Jesús Sánchez Rodríguez


PRIMERA PARTE:

La izquierda frente la derecha radical populista y xenófoba en Europa (I)

SEGUNDA PARTE:

La izquierda frente la derecha radical populista y xenófoba en Europa (II)


El populismo xenófobo: la preferencia nacional y el chovinismo del bienestar

Hay puntos programáticos de los partidos de la DRPX que han llevado a la confusión en algunas partes de la izquierda: la antiglobalización y el proteccionismo defensor de las industrias nacionales; el rechazo de las élites, los partidos del establishment y, en general, de todos los partidos; el euroescepticismo o rechazo de la UE, con la defensa de un Estado nacional fuerte e independiente; la defensa de la democracia directa; o ciertas medidas en beneficio de las clases populares de sus países, siempre encuadradas dentro de la preferencia nacional y el chovinismo del bienestar.

Con esta medidas en sus programas, más la xenofobia anti-inmigración, la islamofobia, la demanda de ley, orden y mano dura, y la defensa de valores tradicionales, la DRPX ha crecido electoralmente, y lo ha hecho significativamente entre los sectores populares  y la clase trabajadora, de manera que, como en el caso del FN francés, le ha llevado a ser el partido más votado entre las «clases populares» al alcanzar el 37%[1], con un crecimiento casi lineal del voto obrero, 17,6% en 1988, 25,6% en 2002 y 30,9% en 2012. [2]

Dado los apoyos electorales que reciben de sectores obreros, algunos analistas han acuñado para los partidos de la DRPX el calificativo de «partidos neoproletarios». Xavier Casals ha hecho una síntesis importante de lo que significa esta nueva situación: «No asistimos a un mero giro a la derecha del proletariado urbano de distintos países europeos, sino a su transformación profunda en distintos ámbitos. Nos referimos a la disolución de una identidad vinculada al mundo fabril y sindical; a la conversión de suburbios en guetos de emigrantes; a la desindustrialización de zonas pobladas que ahora están parados de larga duración y en las que polígonos fabriles vacíos constituyen las ruinas del siglo XX; a la competencia de un mercado laboral que en determinadas áreas tiende a etnizarse con la inmigración; a la precarización creciente del mercado laboral; a expectativas de promoción que se desvanecen al averiarse o fallar el ascensor social; y a la percepción de las formaciones tradicionales de la izquierda como realidades alejadas de los intereses e inquietudes de los medios obreros.»[3]

¿Sería Salvini el ejemplo, como hacen Anguita, Monereo e Illueca en su artículo, de políticas de «dignidad» de la DRPX que hay que aplaudir desde la izquierda? En su forma de argumentar mejor deberían fijarse estos autores en el programa reformado de Marine Le Pen, que la llevó a cosechar 10,6 millones de votos en la segunda vuelta de las presidenciales de 2017. El programa del FN se basa en lo que «llama el «retorno de las cuatro soberanías»: monetaria, legislativa, presupuestaria y territorial»,[4] lo que supone renegociar los términos de la pertenencia de Francia a la UE o su salida de la eurozona, a lo que se añade su peculiar defensa del modelo republicano, que incluye la lucha contra el multiculturalismo, la defensa de la laicidad frente al islamismo y la promoción de la «prioridad nacional». Más en concreto, en la actualidad apuesta por el proteccionismo y el intervencionismo económico del Estado y un compromiso con los servicios públicos, en favor de la población autóctona, en lo que se ha denominado «social-populismo», que incluye importantes medidas sociales, desde aumentar los salarios, revalorizar las pensiones, reducir la edad de la jubilación y acceso a una sanidad de calidad y oposición a la privatización de los servicios públicos.[5]

Así a la confusión que supone el primer artículo de Anguita, Monereo e Illueca, se añade más confusión en un segundo artículo de estos autores como respuesta a las críticas recibidas desde la izquierda, y esa confusión se vuelve preocupante, porque no es la DRPX la que es vista como un peligro para la democracia, sino que «la UE es enemiga de la democracia», y el gobierno de la DRPX en Italia es presentado como «una auténtica rebelión popular contra la UE, similar a la que se produjo en Gran Bretaña con el brexit».

La frase con la que cierra su artículo «La clave, se quiera o no, es la contradicción cada vez más fuerte entre los partidarios de la globalización neoliberal y aquellos que, con más o menos conciencia, defienden la soberanía popular y la independencia nacional y apuestan por la protección, la seguridad y el futuro de las clases trabajadoras.» [6], viene a decir implícitamente que en el mismo bando se encuentra la izquierda y el FN o, en general, la DRPX.

Como señalábamos anteriormente, estos artículos no son una muestra aislada sin más importancia, sino que forman parte de una tendencia en la izquierda. Casi simultáneamente a la publicación de dichos artículos tenía lugar el 12 de septiembre de 2018 una votación en el Parlamento Europeo de gran trascendencia. Se votó un informe para aplicar el artículo 7 de los Tratados de la UE contra Hungría debido a la deriva autoritaria del gobierno de Orbán. La resolución fue adoptada por una amplia mayoría de 448 votos frente 197 en contra y suponía un hito importante a nivel institucional en el enfrentamiento que se desarrolla en Europa entre la DRPX y las formaciones políticas que rechazan los planteamientos de estos partidos. Evidentemente la responsabilidad principal en el ascenso de la DRPX en Europa les corresponde a los liberal-conservadores europeos, primero porque han accedido a conformar coaliciones de gobierno con ellos en algunos de los países de la UE y, en segundo lugar, porque el grupo del Partido Popular Europeo en la Eurocámara tiene entre sus miembros al Fidesz de Orbán, lo que ha llevado a que algunos de sus partido miembros, como el PP español, se hayan abstenido en esta votación.

Pero, para el objeto de este artículo, lo que se quiere reseñar es que en la votación señalada los seis eurodiputados comunistas portugueses y checos, miembros del grupo GUE/NGL[7] de la izquierda en la Eurocámara, se alinearon con Orbán, en contra de la posición del resto de la GUE/NGL que votó a favor del informe y de las sanciones al gobierno húngaro. El argumento de los comunistas portugueses y checos es de la misma naturaleza que el empleado por Anguita, Monereo e Illueca. Si estos últimos alegan no tener ninguna simpatía por Salvini, los primeros denuncian la deriva autoritaria de Hungría, pero si Anguita y Monereo descontextualizan y alaban ·»el decreto dignidad» de Salvini, los comunistas citados ponen por delante su rechazo las injerencias de la UE sobre los Estados miembros alegando que «No reconocemos a la UE la autoridad ni la legitimidad para arrogarse en juez o siquiera en una referencia en lo que a la democracia y los derechos humanos se refiere».[8]  Argumento muy cercano, por cierto, al empleado por el PP español para justificar su abstención en la votación con la excusa de que no querían que la Eurocámara se convirtiese en un «tribunal para países».

Las reacciones al artículo de Anguita, Monereo e Illueca desde la izquierda no se hicieron esperar, y seguramente continúen porque, como hemos señalado, su posición forma parte de una tendencia de la izquierda en Europa que tiene más expresiones. Nos hemos referido al caso de los comunistas portugueses y checos en relación de la votación del Europarlamento contra las políticas de Orbán, pero desde los medios de la izquierda también se han denunciado otros fenómenos de esa tendencia.

En concreto también se ha hecho referencia al ambiguo movimiento recién nacido en Alemania pilotado por la copresidenta del grupo parlamentario de Die Linke, Sahra Wagenknecht y con el apoyo de su pareja Oskar Lafontaine, antiguo dirigente del SPD y de Die Linke. Se trata de un movimiento ambiguo, denominado «De Pie» que es mirado con sospecha por la izquierda alemana, y que pretende plantear la batalla al ultraderechista Alternativa por Alemania, mediante un discurso que parece adoptar parte de las tesis de esta última en relación con el problema de la inmigración. Sin embargo, pese a las críticas recibidas desde la izquierda aún es pronto para tener una idea clara de lo que propone este movimiento, al que se le asimila con la forma en que nació Podemos o con la Francia Insumisa de Melenchón, aunque sin ningún movimiento social detrás de apoyo, y en que puede terminar.

Algunas reacciones en la izquierda ante esta deriva han sido bastante alarmistas y duras en sus respuestas, calificando a estas posiciones en la izquierda de «rojipardas»[9] y haciendo comparaciones históricas con algunos desvaríos peligrosos de la izquierda en el pasado como con la “línea Schlageter”.[10] Tal vez estas críticas sean un tanto exageradas, pero no hay duda de que es necesario desmotar estos argumentos y denunciar esta tendencia que lleva a la confusión en el seno de la izquierda, a su desprestigio, y sirven para dotar de legitimidad a la DRPX.

[1] Gonzalo Doñaiturria Laguarda, La heterogénea «extrema derecha» europea, http://www.revcienciapolitica.com.ar/num25art3.php

[2] Xavier Casals, ¿Por qué los obreros apoyan a la ultraderecha? Diez reflexiones para elaborar una respuest.,  pág.6, ICPS, Working Paper 341

[3] Ibídem, pág. 17

[4] Moussa Bourekba, El populismo en Francia ¿hacia la normalización?, en Eckart Woertz, El populismo en Europa: ¿de síntoma a alternativa?, pág. 31, CIDOB, Barcelona, 2017

[5] Xavier Casal, op. cit., pág. 16

[6] Julio Anguita, Manolo Monereo y Héctor Illueca, ¿Todos los gatos son pardos?, https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/09/14/anguita-monereo-decreto-dignidad-italia/

[7] El Grupo de la Izquierda Unitaria Europea / Izquierda Verde Nórdica está compuesto por 52 de los 751 europarlamentarios, y de él forman parte 26 partidos de 14 países diferentes

[8] La cuestión de la soberanía: cuando comunistas portugueses votan con la extrema derecha, El Diario, 14/9/2018, https://www.eldiario.es/internacional/cuestion-soberania-comunistas-portugueses-Orban_0_814368777.html

[9] Josefina L. Martínez, Europa: ¿una “nueva izquierda” nacionalista y xenófoba? Cuando se pierde la brújula, La Izquierda Diario, https://www.laizquierdadiario.com/Europa-una-nueva-izquierda-nacionalista-y-xenofoba-Cuando-se-pierde-la-brujula

[10] «Con la llamada «línea Schlageter” – una reorientación estratégica promovida por Karl Radek y que lleva el nombre del nacionalista del Freikorp abatido a tiros por las fuerzas de ocupación francesas después de ser descubierto colocando una bomba – hubo un breve «experimento» de lo que podría llamarse ‘la cooperación antagónica’ entre el KPD y los Nazis. (18) Radek, hablando ante el comité ejecutivo de la Internacional Comunista, declaró que «la gran mayoría de las masas con mentalidad nacionalista [de Alemania] no pertenece al campo de los capitalistas, sino al campo de la trabajadores».(19) Un mitin de masas del KPD en agosto de 1923 incluyó como orador a un nazi conocido.» En Jack Conrad, Trotsky y los Estados Unidos de Europa, http://www.sinpermiso.info/textos/trotsky-y-los-estados-unidos-de-europa

 

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