Cynthia Duque Ordoñez

La violencia sexual sigue siendo una lacra social que nos estremece. Algunos podrán decir que son casos aislados  ¿cerca de 80 feminicidios, una violación casi cada seis horas, son casos aislados? La violencia tiene múltiples caras, pero solo tiene un sector de la población que es su sujeto pasivo, que es su víctima: ese segmento de la población son las mujeres y las niñas. Por ese motivo es tan importante legislar y juzgar con perspectiva de género como a continuación explicaré.

Ilustración de Javier F. Ferrero

¿Qué es la perspectiva de género y por qué es tan importante?

El enfoque “perspectiva de género” nos remite a aquel enfoque sensible al valor de las diferencias entre hombre y mujeres, así como a sus consecuencias sobre el goce de los derechos fundamentales por parte de estas últimas (artículo 15.2 de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la Mujer, aprobada el 18 de diciembre de 1979 por la Asamblea General de las Naciones Unidas).

La desigualdad por razón de sexo es un hecho generalizado en la sociedad y globalizado en el mundo, de esta discriminación se origina la violencia, cuyos resultados lesivos, degradantes o incluso la muerte suponen una generalización y globalización de la violencia ejercida sobre las mujeres desde que nacen hasta su muerte. En la actualidad se reconoce la igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación por razón de sexo o cualquier otra condición personal o social; sin embargo, la igualdad jurídica o formal no se materializa en la vida cotidiana. Por ejemplo todavía genera debate social el despido de una mujer por el hecho de quedarse embarazada al tiempo que desde algunos sectores del espectro político se propugna una reducción de la libertad de abortar de la mujer a supuestos concretos.

La manera de que las mujeres se sientan verdaderamente iguales y las traten así es procurando remover aquellos obstáculos que impidan o dificulten el disfrute de la plenitud de la igualdad real y efectiva (artículo 9.2 CE).

“Contamos con dos herramientas básicas para lograr una sociedad igualitaria: la educación como factor de crecimiento clave de una sociedad y la justicia como factor de protección.” Dos caminos complementarios y necesarios para una única meta: vivir en sociedad en la que no importe en tu desarrollo o progreso social el sexo con el que hayas nacido, sino tus méritos y capacidad. Por consiguiente, es ineludible nuestra responsabilidad con la utilización de la perspectiva de género en educación y justicia para remover aquellos obstáculos que nos impiden ser iguales a los hombres y a las mujeres.

Espero poder llegar a ver el día en el que esto pase, mientras tanto seré feliz sabiendo que he empujado la rueda de la historia para que ese día llegue.

¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Sin entrar a valorar la idoneidad o no de la propiedad privada, una vez ésta se instaura abarca a la “prole”, a aquellos hijos o descendientes de uno que el día de mañana heredaran tus posesiones entre predios y bienes muebles y por ende a la hembra humana que los gesta y pare. Con la finalidad de controlar la consanguinidad en la línea de sucesión el hombre limita la sexualidad de la mujer, es decir, es la capacidad potencial de gestante de la mujer lo que sirve al patriarcado para discriminarla. Más tarde se extenderá y consolidará el sistema social durante siglos y milenios a través de la socialización, una socialización machista. Ninguna manifestación humana está exenta de la influencia patriarcal.

Desde el punto de vista histórico las diferencias entre sexos y las diferencias legales están estrechamente unidas. Basta con preguntarnos por qué la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” de 1789 no utilizó un lenguaje inclusivo. Que sencilla y llanamente fue por su propia literalidad y voluntad de excluir a las mujeres de aquellos derechos nacidos de la Revolución francesa. Así lo entendió Olympia de Gouges -literalmente revolucionaria – a la que no se estudia en las Facultades de Derecho aunque fue la visionaria de la igualdad jurídica real entre hombres y mujeres y así lo plasmó en su obra “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” en 1791.

El Derecho tiene sexo y género.

“El Derecho, como todos los vestigios del conocimiento humano (arte, ciencia, medicina, Historia, etc.) se ha conformado mayoritaria e incluso exclusivamente por hombres durante siglos. La inclusión de las mujeres en los ámbitos de conocimiento ha sido como objeto mismo de conocimiento, normalmente para dar cuenta de su condición de inferioridad y siempre teniendo como modelo de lo humano al hombre y a lo masculino.”

Por ejemplo, en la época de nuestras abuelas y hasta los años 60 una mujer no podía contratar por sí misma, ya que para el derecho era un ser inferior. Y cuando una mujer se revelaba contra el destino que los hombre le tenían deparado era tachada de “masculina”, al tiempo que se la ridiculizaba cuando no era guillotinada como Olympia de Gouges, asesinada por tener la osadía de poner en entre dicho la dominación masculina y hegemonía patriarcal imperante en su época.

“Las mujeres durante siglos han quedado privadas tanto del proceso de creación de la norma, como de su aplicación e interpretación. Si las mujeres estaban excluidas de la vida política, tampoco podían participar en el poder legislativo lo que se traducía en que los intereses y los derechos de las mujeres eran sistemáticamente ignorados en las políticas públicas y en las normas.” Y ahora que formamos parte del sistema después de que tantas mujeres fueran asesinadas para que pudiéramos hoy ser juristas nos encontramos con unas normas y algunos intérpretes de las mismas que son el resultado de esa socialización de los roles de género arcaicos y que siguen minusvalorando a la mujer cuando no tiene en cuenta los patrones de conducta misóginos que son exigidos a la mujer y que determina su forma de relacionarse en sociedad.

Por ejemplo, cuando se exige para constatar la existencia de violencia e intimidación en una violación que la víctima ponga en riesgo su vida, que luche con uñas y dientes, se está obviando por un lado el miedo paralizante que produce la intimidación y por otro lado, que el mal lo comete el agresor y que a la víctima no se le debe exigir ningún comportamiento añadido. ¿O acaso absolveríamos de robo al autor que se apropie de un collar excesivamente caro dando un tirón de el mismo porque lucir tal collar suponga una ostentación tal que llame poderosamente la atención del ladrón que no pueda resistir el impulso de robarlo? ¿Sería una estupidez verdad? Pues a las mujeres si nos violan se nos juzga a nosotras y no al agresor, se nos juzga la ropa que llevábamos, se nos juzga si gritamos más o menos fuerte, se nos juzga por la ropa interior que llevamos, por lo que bebemos, se juzga a la víctima, ¿pero y el verdugo? El verdugo para el sistema es ese hombre bueno que no ha sabido controlarse porque le provocamos, ese hombre que ha tenido un lapsus, ese hombre que no ha comprendido que si una chica se encoge y llora es porque no quiere que la toquen, que la penetren.

El derecho ha sido y es, aunque cada vez menos, masculino (la ley ve y trata a las mujeres como los hombres ven y tratan a las mujeres), el derecho ha tenido y tiene sexo (no tiene en cuenta las experiencias y necesidades de las mujeres y un ejemplo claro lo constituye la manera en que se han construido los tipos penales relativos a los delitos sexuales); y finalmente el derecho tiene género, (las relaciones de poder, que son la causa de la desigualdad de las mujeres, se reflejan en la norma jurídica; el patriarcado se refleja en la norma jurídica) de modo que ineludiblemente si queremos revertir la desigualdad entre hombres y mujeres el Legislador debe optar por introducir la perspectiva de género en cada norma, sobre todo en aquellas que incidan en mayor medida sobre las mujeres y las niñas como es este caso.

Somos mayoría de mujeres en las aulas de Derecho, mayoría de mujeres en la judicatura y Fiscalía, sin embargo, en aquellos cargos de libre designación en los que no se valoran méritos ni capacidad nos diluimos hasta casi desaparecer. Este hecho no es casualidad. Nos han permitido entrar al hall, pero han tapiado la escalera. Se llama techo de cristal y ahí importa poco tu poder adquisitivo.

Los nuevos retos para las juristas

Todo no está perdido. Esta misma semana conocíamos que la Audiencia Nacional había anulado los estatutos de OTRAS, el “sindicato” de los proxenetas, una conducta tipificada por nuestro Código Penal. El objeto de este “sindicato” era la de organizar a las mujeres explotadas sexualmente por un tercero y se lucra con ello. Ese tercero es el proxeneta y el proxenetismo, como el tráfico de drogas, armas y órganos no es una actividad empresarial sino un delito.

“Hemos de concluir con las partes que no resulta posible con arreglo a nuestro derecho la celebración de un contrato de trabajo cuyo objeto sea la prostitución por cuenta ajena, esto es, un contrato en virtud del cual el trabajador asuma la obligación de mantener relaciones sexuales que le indique el empresario, con las personas que éste determine a cambio de una remuneración, y el contrato que así se celebre debe reputarse nulo” falla la Audiencia.

Aunque nos queda un largo camino que recorrer si queremos que las próximas generaciones disfruten plenamente de la igualdad porque todavía hay magistrados para los que si no te ha apuñalado, porque te has defendido, no te ha intentado matar; o para los que sollozar mientras repites una y otra vez “no, para” mientras te penetran vaginalmente no es una violación; así como, abogados cuya defensa es la injuria a la víctima hasta quebrarla en el juicio oral.

Por último, en especial me asquea la falsa moral de quienes dicen comprar bebés por “amor”, mientras sin reparos contratan a una agencia que captará a una joven en un país en guerra, decidirá sobre su cuerpo limitando sus derechos y libertades irrenunciables – por ejemplo provocándole abortos si el feto no tiene las características sexuales y físicas de los compradores o prohibiéndole mantener relaciones sexuales, ni si quiere puede negarse a ser embarazada una y otra vez según la predisposición de los compradores hasta que el feto se agarre al útero – , en resumidas cuentas: alquilando a una mujer, a la que con el fin de cosificar, como si de una incubadora se tratase, llaman “gestante” para explotarla sexualmente sin reparos a su salud mental con el objetivo último de hacer suyo el fruto de las entrañas de la mujer. Curioso como algunos, en su mayoría hombres, aman. Y por encima de todo aman solo si es “de su sangre” o eso creen, no olvidemos que en Ucrania hay procesos judiciales abiertos por explotación sexual, tráfico de niños, órganos y estafa ya que no son “tan suyos” como creen ni se respetan los derechos humanos como dicen hacer.

Todavía más curioso si tenemos en cuenta que la venta de órganos y el tráfico de niños es delito.

Una forma más de violencia sexual contra las mujeres amparadas por esa sociedad machista que exige a toda mujer ser madre aunque para ello tenga que denigrar a una mujer vulnerable y pobre para arrebatarle al fruto de sus entrañas. Una sociedad en la que Poder Judicial y Legislativo tendrían mucho que decir, por ejemplo redactando y haciendo ejecutar una Ley contra la esclavitud moderna como existe en Gran Bretaña. Esta ley no sólo protegería a las mujeres más vulnerables explotadas sexual o laboralmente, sino que también protegería a los menores pues hoy no existen controles y cualquiera puede comprar un niño aunque sea un pederasta (como es el caso del pediatra español Cristian Carretero detenido por abuso de menores.

 

En definitiva, la violencia tiene múltiples formas de ejercerse contra las mujeres, sobre todo contra aquellas económicamente más vulnerables, y no todas las formas de violencia dejan secuelas físicas visibles.

La lucha por la igualdad, es la lucha de la ética contra los hombres ostentan privilegios por nacer varones. Es la guerra por la dignidad arrebatada hace milenios.

Nuestras armas son nuestro número, somos el segmento de población discriminado más mayoritario del mundo y organizadas paralizamos la economía y la sociedad mundial; la sororidad; y una cada vez mayor conciencia de que la igualdad efectiva todavía está por conquistar.

Tan solo mediante la aplicación de la perspectiva de género lograremos conquistar la igualdad efectiva y real, pues la perspectiva de género pretende la deconstrucción de lo jurídico para la plena realización del principio de igualdad y no discriminación. Permite constatar con argumentos jurídicos que de manera sistemática se ha construido la norma jurídica y su hermenéutica en torno a lo masculino singular, olvidando las singularidades de las personas, especialmente las de las mujeres, y pretende ser la herramienta de interpretación necesaria para enfocar los conceptos de discriminación y violencia, mostrándonos que son un fenómeno estructural y sistemático y no algo anecdótico entre sujetos socialmente aislados.

Las mujeres como sujeto político del feminismo, pese a quien le pese, y especialmente las juristas del siglo XXI, tenemos el desafío de abanderar la superación de los prejuicios y estereotipos culturales predominantes para transformar la realidad y la vida de las personas con nuestro trabajo -en términos de igualdad- en avances poderosos en materia de Derechos Humanos y dejar de perpetuar los estereotipos y roles discriminatorios universales que tan solo consolidan los privilegios de unos sobre la opresión de otras.

 

Inspirado en el texto de Mujeres Juezas,  titulado “Juzgar con perspectiva de género. Por qué y para qué” de Lucía Avilés.

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