El accidente nuclear de Palomares fue un accidente ocurrido en la pedanía de Palomares (Almería), el 17 de enero de 1966. En el contexto histórico de la Guerra Fría, dos aeronaves de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, un avión cisterna y un bombardero estratégico B-52 colisionaron en vuelo en una maniobra de reabastecimiento de combustible. Esto provocó el desprendimiento y la caída de las cuatro bombas termonucleares que transportaba el B-52, así como la muerte de siete del total de los once tripulantes que sumaban ambas aeronaves.

Como resultado de la explosión, se formó un aerosol, una nube de finas partículas compuesta por los óxidos de elementos transuránicos que formaban parte del núcleo de las bombas, más el tritio que se vaporizó al romperse el núcleo. Dicha nube fue dispersada por el viento y sus componentes se depositaron en una zona de 226 hectáreas de superficie que incluía monte bajo, campos de cultivo e incluso zonas urbanas. La contaminación resultante (principalmente por Plutonio-239, también Pu-240 y Americio-241) superó los 7400 Bq/m², con notables diferencias según el punto considerado, habiendo zonas con 117000 Bq/m², y hasta más de 37 millones de Bq/m² (saturaron los instrumentos de medida) cerca de los puntos de impacto.​ A finales de los años 1980, la contaminación residual era de 2500 a 3000 veces superior a la de las pruebas atómicas.

Tras el accidente, el Gobierno español y su homólogo estadounidense iniciaron una campaña intentando demostrar la inexistencia de contaminación nuclear en la zona y mantuvo secretos los informes de monitorización médica, hasta que finalmente los desclasificó en 1986.El Gobierno no suministró protección de ninguna clase a los guardias civiles que participaron en la limpieza, protección que sí llevaba el personal estadounidense.

El elemento más recordado de dicha campaña fue el baño conjunto que se dieron el ministro de Información y Turismo del Régimen Franquista, Manuel Fraga, de 43 años, y el embajador de Estados Unidos en España, Angier Biddle Duke, en la playa de Quitapellejos, en Palomares, ante las cámaras de RTVE y emitido por el NODO, para evitar rumores sobre la peligrosidad de la zona.

Sin embargo, tal y como reconoce el Tribunal de Apelaciones de Estados Unidos, la playa sí tenía radiación ionizante. Veteranos han desarrollado enfermedades tras estar expuestos a la radiación ionizante mientras limpiaban el desastres tras la caída de cuatro bombas nucleares en Palomares, tienen todo el derecho que les otorga su estado para demandar por beneficios por discapacidad por sus enfermedades. Durante las últimas décadas, a todos ellos se les negaron los beneficios por discapacidad.

La demanda ha sido colectiva y encabezada por el veterano Víctor Skaar, un sargento jefe de la Fuerza Aérea retirado que participó en la limpieza. Skaar desarrolló leucemia y entiende que está relacionada con la exposición a la radiación. En su momento, le dijeron que su nivel de exposición estaba muy por debajo del nivel requerido para causar una discapacidad y la Junta de Apelaciones de Veteranos negó su reclamo, según informa el Diario de Almería.