Xan Pereira

200 millones de mujeres han sido mutiladas y más de 30 millones de niñas están en peligro de serlo en los 30 países del mundo en los que está presente la mutilación genital femenina.

Esta tradición, alejada de los mitos que intentan relacionarla con un origen religioso, es una agresión milenaria y arraigada en motivos culturales. Muchas son las niñas que siguen muriendo por las condiciones en las que se les practica y muchos los países que, pese a la prohibición, ven cómo el peso de la costumbre les pasa por encima.

Naciones Unidas define la mutilación genital femenina como el conjunto de “procedimientos consistentes en alterar o dañar los órganos genitales femeninos por razones que nada tienen que ver con decisiones médicas”. Está reconocido por ello como una violación de los derechos humanos de mujeres y niñas. Esta práctica es una costumbre característica de múltiples culturas, relacionada con rituales de iniciación a la edad adulta o de purificación en la mayoría de los casos.

 

Excusas para seguir mutilando

La explicación principal que dan las comunidades para seguir mutilando a las niñas suele ser la tradición, ya que la práctica de este rito se considera el elemento más importante para la identidad de la niña y su paso a la adultez dentro de la comunidad.

Otros factores muy extendidos son los relacionados con la psicología sexual de la mujer y su control, así como con elementos reproductivos. Erróneamente, se cree que la realización de la ablación mitiga el deseo sexual y asegura la fidelidad.

Existen también falsas creencias relacionadas con la infertilidad si no se realiza el ritual o que mejora el parto. Existe incluso la creencia de que el clítoris puede matar al bebé si lo toca durante el nacimiento. La higiene es otra explicación que se da para excusar la práctica: hasta que no se realiza la MGF, se dice, la niña está sucia, por lo que se le impide manipular agua y alimentos. La última razón que se da es la religiosa, también cimentada en una falsa creencia, como explicamos a continuación.

 

Relación de la mutilación genital femenina con la religión

En la mayoría de las religiones la mujer es un actor secundario de la sociedad, donde no tiene derechos, solo deberes y estos deberes se ven condicionados por ritos escalofriantes y dolorosos, culturas dominadas por los hombres. En estas sociedades se vive comunitariamente, es decir, la comunidad es quien hace a los individuos, no viceversa, y la tradición dominada por la religión es parte importante de la vida de estas personas, es por esta que se rigen y justifican los actos que en ella se realizan.

Pero la costumbre de cortar los genitales femeninos es anterior a la creación de las religiones monoteístas, aunque hoy existan grupos que usen el concepto religioso como justificación. La relación que se hace de esta práctica con la religión, y más concretamente con el islam, es uno de los grandes mitos de esta costumbre. La realidad choca con esta creencia: no existe ningún versículo en la Biblia, ninguna aleya en el Corán ni ninguna cita del Tanaj que recomiende la ablación.