La instalación a gran escala de aerogeneradores, calificada de «energías limpias» por las grandes empresas del sector eléctrico conlleva una serie de riesgos que aunque menos conocidos, son nada desdeñables para la salud humana y el medio natural. Aunque este hecho suele pasar desapercibido para una parte de la población, vincula directamente el sistema extractivo a la demoledora implantación de proyectos eólicos dispersos por el territorio y confirman lo que para los especialistas era un secreto a voces, la falsedad de la etiqueta «verde» en los grandes proyectos energéticos.

La fabricación de aerogeneradores necesita de ingentes cantidades de tierras raras, obtenidas a partir de procesos que generan un elevado volumen de residuos tóxicos / Wikimedia Commons

Así lo apunta Enrique Montero desde la Universidad de Cádiz, que a través de la Cátedra Relec, especializada en el impacto ambiental de dispositivos electrónicos recuerda que los denominados «minerales tecnológicos» forman parte de la paradoja que la industria emplea para «vender» al gran público las mal llamadas «energías limpias». Porque la instalación de parques eólicos necesita ingentes cantidades de tierras raras, obtenidas sin embargo a base de causar un tremendo impacto medioambiental por el tipo de productos químicos que se utilizan en su recuperación.

Porque en la fabricación de aerogeneradores, resulta fundamental una familia especial de las tierras raras, los lantánidos. El neodimio es una de ellas, y las turbinas eólicas se encuentran entre los mayores consumidores de este elemento, empleado para la fabricación de los imanes del mecanismo de giro de las palas.

De hecho,  hasta una tonelada de este elemento es utilizada para la fabricación de ciertos tipos de molinos eólicos provocando un enorme impacto ambiental, pues según las investigaciones realizadas al respecto, la producción de esa misma tonelada de tierras raras da lugar como resultado una generación de desechos nada deseables, a entre 9.600 y 12.000 metros cúbicos que contiene polvo concentrado, ácido fluorhídrico, dióxido de azufre y ácido sulfúrico, además de 75.000 litros de agua residual ácida y una gran cantidad de residuos radioactivos, dado que en el mineral es habitual la presencia de elementos como el torio y el uranio. Sólo alguien muy ignorante puede obviar lo que estas cifras suponen en lo referente al impacto medioambiental provocado por la instalación parques eólicos sin control.

De esto sabe mucho la Plataforma Sí a la Tierra Viva, asociación legalmente constituída que al margen del ruido y la manipulación política tumbó de manera rotunda un intento especulativo de extraer tierras raras en el Campo de Montiel (Ciudad Real), sentando un claro precedente que ha sido finalmente confirmado por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha al apoyar la cancelación del proyecto.

En este sentido la entidad, que canalizó la lucha social contra el proyecto de la empresa Quantum Minería S.L., dio a conocer en 2017 un informe elaborado por la todopoderosa EPA, la Agencia de Protección Medioambiental de los Estados Unidos, que certificaba los impactos de esta actividad extractiva sobre aire, agua y suelos, y contradecía las tesis de Enrique Burkhalter, director de proyectos de la mercantil.

En el documento del organismo estadounidense se alertaba, entre otros factores, de la problemática vinculada a este tipo de minería y sus efectos «para los trabajadores del sitio y residentes cercanos» por la inhalación de partículas en los denominados «polvos finos» y por la ingestión o contacto de la piel con polvos contaminados procedentes de pilas de almacenamiento o de transporte del mineral, un polvo, además, calificado por la entidad norteamericana como «irritante, tóxico y carcinógeno» dependiendo del tipo de partículas a considerar.

Tal como señala el informe, «un cierto nivel de materiales radioactivos se encuentra asociado a muchos depósitos de tierras raras«, lo que origina que, «como resultado, los residuos de roca y lodos de la extracción de tierras raras también contienen estos radionucleidos», generando un tipo de desechos «que pueden dar lugar a niveles de radiación inaceptables». «Elementos como el torio y el uranio pueden concentrarse en los polvos y sedimentos minerales y el gas radón también puede ser emitido por estas fuentes» -señala el documento de la EPA-.

EN LA INSTALACIÓN DE PARQUES EÓLICOS NADA ES LO QUE PARECE

Con los datos en la mano los tan manidos conceptos de energía «verde» o «renovable» asociados a los parques eólicos se caen por sí mismos, más teniendo en cuenta que, a día de hoy, la minería es la actividad industrial que más está contribuyendo a al aumento de los gases de efecto invernadero y en último término al cambio climático, que es el gran reto para las generaciones presentes y futuras.

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