La izquierda y los Nacionalismos en España

0
198

Iván Olmedo

 

En este curso político, cómo no, la cuestión nacional volverá a estar en el centro del
debate público. Las izquierdas presentes en el estado español, por tanto, deberán
saber cómo poder satisfacer estas demandas del conjunto de la ciudadanía mejor que
las fuerzas reaccionarias de este país. Sin embargo, esta labor es cuanto menos difícil,
ya que, a mi parecer, la izquierda española siempre ha tenido complejos al abordar
este asunto. Esto es debido, en última instancia, a la derrota del relato nacional
republicano y a la victoria del relato ultraconservador de la España una, grande y libre
—de la cual ya venía de mucho antes del régimen franquista, aunque con él se
consiguió imponer al conjunto del estado a base de represión durante 40 años.

¿Qué puede hacer la izquierda? Una de las prácticas más usuales en la izquierda en
España es el relegar a un segundo plano la cuestión nacional, fundamentalmente por la
razón previamente mencionada. Los argumentos de apariencia de que “detrás del
nacionalismo se ocultan intereses de la burguesía” o de “ocupémonos de los asuntos
que realmente importan” son un claro ejemplo. En la primera idea se puede ver
reductos provenientes de la ortodoxia marxista en la cual toda reivindicación fuera de
la lucha de clases es burguesa y por tanto ilegítima. En la segunda cabe decir que no es
incompatible tratar el tema nacional con abordar otros asuntos de diferente
naturaleza; además de que la crisis territorial en el estado español no es nada más que
un síntoma claro de que el marco institucional del régimen del 78 se ha agotado.
Dicho esto, pienso que las fuerzas progresistas de España tienen la faena pendiente de
reconstruir un “nuevo relato nacional”. Para esto es fundamental tres aspectos: 1)
Entender que España no es Castilla, sino los diferentes pueblos, identidades y
particularidades presentes en el conjunto del estado. En otras palabras, España es
Castilla, sí, pero también es Cataluña, País Vasco, Navarra, Galicia, País Valenciano,
Baleares, Asturias, Aragón, Murcia, León, Andalucía, Extremadura, Canarias, etc. Unas
son naciones sin estado, otras regiones históricas, pero lo elemental es que esta suma
heterogénea de gentes es lo que compone España y, como consecuencia, nos
encontramos ante una nación de naciones. Es por esta razón que las izquierdas
españolas han de combatir contra el discurso de España como nación unitaria, que
viene siendo en definitiva la falsa concepción de que Castilla es España. 2) Retornar a
una concepción más liberal y, a su vez, democrática de la nación: Una comunidad
política compuesta por individuos que se reconocen mutuamente como colectivo. Por
tanto, desde esta concepción sería inadmisible el atar de hecho y de derecho a un
pueblo de los que forma parte España. En última instancia, la unidad se mantiene
siempre y cuando así sea su voluntad. Si una mayoría social de un territorio tuviese la
intención de dejar formar parte de España, ¿qué impedimento habría? 3) Lo anterior
dicho no se podría explicar sin incorporar una perspectiva nacional-popular. Es
fundamental articular un sujeto político de cambio que integre demandas de sectores alternos que construya una nueva voluntad general que reivindique ser representada.

Este enfoque podría ejemplificarse en la siguiente afirmación: Que la plebs se devenga
en populus. En otras palabras, que los de “abajo” lleguen a representar un nuevo
interés general.

En definitiva, estas tres grandes líneas vienen resumiendo en

1) Comprender la situación histórica en la que se encuentra la sociedad española;

2) En democratizar el concepto de nación española;

3) En establecer un horizonte social común que dote de sentido este nuevo relato nacional.

Foto: gaceta.es

Materializar lo antes dicho no es nada fácil; tradicionalmente las izquierdas han
concebido a la clase obrera de manera apriorística como el sujeto central del cambio
social—y de ahí, por cierto, otra razón del por qué relegan de la cuestión nacional. La
idea determinista de que la estructura capitalista a medida que madurase iba a poner
de relieve las contradicciones del sistema conduciendo sí o sí a la revolución por parte
del proletariado creo que ha sido superada. Otras luchas democráticas como la
feminista, ecologista, LGTBI, anti-colonialistas, entre otras, suponen un frente más
amplio con el que la izquierda puede operar. Citando el libro de Hegemonía y
estrategia socialista podríamos decir que: “la multiplicidad de relaciones sociales que
pueden estar en el origen de antagonismos y de luchas: hábitat, consumo y servicios,
pueden constituir terrenos para la lucha contra las desigualdades y para la
reivindicación de nuevos derechos”. Diciendo esto no niego la importancia de las
relaciones de producción capitalista, pero la izquierda debe ir más allá de eso; y es aquí
como lo mencionado anteriormente respecto a la articulación de un nuevo sujeto
político que integre demandas sobre sectores alternos cobra más sentido. Por
consiguiente, en este proceso de formación hegemónica, el elemento nacional—desde
la óptica mencionada —debe ser incorporado.

Derribemos el concepto de nación “única e indivisible” de España y construyamos de
uno más democrático y liberal que reconozca la gran diversidad de pueblos y naciones
del estado. Hoy en día esta tarea pendiente es complicada de emprender, pero no
puedo concebir otro proyecto para una España republicana y federal que no sea esa.

Dejar respuesta