Por Javier Cortines

Decía Iñaki Gabilondo que no es lo mismo llamarse La Manada que, por ejemplo, Los Amigos de Garcilaso. El nombre, el apodo, el pseudónimo, retrata parte de lo que somos o queremos ser y nos da pistas de aquello que se esconde tras la máscara.

Tampoco es lo mismo llevar el tatuaje de una cruz gamada que el de una mariposa, ni es igual llevar un corazón rojo pintado en la mejilla que una calavera  sobre una peana de balas. En este sentido lo exterior, lo que se ve, es importante. Aquí las apariencias pocas veces engañan.

La mayoría de los problemas que doblegan el ser humano, si no todos, tienen su origen en la cuna y en la educación. Si en casa y en las escuelas no incorporamos a nuestro ADN el respeto al otro y la igualdad de género, perderemos gran parte de las batallas futuras que nos depara la vida.

Mientras no haya un cambio en los hogares y en las aulas, gran parte de nuestra sociedad no dará el salto comunal. Seguirá habiendo manadas, genocidas en serie, en pequeña y gran escala, etc. Está bien eso de reformar las leyes, pero, sin ir a lo hondo del problema, a lo esencial, a la raíz, a lo troncal: Una educación de calidad que forme a seres humanos (y no a depredadores y competidores), el instinto animal del más fuerte seguirá golpeando a los que nacieron sin escudo y sin espada.

Los mismos políticos que ladran cuando saltan a la luz pública casos como el de La Manada o el pequeño Gabriel, son culpables y responsables de nuestro sistema educativo, que muchas veces aburre, deforma y sigue pautas tercermundistas, cavernarias.

Si, además, somos uno de los países con las tasas más altas de Europa en abandono escolar, es que tenemos un problema grande, muy grande, oculto tras una cortina de humo que nos impide ver el detonante germinal.

Concluyo dando unos datos del programa Enviado Especial, que ví en la pasada noche del jueves: En él se decía que España gasta el 8% de su presupuesto en Educación, mientras que Singapur (uno de los dragones asiáticos) dedica a la enseñanza el 20%.

Amo a España y no me gusta que sigamos siendo –ya sé que molesta, pero lo voy a repetir- “los camareros de Europa” y que nuestra economía dependa del turismo masivo.

El hombre y la mujer, partiendo de una base humanista, deberían de ser –desde que son engendrados- el centro de todas las cosas, y su desarrollo integral, con metas y valores éticos bien definidos, la prioridad número uno de la sociedad.

Otra: Miremos hacia Islandia (país que ocupa el primer puesto en el índice Mundial de Brecha de Género) y no hacia los que están peor que nosotros.

 

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog: Nilo Homérico, en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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