La tendencia hacia la liberalización comercial en el mundo y la creciente globalización de la economía, enmarcadas dentro de las necesidades vitales del modo de producción capitalista, otorga a veces extrañas situaciones que destacan lo irracional del ser humano.

El último ejemplo lo tenemos en la esperpéntica situación que hemos vivido estos días relacionada con la cadena de supermercados Lidl. Llevar camisetas con el logo de la cadena de supermercados, chanclas con el nombre estampado de sus tiendas o zapatillas se ha convertido en una fiebre imparable.

Lidl se ha convertido, de la noche a la mañana en una marca de culto para muchos de sus compradores, en algo de lo que presumir, y la cadena de supermercados está encantada de utilizar estos artículos vendiéndolos a precio de coste para que después sus clientes se lleven también otros productos. Un gancho para zombies capitalistas.

Catalogo de Lidl.

Lidl ha lanzado un línea de ropa con diseño corporativo, basada en los colores de la marca. Se trata de una colección que se ha comercializado tanto en tienda ‘online’ como en establecimientos físicos de Países Bajos, Finlandia, Bélgica o Alemania, creando tal fiebre entre los consumidores que los productos se han convertido en una especie de objeto de culto y ya se revenden en portales a precios desorbitados.

Los calcetines apenas cuestan 0,99 euros, las sandalias y la camiseta salen a 3,99 euros, y las zapatillas se pueden adquirir por apenas 12,99 euros, por lo que resulta imposible encontrar unas semejantes tan baratas en cualquier supermercado o tienda especializada en ropa deportiva. Pero los compradores revendiendo estos productos a precio de oro.

Un usuario de eBay Reino Unido vende zapatillas y calcetines por un precio abusivo.

Los estantes que albergaban las zapatillas se vaciaron en cuestión de segundos, se formaron infinitas colas y los clientes incluso se saltaron las normas de seguridad para evitar contagios enloquecidos por hacerse con un par. Una locura capitalista que estimamos no será la última, pero esperamos que se acabe viendo, con el tiempo, de la ridícula forma que lo vemos quienes tenemos un poco de perspectiva.