Francisco Castro

Desde hace tiempo se habla de una revolución que ha ido avanzando y atravesando distintos sectores, como si no hubiese fronteras entre ellos. La transformación digital, como se la conoce hoy en día, no ha sabido distinguir entre industrias, ni profesiones y ha calado profundo en cada una de ellas. Con su propio lenguaje y sus propias reglas, la digitalización ha generado profundos cambios en la economía española. Sin duda, este criterio diferenciador que distingue a aquellas empresas maduras digitalmente de aquellas que ha quedado atrás en la carrera, pone en evidencia la necesidad de adaptarse a las nuevas tendencias. Con marcos regulatorios adecuados y con todo lo que implica la consolidación de nuevas capacidades que antes resultaban impensadas.

Lentamente, todas las áreas, empresas y sectores, comienzan a entender la importancia de desplegar estrategias digitales para actualizarse. La capacidad de innovar es uno de los elementos que le otorgan valor a un negocio. Genera nuevos modelos y a su vez, nuevas fuentes de ingreso. Y las empresas españolas, comienzan a comprenderlo. Es que además, la digitalización empresarial podría disparar un 5% el PIB de España, creando un millón de empleos al año. Lo que se traduce en un gran beneficio para  la economía española.

Si vamos a los números, siete de cada diez empresas españolas, ya invierten en tecnologías para acelerar su transformación digital. Así se desprende del último informe Digital Transformation Index, conocido también como DT Index. Hoy en día, la competencia de una empresa se mide en términos precisos. Las nuevas técnicas de recopilación de datos, permiten poner en cifras, valores que antes eran intangibles. Entre ellos, hay un indicador que destaca por su importancia y es el de la competencia digital. ¿Qué significa? Se trata de un indicador que permite evaluar la implementación de estrategias digitales en las empresas. Según ese criterio, las empresas españolas han pasado del 13,70% al 24,11%, lo que demuestra una mejoría considerable. Aunque también refleja el largo camino que queda aún por recorrer en esta materia.

A partir de los datos que provee este índice, se puede concluir que el sector empresarial que más ha sabido aprovechar la digitalización, ha sido el sector asegurador. Principalmente, debido a la necesidad de brindar un servicio personalizado y enfocado a las preferencias de los clientes. Sin duda, las nuevas tecnologías han ayudado a que este sector se consolide y posibilite nuevas formas de interacción, brindando una atención al cliente personalizada, más cercana y por sobretodo, más rápida. Es decir, que han permitido mejorar todos aquellos aspectos que resultan claves para cualquier cliente.

La innovación en el sector asegurador, no solo está representada por las nuevas formas de interactuar con los clientes, sino también por los servicios que brindan las empresas del sector. Para estar a la vanguardia, algunas aseguradoras comenzaron a ofrecer servicios de protección para dispositivos multimedia, objetos conectados, smartphones, drones, entre otros. Tal es el caso de la SFAM, la Sociedad Francesa de Seguros Multirriesgo, que desde hace ya algunos años, ofrece opciones para proteger los dispositivos contra riesgos como la pérdida, el robo, la caída de sustancias líquidas, entre otras. La diversificación de las coberturas, abarcando también los nuevos productos tecnológicos, como aquellas brindadas por la SFAM, demuestra que el sector todavía puede seguir reinventándose. No solo a través de técnicas mejoradas de interacción con los clientes, sino también, pensando en las necesidades de los mismos. Un seguro contra el robo o pérdida de un smartphone, como aquel brindado por la SFAM, tiene un éxito asegurado si se tiene en cuenta el rol que ocupan estos móviles en la vida cotidiana de muchos.

Poner el foco en las nuevas tecnologías significa explorar todas las formas posibles de incorporarlas para lograr mejores resultados. Y por el momento, ha quedado claro que el potencial de estas tecnologías no tiene límites.

No se trata simplemente de actualizarse, sino más bien de renovar todas las prácticas vigentes hasta el momento, para alcanzar nuevas metas, impensadas hasta hace algún tiempo. Pero lo más importante, es que la digitalización, además de significar un valor agregado para cualquier empresa, es también un disparador de la economía. España tiene frente a sí, una oportunidad de crecimiento potencial que permitiría exponenciar la creación de empleo de las 500.000 personas que se incorporan actualmente al trabajo, al millón de otros nuevos puestos cada año. Pero todavía, España no ha sacado partido de este potencial. Para lograr mejores resultados, se deben redirigir las inversiones hacia sectores más productivos, pero sobretodo, se debe impulsar un cambio de mentalidad. En definitiva, para que esta revolución de frutos, el cambio debe ser importante.