Javier F. Ferrero

Burlas, acoso laboral, vejaciones, exceso de tareas, peores condiciones laborales, impedir su promoción profesional, reconocer una categoría laboral más baja que la que realmente le corresponde son alguno de los actos de LGTBIfobia en el empleo. Declararse abiertamente gay puede conllevar represalias e incluso la pérdida del puesto de trabajo, por lo que muchas personas LGTBI optan por ocultar su opción sexual e identidad de género.

 

La intimidación a las personas LGTBI y la LGTBIfobia continúan presentes en la vida laboral. Actitudes basadas en una ideología y una educación donde no tiene cabida orientaciones e identidades distintas a la “heteronorma”, que coartan la libertad y la integración de estas personas y las condena a la exclusión en distintos ámbitos.

En los últimos años se ha conseguido avanzar en la igualdad de trato y jurídica, con medidas como el reconocimiento del derecho al matrimonio a las parejas del mismo sexo y la reforma, hace 11 años, de la ley de rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, aún no se ha normalizado, social ni laboralmente. Aún queda mucho trabajo por delante para lograr la igualdad de trato y no discriminación de las trabajadoras y trabajadores por razón de la orientación sexual, expresión y/o identidad de género en los centros de trabajo.

Se sigue estigmatizando a las personas LGTBI, restringiendo la libertad de expresión, reunión y asociación y vulnerando el derecho al respeto de la privacidad y de la familia, incluso el derecho a la educación, al trabajo y a la salud; agravándose estas situaciones en el caso de las mujeres lesbianas, bisexuales y transexuales.

Para las personas trans, su condición supone un hándicap más, aunque se ha dado un paso adelante en el respeto al lograr que la Organización Mundial de la Salud haya excluido de su Clasificación Internacional de Enfermedades a la transexualidad como una enfermedad mental. Este hecho va a ayudar a evitar intentos de tratar la transexualidad para “curarla”, lo que no deja de ser un maltrato, una forma de violencia y una causa de discriminación.

Necesitamos luchar por la igualdad de trato y la no discriminación por motivo de la orientación sexual en el ámbito laboral. Son necesarias medidas legales y económicas que plasmen esa realidad como concepción progresista de la sociedad. Es pertinente la aprobación de una Ley Integral para la Igualdad de Trato y de Oportunidades y la no discriminación, para todas las personas con independencia de sus circunstancias personales y/o sociales y que garantice la igualdad en los ámbitos tanto público como privado.

Apostemos por la igualdad de todas las personas.

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