenzó a copar los principales tabloides del mundo. En un primer momento, Rentzhog comentó que vio a Greta «por casualidad», aunque finalmente admitió que había conocido a la joven activista una semana antes y que fue él mismo fue quien la animó a manifestarse.

¿Y qué que haya grandes empresarios con intereses económicos detrás del movimiento?

¿Qué más da si Greta está financiada por grandes empresarios con intereses económicos detrás, si la lucha del cambio climático no es una lucha individual? Greta Thunberg es la representación perceptible de una idea, con rasgos asociados por una convención socialmente aceptada. No es más que un símbolo, un signo sin semejanza ni contigüidad, que solamente posee un vínculo convencional entre su significante y su denotado, además de una clase intencional para su designado.

Los medios de masas piden que el ecologismo solo sea amable y poco agresivo y desprestigiarán a las personas que se muevan y creen acción para luchar contra el cambio climático, sabiendo es imposible ser puro. Lo que los medios quiere decirnos es que un movimiento ecologista no puede tener inversores ni estrategia, y mucho menos intereses: una niña que quiere salvar la tierra no puede tener vínculos con un empresario que quiere hacer fortuna a base de alternativas a los combustibles fósiles. Nos dicen que debe ir sola y ser humilde y sobre todo, pura, que una líder ecologista como ella debería ganarse la influencia con dos trenzas y un cartel.

Thunberg no tiene que ser la abanderada del cambio, ni tiene que ser la que dé soluciones. Ella solo sirve para concienciar a la humanidad, como muchas otras personas: científicos, celebridades, políticos, etc., pero es la gente común la que tiene que pedir responsabilidades y señalar a los verdaderos culpables.

Desde que a finales del siglo XVII el ser humano empezó a utilizar combustibles fósiles que la Tierra había acumulado en el subsuelo durante su historia geológica, la quema de petróleo, carbón y gas natural ha causado un aumento del CO2 en la atmósfera que últimamente es de 1,4 ppm al año y produce el consiguiente aumento de la temperatura. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad como humanidad en su conjunto luchar contra el cambio climático que nosotros mismos hemos causado con nuestras acciones. Greta ha puesto en marcha a mucha gente, pero ahora tenemos que señalar a los verdaderos culpables y dar soluciones reales sin dejarnos llevar por grandes intereses económicos.

 

¿Y quienes son los verdaderos culpables?

El calentamiento del planeta entiende de clases y los más ricos son el grupo social menos perjudicado por los efectos de la contaminación y el cambio climático.

Según la revista Nature, científicos especializados en cambio climático como Kevin Anderson o grandes economistas como Thomas Piketty, los más pudientes desconectan de las realidades del cambio climático y de los extremos climáticos, y en son los menos afectados por los desastres naturales, contra los cuales pueden protegerse eficazmente. Su movilidad les da opciones para evitar situaciones ambientales peligrosas y tienen mayor capacidad económica y mejor acceso a los sistemas de recuperación. Esto quizás explica por qué los más ricos han sido ignorados en gran medida en la investigación sobre el cambio climático, que en cambio se centra con frecuencia en los pobres.

Los pobres no podrán huir de los efectos del cambió climático, algo que las Naciones Unidas define como un ‘apartheid climático’. 140 millones de personas en países en vías de desarrollo perderán sus hogares en 2050 y conformarán lo que ya se conoce como ‘refugiados climáticos’. El tercer mundo pagará el 75% del coste del cambio climático cuando solo son responsables del 10% de las emisiones de dióxido de carbono.

El cálculo de las emisiones del 0,54% de la población más rica del mundo, según las estimaciones de la Revista Nature, da como resultado emisiones acumuladas equivalentes a 3.900 millones de CO2 al año. Esto equivale al 13,6% del total de las emisiones de carbono relacionadas con el estilo de vida

En comparación con estos datos, el 50% más pobre del mundo es responsable de alrededor del 10% de las emisiones. Además, las opciones de consumo de los más ricos podrían apoyar la penetración en el mercado de nuevas tecnologías que todavía no son asequibles para las clases medias.

 

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