Si el artículo que da pie a la presente comunicación no lo hubieran firmado Anguita y Monereo, dos referentes importantes en la izquierda española, hubiese pasado absolutamente desapercibido por su superficialidad, pero si se hubiese publicado sin el nombre de los autores también se podría haber sospechado que provenía de círculos de la derecha radical populista xenófoba (DRPX). Así pues, la importancia del artículo y las reacciones que ha suscitado provienen de la contradictoria unión del contenido del artículo y el nombre de los autores. Pero, a pesar de la importancia de los firmantes del artículo, tampoco éste merecería emplear tiempo en analizarle y discutirle si fuese un único caso aislado en la izquierda, sin embargo no es ésta la situación, por el contrario, dicho artículo, y la posición de sus autores, puede englobarse en una cierta tendencia en la izquierda, minoritaria, pero no despreciable, que sin ser homogénea justifica apoyos, en nombre de la lucha contra el neoliberalismo o el imperialismo norteamericano, unas veces a Al Ássad, otras a Putin y otras a la DRPX, por no citar otras menores.

En el artículo destacan lo que parecen ser dos objetivos, sin estar claro cuál de ambos es el principal. El primero es subrayar un decreto del gobierno italiano presentado como progresista e izquierdista, una punta de lanza en defensa de los trabajadores europeos. El segundo, que cierra el artículo, es defender al gobierno italiano actual, coalición de La Liga y el M5E, de las acusaciones de fascismo. Tal como está presentado el artículo parece que el primer objetivo esté al servicio del segundo. O dicho de otra manera, que si se encuentran en las actuaciones de gobierno o los programas de la DRPX algunas medidas favorables a los trabajadores o las clases populares, estos partidos pueden ser considerados aliados implícitos en la lucha contra el capitalismo neoliberal. Lo cual podría ser considerado como el reverso de su consideración de aliados por los liberal-conservadores europeos, solo que ellos se fijan en los puntos de los programas de estos partidos que refuerzan la identidad nacional, la ley y el orden, y la defensa de los valores tradicionales y de la civilización cristiana europea.
Extraños partidos estos de la DRPX que son capaces de ser queridos por liberal-conservadores y una parte de la izquierda pero, en realidad, la extraña es esa parte de la izquierda que se deja deslumbrar por la DRPX, y no solo es el caso de Anguita y Monereo como ilustraremos más adelante. Así pues, en orden de claridad analizaremos primero, un asunto objeto de discusión entre los estudiosos de la DRPX, ¿es ésta fascista?; en segundo lugar, analizaremos la naturaleza del actual gobierno de coalición italiano; en tercer lugar, algunos programas y actuaciones de la DRPX y; finalmente, las expresiones de esa tendencia de la izquierda que se muestra tibia o comprensiva con la DRPX por diversos motivos.
¿Son fascistas los partidos de la DRPX?
Para no hacer innecesariamente largo este artículo no vamos a entrar en detalles sobre las características más sobresalientes de la DRPX, lo cual si es tratado en un libro en curso de redacción por mi parte en estos momentos, y nos limitaremos a enunciarlas solamente. Estas características son: el ultranacionalismo o el nativismo; el populismo; el autoritarismo con sus expresiones anti-igualitarias, anti-pluralistas, de apelación a la ley y el orden, y de fortalecimiento del Estado; la idealización de los valores tradicionales de la sociedad; la exaltación del líder; el ultraliberalismo combinado contradictoriamente con la protección de las poblaciones nativas de sus respectivos países; la oposición a la globalización; el proteccionismo económico; el euroescepticismo o el rechazo abierto de la actual UE; la xenofobia y el rechazo al multiculturalismo, con especial énfasis en la islamofobia.
No todas estas características están presentes o tienen la misma importancia en los diversos partidos que en Europa forman parte de la DRPX, aunque algunas de ellas, como la xenofobia, si forman parte del núcleo duro de la ideología y programa de todos estos partidos. Igualmente se puede señalar que la diversidad de estos partidos también se encuentra en sus orígenes, derivando algunos de ellos de anteriores formaciones fascistas o neonazis, en tanto que otros no. A modo de ejemplo, el FN fue creado en 1972 recogiendo las diferentes organizaciones de la derecha radical francesa que iban desde los defensores del régimen de Vichy hasta monárquicos integristas, pasando por sectores frustrados con la derecha conservadora. Alianza Nacional, fue la heredera del fascista Movimiento Social Italiano, Demócratas de Suecia fue fundado por la confluencia de diversos organizaciones de ideología fascista y neonazi. Jobbik, en Hungría, está originado en tendencias nazis. Verdaderos Finlandeses es el heredero del Partido Rural y su entronque es con un movimiento «nacional-populista agrario».
A partir de estas características, que nos permite englobarles como DRPX, ¿es correcto considerarles fascistas?, y si no se les pudiese considerar como tales, ¿son por ello menos peligrosos para la democracia, las libertades y el Estado de derecho estos partidos?
La DRPX se diferencia del fascismo clásico en que no pretende un enfrentamiento frontal con las instituciones y valores liberales, sino su distorsión a través de una acción legislativa desde el poder; en que sus programas no contemplan reivindicaciones territoriales o cambios de las fronteras de los Estados europeos; en que no tiene una actitud de agresividad destructiva hacia la izquierda dado el papel marginal que está representa actualmente en Europa y la ausencia de un proyecto revolucionario creíble; en que el sentimiento antisemita ha sido reemplazado por anti-islamista como enemigo expiatorio interno; en que, aún abogando por la intervención del Estado en la economía, apoyan el liberalismo económico con preferencia nacional y rechazan un modelo de Estado tipo corporativo.
Sin embargo, pese a estas diferencias hay ciertas temáticas similares al fascismo aunque situadas en contextos históricos diferentes. En principio, su apelación a un nacionalismo extremo que, si en el caso del fascismo se apoyaba en supuestos agravios derivados de la situación creada tras la primera guerra mundial o de reivindicaciones territoriales orientadas incluso a la creación de imperios, en el caso de la DRPX actual se alimenta del peligro que para los valores nacionales representan las inmigraciones masivas o del retroceso del Estado nacional ante los embates de la globalización. También su recurso al líder carismático como alternativa contra las elites y partidos corruptos, que busca establecer una relación directa con el pueblo sin la intermediación de otras instituciones.
Pero, como señala Joan Antón-Mellón, las «ideas-fuerza» de la DRPX también tienen un importante vínculo con las que sustentaron los ideólogos del fascismo clásico, «una misma diagnosis de la situación (decadencia); plantean unos mismos objetivos (palingénesis de la comunidad) y utilizan unos mismos referentes culturales (destacadamente a Friedrich Nietzsche y los revolucionarios conservadores del primer tercio del siglo veinte). Un aspecto central de los factores de continuidad reside, a su vez, en que comparten una similar concepción del hombre, de la naturaleza y de la historia. El hombre como un ser agresivo, jerarquizado y territorializado.»[2]
Roger Griffin ha profundizado en estos vínculos que señala Joan Antón-Mellón a partir de una concepción del fascismo mucho más amplia que la habitual. Usualmente se identifica al fascismo con las expresiones más agresivas que tomó éste en el período de entreguerras, y con respecto al cual se pueden encontrar diferencias importantes que han llevado a muchos estudiosos de la DRPX a concluir con que este fenómeno nuevo es algo diferente del fascismo. Pero las tesis que defiende Griffin, y que vamos a ver a continuación, arrojan una nueva perspectiva sobre el fascismo que le hacen concluir que la DRPX si forma parte de él, siendo una versión adecuada a la actual coyuntura histórica.
Este autor propone una definición del fascismo bastante genérica, como «una forma de ultranacionalismo revolucionario, cuyo mito movilizador (en sentido soreliano) es la visión del renacimiento de la nación en un nuevo orden post-liberal que ponga fin al período de agudo declive y decadencia», aclarando que con ultranacionalismo se refiere a «una forma de nacionalismo que se basa en un mito organicista (algunas veces llamado «tribal») de la nación-ethnie como comunidad histórica o étnica homogénea. Es por lo tanto una forma de nacionalismo compatible con (pero no idéntica a ) el racismo biológico»[3]. De esta manera, el fascismo es contemplado como una categoría muy amplia que no solo se refiere a las experiencias históricas que se desarrollaron especialmente en Europa en los años 30 del siglo XX, sino a muchas más experiencias, incluidas las actuales de la DRPX, que no tienen por qué tener un vínculo directo con aquellas.
Desde esta perspectiva se contempla que, tras la derrota del nazi fascismo en la segunda guerra mundial, los revisionistas fascistas se planteasen un nuevo discurso «que, aun reteniendo el mito palingenésico original, estuviese claramente disociado del Nazismo o el Fascismo»[4]. Así, los objetivos clásicos del fascismo serían revisados en sus puntos principales, ahora los objetivos los describe este autor como el «intento de llevar a la práctica la utopía de una federación europea de «ethnies» culturalmente homogéneas, basadas en la democracia orgánica, enraizada en una cosmología «pre-judeocristiana» y liberada de los corrosivos efectos del multiculturalismo y la globalización, [qué] implicaría en la práctica una ingeniería social llevada a cabo por un (super-)Estado autocrático, generador de políticas de homogeneización y exclusión cultural y étnica.» [5]
En definitiva, concluye Griffin, la importancia de la Nueva Derecha consiste en que ha sido capaz de «proporcionar al fascismo un nuevo pasaporte intelectual con el cual ha sido capaz de operar, en buena medida de incógnito, como una forma de especulación cultural puramente metapolítica.»[6]
SEGUNDA PARTE:
La izquierda frente la derecha radical populista y xenófoba en Europa (II)
TERCERA PARTE:
La izquierda frente la derecha radical populista y xenófoba en Europa (y III)
[1]Julio Anguita, Manolo Monereo y Héctor Illueca, ¿Fascismo en Italia? Decreto Dignidad, https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/09/05/fascismo-en-italia-decreto-dignidad/
[2] Joan Antón-Mellón, El eterno retorno. ¿son fascistas las ideas-fuerza de la nueva derecha europea (ND)?, pág. 1
[3] Roger Griffin, Plus ça change! El pedigrí fascista de la nueva derecha, en Miguel Ángel simón (editor), La extrema derecha en Europa desde 1945 a nuestros días, pág. 70, Tecnos, Madrid, 2007
[4] Ibídem, pág. 72
[5] Ibídem, pág. 78
[6] Ibídem, pág. 98






























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