Por Xoán Bascuas

Ilustración de ElKoko

Cada vez que aparecía un problema grave y el nerviosismo crecía a su alrededor, Yasser Arafat solía decir “ninguna montaña se conmueve ante el viento”. Creo que pocas frases pueden ejemplificar con mayor contundencia la imperturbabilidad ante la adversidad que presidió una gran parte de la historia política del fundador de Al Fatah. Precisamente ese comportamiento fue el que contribuyó a forjar la idea del líder palestino imposible de atrapar o derrotar. Tanto política como físicamente. Incluso creo que si hoy en el occidente europeo se conoce el término “baraka” es gracias a Arafat: ese auxilio divino con el que Alá habría salvado su vida en más de cincuenta veces.

 

“Ninguna montaña se conmueve ante el viento”. A pesar de lo poético de la frase, la verdad es que no sé si realmente la llegó a pronunciar en alguna ocasión. Pero “se non è vero è bene trovato”. Es una máxima que cualquier persona abocada a la pertinaz y fatigosa lucha por la supervivencia, a cualquier nivel y en cualquier campo, debería tener grabada en el alma. Y estoy convencido que Mariano Rajoy Brey la tiene registrada desde su juventud.

Estoy convencido que Rajoy también tiene baraka. Y no lo digo por las diversas ocasiones en las que salvó su vida en diferentes accidentes con distintos vehículos. Más bien lo digo porque la biografía política de Rajoy está repleta de match-balls salvadas en el último instante y de forma increíble.

“Ninguna montaña se conmueve ante el viento”

La baraka puede ser divina, pero no eterna. El final de la vida Yasser Arafat es una evidencia de la naturaleza mortal de la suerte enviada por Dios. Y probablemente quién lea estas líneas sospechará que la potra política de Rajoy está apunto de rematar su trayectoria ante la amenaza de moción de censura (o la tentativa de forzarle a convocar elecciones). Yo no creo que sea el momento de colgar el cartel de The End. Aún no. Lamentablemente.

Hay un dicho gallego que dice “a que me dan nos as quero, e as que quero non mas dan” (las que me dan no las quiero, y las que quiero no me las dan). Este es el motivo por el que la moción de censura no va a prosperar: el PSOE prefiere huir de quién está dispuesto a darle su apoyo (me refiero básicamente al independentismo en general), y quiere el soporte de quien no se lo niega por la senda de pedir lo imposible.

El plan de Sánchez peca de ingenuidad. El líder del PSOE pensaba que la situación política abocaría al resto de las fuerzas políticas a brindarle su apoyo sin condiciones. De hecho, apeló a la buena voluntad de los 350 diputados (es decir, el llamamiento alcanzaba también a los representantes parlamentarios del PP). Se ilusionó cuando Podemos respondió de este modo. Se animó cuando ERC se sumó con este proceder -inicialmente-, aunque posteriormente se deshaga en explicaciones de que él no les va a pedir el voto. Pero Ciudadanos no quiere darle aire. Los de Alberto Carlos Rivera quieren acaparar todo el oxígeno de la política española. Prefieren bloquear la iniciativa política del Gobierno para obligar a Rajoy a convocar elecciones.

“Pedro Sánchez pensaba que la situación política abocaría al resto de las fuerzas políticas a brindarle su apoyo sin condiciones”.

La vida da tantas vueltas que aquellos presupuestos que iban a ser el jaque mate a Rajoy se acaban convirtiendo en su salvavidas. Si no tiene éxito la moción de censura, el decadente gobierno del PP podrá sobrevivir un año. Eso sí, haciendo pasar a C’s por unas elecciones municipales, autonómicas y europeas antes de llegar a las generales. Recordemos que las expectativas de Podemos también fallecieron al pasar por otros comicios antes de llegar a las que configuran las Cortes.

“Ninguna montaña se conmueve ante el viento”. Probablemente, en este caso el problema radica en que no se sopla en la dirección correcta. Y mientras tanto, esa montaña sigue ahí, impertérrita, impasible el ademán, impidiendo que pase la luz. Y el aire.

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