Javier F. Ferrero

El aumento de la inflación global afectará particularmente a las economías emergentes y en desarrollo este año, según los pronósticos actuales, lo que se sumará a la convergencia de crisis que nos amenaza a todos.

Dirigiéndose al Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, Nada Al-Nashif citó el pronóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que las economías avanzadas deberían prepararse para una tasa de inflación promedio del 6,6 % en 2022, muy por debajo de las estimaciones de los países más pobres del 9,5 %.

Al-Nashif agregó que si bien las tasas de empleo en los países más ricos del mundo se recuperaron o superaron los niveles previos a la pandemia para fines de 2021, la mayoría de los países de ingresos medios o bajos aún no se han recuperado. El coronavirus ha “expuesto y exacerbado las desigualdades preexistentes” y ha retrasado el crecimiento sostenible varios años en muchas partes del mundo.

La carga insostenible de la deuda soberana también ha agobiado a muchos países en desarrollo porque tiene repercusiones negativas en la provisión de protección social. Muchas naciones en desarrollo ahora enfrentan desafíos fiscales sin precedentes, incluidos los pagos de una deuda cara que las han atado de manos.

Pobreza extrema y el género de la precariedad

Citando datos del Banco Mundial, entre 750 y 95 millones de personas vivirán en la pobreza extrema este año y de las 760 millones de personas que sobreviven en esta precaria situación, hay más de 16 millones de mujeres y niñas que hombres y niños.

La mayoría de estas personas (83,7%) se concentraron en dos regiones: África subsahariana (62,8%) y Asia central y meridional (20,9%).

La confluencia de crisis tiene efectos colaterales en la alimentación y la nutrición, la salud y la educación, el medio ambiente, la paz y la seguridad, lo que socava aún más el progreso hacia la Agenda 2030 y pone en peligro la sostenibilidad de la recuperación de la pandemia.

DEJA UNA RESPUESTA