Isabel Fernández Navarro, secretaria de Mujeres e Igualdad de la Federación Estatal de CCOO de Industria

(El siguiente artículo fue escrito durante el confinamiento, el 29 de abril de 2020.

Durante estos días tan duros que nos toca vivir debido al Covid-19, nos damos cuenta de las cosas buenas y malas que tenemos como sociedad. Yo quiero hablar de las buenas. Quiero hablar de la solidaridad de los hombres y de las mujeres que formamos parte de esta Federación de Industria de CCOO, que han estado al pie del cañón y que se han transformado para ser útiles en esta pandemia.

Traigo aquí seis ejemplos de esta entrega y solidaridad. Empiezo con lo que hicieron las mujeres del calzado de Alicante, las conocidas en el sector como aparadoras. Se pusieron de inmediato a coser mascarillas quirúrgicas desde sus casas. A continuación, en todas las fábricas del calzado de Arnedo (La Rioja), una parte de las plantillas empezó a fabricar batas lavables para abastecer a los hospitales. Mientras esto ocurría, en el sector de la perfumería y de la cosmética comenzaron a elaborar los geles hidroalcohólicos que tanto escaseaban.

Las personas trabajadoras de la industria del auto también emprendieron la transformación. Tanto fabricantes como componentes decidieron elaborar mascarillas y protectores faciales para el personal sanitario. Incluso en una empresa del sector, las plantillas aplicaron toda su capacidad e inteligencia para desarrollar, en un tiempo récord de dos semanas, respiradores para las UCIS.

Además, el conjunto de la industria de la confección se volcó para atender las necesidades del sector sanitario. Son muchas las instalaciones donde, desde hace unas semanas, solo se fabrican batas y mascarillas.

Con la excepción de lo que ha ocurrido en la industria del automóvil, la mayoría de estos trabajos han sido realizados por mujeres, mujeres que tienen condiciones laborales y económicas peores que las de otros sectores. Me gustaría que esto no se olvidara cuando toque negociar sus convenios colectivos y sus incrementos salariales.

Me siento muy orgullosa de los cientos de mujeres que forman, que formamos y que formarán parte de esta Federación de Industria de CCOO. Con su esfuerzo, demuestran a la sociedad que su trabajo es tan valioso como imprescindible. Espero y deseo que cuando esta pandemia acabe, lo sigamos recordando.

Cuando todos los días salgo al balcón para aplaudir, también aplaudo a todas esas mujeres que están en mi federación y les doy las gracias por estar ahí. Mi padre siempre me decía: “Hija, se equivoca el que hace, no el que no hace”.

Además, durante estas semanas hay sectores y personas trabajadoras que no han parado su actividad, por ser estratégicos e importantes. Me refiero a la industria agroalimentaria, donde trabaja cerca de medio millón de personas; al campo y a las empresas farmacéuticas, de mantenimiento y energéticas.

En definitiva, si algo ha demostrado esta pandemia, es que es imprescindible contar con una industria fuerte que pueda acometer con rapidez necesidades puntuales y habituales. Evitaríamos así la dependencia del Estado de la producción industrial de otros países.

Os recuerdo que CCOO denuncia esta situación desde la reconversión industrial que tuvo lugar en la década de los noventa. Desgraciadamente, hoy el desarrollo de la pandemia, y nuestra situación como país, nos vuelve a dar la razón. ¿Reaccionarán los gobiernos cuando planteen sus políticas de desarrollo económico?

Nosotras no vamos a parar de insistir en que un país que basa gran parte de su economía en la industria, está en mejores condiciones de superar una crisis y de avanzar.

Por eso, espero y deseo que cuando nos toque depositar el voto en las urnas, nos acordemos de quienes han estado a nuestro lado, trabajando para sacar adelante, no a este país, sino a las personas. Será el momento de recordar también a quienes no han parado de poner zancadillas, porque ven que está en juego la configuración de la sociedad individual y neoliberal que defienden y que se ha demostrado que no sirve.