Al margen de cualquier juicio moral sobre la ideología de Vox, y haciendo un análisis meramente filosófico, es evidente que los tres pilares sobre los que se asienta su discurso; España, Mercado y Cristianismo, son contradictorios, salvo que a uno de ellos se le dé prioridad.

Vox no se ha atrevido nunca a establecer este orden de prioridad. Por eso añoran el siglo XVI, cuando no era necesario poner en orden estas palabras porque las tres ideas iban en aquel momento en la misma dirección. En aquellos tiempos España pretendía ser un imperio global que llevara al Cristianismo y al Mercado hasta los últimos rincones del planeta.

España, Mercado y Cristianismo eran “tres señores” aliados en la “conquista” o “conversión” del mundo. Pero no nos engañemos, tan pronto estuviera el mundo entero conquistado, los tres señores se pelearían entre ellos, ya que los tres quieren estar en primer lugar.

El problema es que ningún siervo puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro. No es culpa del siervo, sino de los señores que le acaban pidiendo cosas contradictorias y obligan al siervo a elegir. Y si no se puede servir a dos, mucho menos a tres.

500 años más tarde vemos que el Señor Mercado está cerca de conquistar el mundo entero, que el Señor Cristianismo va por la mitad y que el Señor España ha pasado de ser un imperio donde no se ponía el sol a ser un pequeño país donde hace mucho sol.

Es este desigual avance de los tres señores lo que hace que el proyecto ideológico de Vox no sea factible, ya que el Señor Mercado es hoy soberano, el Señor Cristianismo no lo es, pero pretende serlo y el Señor España no es ya un Señor, sino un pequeño siervo en el escenario mundial. Vox pretende llevar un carro con tres caballos de tamaños muy diferente y donde cada uno tira por un lado.

El Mercado quiere un mundo globalizado, homogéneo y con pocos impuestos al capital. De hecho, a los grandes empresarios no le interesan en absoluto las fronteras ni las divisiones nacionalistas y mucho menos los discursos cristianos que puedan juzgar moralmente su riqueza o lo que hacen con ella. Hoy muchos empresarios están abandonando Vox porque oyen demasiado la palabra España, la cual amenaza sus intereses, o porque el discurso cristiano les parece rancio y trasnochado.

El Cristianismo exige poner al mercado en su sitio. Cristo solo usó el látigo una vez y fue con este propósito. El cristianismo es terriblemente exigente desde un punto de vista moral. En la visión cristiana el dinero no está para ser acumulado sino para servir a los demás. Y esta visión, cuando se lleva a la política, conduce a una serie de regulaciones que a los empresarios no les suele gustar.

Tampoco el nacionalismo adquiere una posición de privilegio en un mundo cristiano. Las primeras palabras públicas de Jesús fueron “muchos leprosos judíos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio”. La reacción de los judíos a esas palabras fue intentar despeñarle. Si eso dijo Jesús a los nacionalistas judíos, siendo Él judío, no quiero imaginar lo que diría a los nacionalistas españoles. El problema del cristianismo es que lejos de empezar por servir a los nacionales parece empeñarse en comenzar por servir a los extranjeros, y eso choca frontalmente con la idea nacionalista de “los españoles primero”.

Hoy muchos cristianos están abandonando VOX porque echan de menos el verdadero cristianismo humanista y porque saben que uno no puede servir a Dios y al dinero.

Finalmente, la idea de España puede verse de dos maneras. Se puede aspirar a la romántica idea de un imperio universal, alguno hay que pretende esto, o contentarse con su actual tamaño y aspirar a una imposible soberanía. Esta segunda versión de España tiene el problema de que el Mercado es más poderoso y es ya casi universal, así que o bien España se pliega al Mercado o el Mercado lo aplasta.

Naturalmente algunos votantes de VOX no ven nada malo en que España sea un siervo del Señor Mercado, pero esto es porque, o bien son grandes empresarios con grandes inversiones globales que saldrían ganando al ver al Señor Mercado triunfar sobre España, o son trabajadores que no han pensado bien hasta dónde puede llegar el Mercado con su soberanía mundial. Piensan que sus vacaciones, sus pagas extras, su salario mínimo, la cotización a la seguridad social de la empresa, sus indemnizaciones por despido y su máximo de 40 horas laborales a la semana están garantizadas. Pero la realidad es que todo esto va a desaparecer. El dinero solo invertirá allá donde haya menos de todo esto. Hoy todos los países están, sin darse cuenta, en una carrera por ser los primeros en destruir la regulación laboral para atraer la mayor porción de las inversiones mundiales.

Hoy muchos trabajadores nacionalistas españoles están abandonando Vox porque la visión de una España plegada al Mercado les aterra y piensan que pueden perder todos los derechos laborales conseguidos desde la época franquista. En aquella época los gobiernos de los países, fueran demócratas o dictadores, eran realmente soberanos y podían gobernar sin ser siervos de un mercado mundial que impone sus reglas. Entonces solo se contaba con la inversión nacional y España podía atreverse a establecer regulaciones laborales sin perder la inversión. Hoy ya no es así. Hoy un país que no disminuya progresivamente la regulación laboral es un país que dejará de atraer las inversiones internacionales y que irremediablemente se empobrecerá.

La solución no es otra que acuerdos internacionales que regulen al mercado y que establezcan un mínimo de impuesto de sociedades y de regulación laboral en todos los países del mundo. De esta manera el mercado se pone al servicio de los países y los países se ponen al servicio de la Humanidad. Esta es la visión política que a mi juicio está más cerca del Reino de Dios que los cristianos están llamados a construir. Por lo tanto, si se trata de priorizar los tres pilares de Vox, el orden para los cristianos creo que debe ser: Reino de Dios, España, Mercado, por ese orden, visión que está en perfecta sintonía con una visión más inclusiva: Derechos Humanos, España, Mercado.

Jorge Serrano Paradinas

Afiliado del partido Por Un Mundo Más Justo

Fuente: Por Un Mundo Más Justo