Sergio Vieira 

Parece que, cuando sirven a determinados estados aliados o los intereses de los más poderosos de occidente, los asesinos de la historia disfrutan de impunidad. El Vaticano, la Argentina de Peron, los EEUU han acogido y protegido además a muchos criminales nazis tras la Segunda Guerra Mundial. Es cierto que el Vaticano de Pio XII exigía como requisito que se declarasen católicos romanos.

¿Que pasa hoy día? Se ha creado una Corte penal Internacional (CPI) y otros tribunales ad hoc, y, al mismo tiempo, algunos estados se han declarado competentes para juzgar todos los crímenes contra la humanidad los cuales, según la definición, no prescriben nunca. ¿Es eso cierto? Aparte de algunos yugoslavos, ¿se ha arrestado, juzgado y condenado a europeos, o más exactamente blancos?

El mismo Pinochet se libró de ser encarcelado. Arrestado en Londres en 1998 a petición del juez español Baltasar Garzón, fue devuelto a Chile por el primer ministro John Major. Sin duda para agradecerle haber apoyado al Reino Unido durante el conflicto de las Malvinas. Declarado “mentalmente incapaz” de aguantar su juicio, murió en libertad.

Las policías y ejércitos del régimen colonialista portugués, el de Salisbury y Pretoria, han cometido innumerables crímenes de guerra en Mozambique, Angola, Namibia y en su propio país.

IMPUNIDAD PARA LOS ASESINOS AL SERVICIO DE OCCIDENTE: Casimiro Monteiro, agente de la policía secreta de la dictadura de Salazar y uno de los mayores asesinos del régimen. Pese a asesinar a varios líderes anticoloniales, falleció en 1993 sin ser juzgado.

Cinco grandes masacres han sido perpetradas por las fuerzas de Rodesia en Mozambique: Mukumbura, Inhazónia, Chimoio, Tembué y Mapai. Los colonialistas portugueses han sido responsables en múltiples ocasiones de grandes matanzas en ese país. Tan sólo se hizo pública la masacre de Wiryamu, gracias a que el padre Hastings la reveló en el Times de Londres. El régimen del Apartheid, directamente o a través de los hombres de la Renamo, rebelión que Pretoria entrenó y armó, cometió multitud de masacres en el centro y sur de Mozambique.

Dos presidentes mozambiqueños han sido asesinados. El 3 de febrero de 1969, Eduardi Mondlane, presidente de Frelimo, fue asesinado por una bomba camuflada en un libro, preparada por Casimiro Monteiro, agente de la policía política portuguesa que… anteriormente había asesinado al general y lider antifascista Humberto Delgado y a su secretaria brasileña, Arajaryr Campos. Tras la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 en Portugal, Casimiro Monteiro se fugó a Francia, donde los “servicios” (secretos) le acogieron bien, y quizás agradecieron sus servicios prestados. Los agentes de la policía política portuguesa han sido culpables de innumerables torturas y asesinatos, pero ni uno solo de ellos ha sido juzgado y condenado.

Ni un solo militar o dirigente portugués ha sido juzgado por las masacres perpetradas durante las guerras coloniales. Tras la firma del acuerdo de paz entre Mozambique y Portugal, tenía que tener lugar un intercambio de prisioneros de guerra. Pero, en un summum del odio, la parte portuguesa declaró no tener ningún prisionero… porque habían sido entregados a la policía política, que los había asesinado a todos. Los militares portugueses capturados por los combatientes independentistas, en cambio, han sido entregados bien vivos a la Cruz Roja…

El primer ministro de Mozambique, Samora Machel, fue asesinado el 19 de octubre de 1986 en un accidente de aviación. Aparatos electrónicos provocaron interferencias en los sistemas de navegación, y su avión acabó estrellándose en los montes Libombos, en Africa del sur, a pocos cientos de metros del pueblo de Mbuzini, y no en territorio mozambiqueño. El piloto, en efecto, tras la última explosión pudo recuperar la altitud del avión cuando estaban aún sobre territorio mozambiqueño. Han sido antiguos militares del régimen, dando su testimonio ante la Comisión de la verdad y la reconciliación, los que han revelado el asunto de los aparatos electrónicos. Transportados en Land Rover, estos materiales habían sido entregados al régimen del apartheid por Tel Aviv a cambio de la realización de ensayos nucleares israelíes en territorio sudafricano. Israel también enseñó  al régimen sudafricano a fabricar sn su territorio armas atómicas, bacteriológicas y químicas.

TODO VALE CONTRA YUGOSLAVIA

La hipocresía del “intervencionismo humanitario” occidental se muestra en todo su esplendor en el caso del llamado “Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia”. Aunque fue creado para castigar a los responsales del odio etnicista que arrasó la antigua Yugoslavia, en la práctica su labor ha consistido en encarcelar a los líderes del bando que quería conservar una Yugoslavia unida. El Tribunal se ha dedicado a perseguir y condenar a serbios, defensores de una Yugoslavia unida para evitar convertirse en minorías en caso de su desintegración. Al mismo tiempo, el tribunal se ha declarado incapaz de condenar a los líderes de Kosovo y Croacia por sus políticas etnicistas y sus brutales limpiezas étnicas.  La reciente absolución de Seselj, lider serbio nazi y antiyugoslavo que practicó la limpieza étnica desde el principio del conflicto, es un ejemplo más del apoyo del imperialismo occidental al nacionalismo y al etnicismo, siguiendo la lógica del “divide y vencerás“.

Ni un solo torturador, asesino o criminal de guerra de Africa del sur ha sido acusado, juzgado y condenado por la jurisdicción internacional -las cuales tampoco han emitido nunca una orden de arresto contra ellos. ¿Es quizás la garantía de protección acordada por las potencias occidentales a aquellos que los han servido durante la Guerra Fría? ¿O un “permiso para matar” inocentes? ¿O se trata de simples “daños colaterales”?

Durante el encuentro de la Unión Africana el pasado junio en Africa del sur, el CPI ha pedido a Pretoria que arrestase al presidente sudanés Omar al-Bachir, contra quien se han emitido dos ordenes de arresto internacionales por crímenes de guerra, contra la humanidad y genocidio. Pero Africa del sur le ha dejado marchar, respetando la inmunidad que le garantizaba el participar en un encuentro de la Unión Africana. Si ni siquiera se puede detener a un miembro del personal de una embajada, ¿cómo se vá a permitir la detención de un jefe de estado que es huésped de un encuentro internacional en tu territorio? Italia tampoco arrestó a Al-Bachir cuando visitó el Vaticano.

¿De nuevo dos pesos y dos medidas?


Este artículo ha sido publicado en el número 4 de la revista Prisma, que puede descargarse gratuitamente aquí.

 


Por Sergio Vieira (Miembro fundador del Frelimo (Frente de Liberación de Mozambique) y varias veces ministro de Mozambique. Noticiasayr

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