Por Arjuna
Primero, se busca a los malos: rusos, rumanos, mexicanos, musulmanes, gitanos, etc., a quienes se describe maltratando a las mujeres, traficando con órganos de niños, dirigiendo los cárteles de la droga (…) y luego se construye a los buenos: estadounidenses, británicos…

Los buenos son guapos y guapas, atléticos y atléticas; tienen poderes o habilidades extraordinarias, y matan por miles, como si fueran cucarachas, a los enemigos de la Humanidad. Luego los superhombres y supermujeres son coronados con laureles, cual salvadores del mundo.

Ese guion se repite in perpetuum en el cine y la televisión (ya nadie discute el poder seductor de la imagen) y los jóvenes -que siempre se identifican con los héroes y heroínas- acaban imitando a sus ídolos y, lo que es aún peor, muchos terminan justificando la violencia o la masacre (siempre que obedezca a “causas nobles”) para que triunfe el bien sobre el mal.

La escuela de la violencia lo impregna todo y a todos; no hay tiempo para analizar “las causas del mal”, tampoco interesa saber cómo se alimentan sus raíces. Es más fácil terminar con el monstruo a balazos que invertir en educación para que los cachorros y cachorras aprendan otra lección. El esfuerzo económico que se requiere para que brote otra vegetación en las escuelas es inútil, igual que intentar llenar de agua el hoyo de la arena de la playa, dicen los defensores de las eternas verdades.

Se acepta, sin más, el maquiavelismo simplón de la razón de Estado y se parte el mundo en dos mitades: los buenos: blancos y superdotados, y los malos: blancos o negros de regiones incivilizadas, salvajes, dirigidas por tiranos desde el lado oscuro de la fuerza.

Sócrates decía que la mayoría de las personas son buenas y que los malos son minoría (aunque su poder puede ser cancerígeno). No es bueno olvidar las enseñanzas de los sabios. No es sabio dejarse llevar por la corriente dominante, esa que ignora la ley de la causa-efecto.

Va contra la razón (el sueño de la razón produce monstruos, decía Goya) atribuir todo lo malo que ocurre en el mundo a seres perversos que nacieron con la marca del diablo. De ese Satanás que, por algún extraño motivo, habita casi siempre en los suburbios de la muerte y la exclusión. Allí donde el caballo cabalga enloquecido y el llanto queda atrapado en las paredes.

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog: Nilo Homérico, en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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