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J.C.

Con el título elegido para este texto, que parafrasea una célebre frase de Benjamín Disraeli (1804-1881) podría resumirse gran parte de la obra del poeta chino Li Bai (siglo VIII d.C.)

Este poeta, también conocido como Li Po, representa la figura del exiliado dentro de su propio país. Un hombre que no vendía su libertad a cualquier precio y que, cuando se emborrachaba (quizás también cuando estaba sobrio) se burlaba de reyes y príncipes. Veamos uno de sus mejores poemas.

CARTA DEL DESTERRADO (1)

Con oro amarillo y trozos blancos de jade
comprábamos canciones y risas
y, ebrios, meses y meses
nos burlábamos de reyes y príncipes.

Entre nosotros estaban los más sabios
los más valerosos entre los Cuatro Mares
hombres de pensamientos tan altos como las nubes.

Pero, sobre todo, contigo me acoplé
en lo más hondo del alma.

Ya de aquellos días el júbilo no volverá.
Fui a la capital en busca de un trabajo en palacio
pero no conseguí nada
y ya, viejo, con el pelo blanco,
regresé a mis Montañas del Este.

Podríamos cerrar estos versos de Li Po, con otra sentencia de Benjamín Disraeli, que vale para su época y para la nuestra:

Cuando los hombres son puros, las leyes son inútiles
Cuando son corruptos, las leyes se rompen.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Nobel Gallo Beneventano para reivindicar un poco más de espacio para el alma en este mundo en el que, hasta el aire, se muere de la enfermedad del metal.

-1-He suprimido algunos versos del poema, para centrarme sólo en lo esencial.

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