La insoportable infelicidad del anuncio viral navideño

Luis Rico García-Amado
Coordinador de Ecologistas en Acción


Probablemente se lo hayan enviado en más de un grupo de mensajería. Directo al corazón. Reenviar. Todos los años por estas fechas las empresas compiten por sacar el anuncio navideño que se hará viral. En años anteriores ganó la batalla un anuncio que, siguiendo la estela del 15M, tildaba a la clase política de ‘choriza’. Este año el campeón nos dice que vemos demasiado poco tiempo a las personas que más queremos, echándole la culpa a nuestro consumo de pantallas. ‘Quiero ver más a mi gente, mi vida se está echando a perder’. Reenviar.

Es bastante obvio que dedicamos muy poco tiempo a nuestras personas queridas y que nuestro consumo de pantallas es desorbitado. Pero la causalidad que establece el anuncio es impropia. Este gran artículo de María Unanue desgrana mucho mejor la relación entre nuestro estilo de vida y la incapacidad para disfrutar de las amistades. Cuando lo compartí casi todo el mundo daba la razón a la autora, porque el truco publicitario era, una vez más, burdo, así que no entraré más en ello.

Me detendré en cambio en el hecho de que las personas que han ideado este anuncio que tanto remueve probablemente tengan unas jornadas laborales escandalosas que no les deje mucho tiempo para relacionarse con sus amistades de toda la vida. El libro autobiográfico de Frédéric Beigbeder, 13,99 euros narra cómo funcionan las agencias de publicidad y el estrés con el que que viven sus trabajadores. Paradójicamente quienes se encargan de hacernos soñar a veces viven en el infierno.

Parte del manual del ecologista implica conocer bien el mundo de la publicidad. La publicidad tiene básicamente 2 trucos: 1) hacernos sentir mal (¡qué poco veo a mis amigos!) y 2) prometernos la solución a nuestros problemas (¡con este producto tus amigos estarán más cerca), aunque todo el mundo sepa que no hay relación evidente: ni un licor no te posibilita tiempo para ver a tu gente, ni un refresco de cola te hacer ser más feliz (lo que no impidió la campaña “Choose Happiness” de uno de esos refrescos fuera premiada con 24 leones en el Festival de Cannes). Sin embargo los trucos funcionan y por eso las empresas cada vez gastan más en publicidad. La publicidad es tan parte de nuestras que los miles de impactos publicitarios que recibimos al día pasan sin oposición de nuestra parte. Tampoco vemos la relación con aspectos importantes de nuestra vida que no imaginamos. Por ejemplo, tras el gasto publicitario se esconden falsedades que calan fuertemente en la opinión pública. ¿Los medicamentos son caros porque la investigación cuesta mucho?. Atendiendo a los datos parece que el ingente gasto publicitario de la industria farmacéutica importa mucho más que el I+D.

La publicidad tiene un importante aliado en el hecho de que nuestra vida tiene muchas carencias. Carencias propias de un modelo económico que piensa más en los beneficios empresariales que en las necesidades de las personas. Pero eso no se corrige con más consumo. De hecho, el consumismo suele ir acompañado de mayor frustración y la publicidad es muy responsable al prometer sin respaldo real que actos como que al comprar un coche, un refresco o una crema antiarrugas, se tendrá más afecto. La campaña ¿Consumimos Felicidad? de Ecologistas en Acción se basa en los estudios científicos que descubrieron que una vez superado un umbral de consumo, el aumento de éste no generaba más felicidad. Sí que la generan tener relaciones sociales de calidad y la equidad social.

Por eso es paradójico que en ocasiones se haya tildado al movimiento ecologista de aguafiestas, al culpar al consumismo de la crisis ecológica que padecemos y promover la simplicidad. De hecho, mis años de militancia me han demostrado que el movimiento ecologista es ante todo alegre. En el vídeo de la Canción ‘No me voy a Marte’ que Nacho Vegas ha compuesto para Ecologistas en Acción lo dejamos claro: nos gusta este planeta y nos gusta pasarlo bien en equipo.

No, no es solo un lema bonito, es fácil comprobar cómo se cumple: hace pocos fines de semana me costó convencer a mi hija de 9 años y a mi hijo de 7 para pasar un fin de semana con mis amigos en la Sierra de Gredos, sin nadie de su edad y con pocas actividades que hacer más allá de pasear por el campo, que no les chifla especialmente. Fuimos a un pueblo de la Castilla abandonada por las inercias del sistema (lo que da para otro artículo). Cuarentayocho horas más tarde, tras juegos, fiestas y bailes en la cocina, sólo pensaban en repetir excursión con aquel grupo de gente que tan bien se lo había hecho pasar.

Conclusión: Sí, hay que ver más a las personas que queremos, pero para ello hace falta algo más que dejar de ver pantallas. Repartir el trabajo, que la vivienda sea accesible, que los barrios y pueblos tengan espacios públicos de calidad o que la necesidad de lucro no esté por encima de las personas y del planeta ayudan más. Y controlar más la publicidad, eso ayudaría mucho. Se lo pediré a SS.MM. Los Reyes de Oriente a ver si esta vez me hacen caso.

Feliz Navidad.


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1 Comentario

  1. Muy buena la reflexión, Nosotros un colectivo de 4 amigos, a proposito de este mismo concepto hemos realizado un video/parodia que puedes ver en:

    Con el Hastag #tenemosquevernosmenos

    échale un vistazo.
    Abrazo

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