Eva del Fresno
Miembro de la Red EQUO Mujeres y coportavoz de la Red EQUO Muyeres de Asturias


Llevamos años ahogándonos en los deshechos que producimos. Como si realmente confiáramos de manera ingenua en que podemos acumular basura, plásticos, gases de efecto invernadero, herbicidas tóxicos, y sustancias contaminantes, sin que llegaran a rebosar en algún momento por todas partes. Lo cierto es que mucho tiempo hemos sido cómplices sin saberlo de la negación interesada de los grupos de poder, que creen que no van a pagar las consecuencias de este desastre. Es una negación que en parte puede surgir de los intereses económicos que se anteponen al bienestar común, y que puede entenderse en el marco de la estructura  de clases que aún persiste en nuestra sociedad. Pero a la vez, es una negación tan extendida y tan arraigada en algunos sectores sociales, que  no puede explicarse solo por factores económicos. Hay que recurrir a la ideología que hay detrás de esa negación y que la mantiene firme contra toda lógica, para poder entender desde otra perspectiva complementaria cómo funciona  este mecanismo y sus causas.

Por otro lado, esta respuesta del avestruz no la encontramos únicamente frente al cambio climático, es solo que se evidencia con más fuerza en este caso. Las emisiones de carbono que están alterando nuestro clima, y que de seguir así acabarán amenazando seriamente  nuestras posibilidades de supervivencia, son el terreno donde el negacionismo adquiere más visibilidad. Pero el colapso ecológico es una problemática  múltiple y con muchas dimensiones. El agotamiento de los recursos naturales no afectará al planeta, pero dejará a  las poblaciones humanas en una situación muy precaria. Lo mismo podríamos decir de la contaminación de la tierra, el aire y el agua, con el agravante de que esto sí altera el ciclo natural al reducir drásticamente algunas especies animales que resultan básicas para que los ecosistemas funcionen. Quién sabía hace 40 años que nuestra civilización sofisticada dependía de las pequeñas abejas. Aquí tenemos una pista que explica tanto el negacionismo, como la impotencia del patriarcado para evitar la crisis ecológica y gestionar las consecuencias que resultan ya ineludibles. Estamos antes una mentalidad egocéntrica, incapaz de asumir las consecuencias de los problemas que genera al creerse con derecho para instrumentalizar, cosificar, y abusar de lo que la rodea.

Si al final resulta  que nuestros actos tienen límites y generan consecuencias negativas, incluso algunas de ellas muy graves, entonces la gran sorpresa para alguien convencido de su superioridad es que realmente esos actos no formaban parte del orden natural de las cosas, están fuera de lugar y no son asumibles.

La verdad de la que huye la sociedad conservadora no es  que nuestro modelo económico resulta insostenible. Es que lo que resulta insostenible es la mentalidad que nos ha traído hasta aquí, y que ha formado nuestro sistema productivo a su imagen y semejanza.  Es la arrogancia más irracional, la ambición más desmedida y la ausencia de empatía y responsabilidad lo que nos tiene ahora a todas y todos con el agua al cuello. Porque los mecanismos de extinción puestos en marcha en estos momentos, no están ocurriendo de forma espontánea, ¿Verdad?

Esto implica algo terrible para quien ha basado su autoestima en el ejercicio del poder.  Que nunca tuvo derecho a ello. La emoción no puede describirse más que observando su impacto social y diría, a juzgar por el ahínco con que lo niegan todo, que debe resultar desoladora.

No se trata, por supuesto, de culpa. Sentir vergüenza o culpa requiere interiorizar unos valores previos. Lo terrible parece ser la toma de  conciencia repentina de no ser mejor que el resto, ni el ombligo del mundo. Descubrir que tus necesidades no son para el planeta más importantes que las de las abejas, esos bichos, cuando has crecido  convencido de que todo estaba hecho para que tú te beneficies, lo comas, lo caces, o lo compres, debe ser  frustrante. Y además, desencadena un proceso de reflexión que no tiene marcha atrás. Porque si  no tienes derecho a ciertas actitudes no lo tienes y punto, no lo tienes en ningún caso. Reciclar, coger una bici, o ir a la tienda del barrio no son gestos costosos, pueden ser además muy gratos, pero cambiar la visión de ti mismo y tú lugar en el mundo, eso, cuesta y duele.

Así que no resulta extraño que la negación se mantenga a toda costa. Y cuando no se puede mantener se sustituye por pasividad y por mil disculpas para justificar la procastinación y no actuar ni pensar. Cuando hay que hacerlo porque no queda más remedio se hace  de mala gana. Sin ilusión, bajo presión, con retraso, y dejándolo todo a medias. Tampoco es extraño que desde esta mentalidad  la defensa del medio ambiente se ridiculice y se le niegue visibilidad. En esta lucha se barajan  intereses personales  intangibles, por encima incluso del dinero, que  hay que sacar a la luz para entender la dinámica que sigue la oposición al ecologismo.

Afrontar el problema significa reconocer que algo va mal, y por qué va mal. Significa asumir que los hidrocarburos y el glifosato son el síntoma, y el cambio climático y el cáncer las consecuencias, pero el problema de fondo es de actitud. Una actitud que hasta ahora podía dar sentido a todo y resultar incuestionable.

Sin embargo, un día, esa dinámica de oposición cambiará forzada por las circunstancias. Cuando ya no valga tachar a la comunidad científica de «mentirosa«, a las entidades ecologistas de «chiringuitos«, a la ecología política de «frikis«, a la gente de «ignorante«, a cualquiera de «ecologeta«. En fin, cuando los insultos agoten su recorrido, y  la realidad esté a las puertas, llegarán también  la preocupación a destiempo y el miedo. Y esta filosofía que nos trajo hasta aquí, después de resistirse con todas sus fuerzas para evitar una reacción a tiempo, pasará a la acción. Apuesto que henchida del mismo orgullo de siempre, abriéndose paso a codazos contra los chivos expiatorios que encuentre, y reivindicándose a voces  como de extrema necesidad.

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Activista EcoFeminista, miembro de la Red EQUO Mujeres, coportavoz de la Red EQUO Muyeres de Asturias. Candidata en las municipales en Imagina Mieres (ImaxinaMieres) y cabeza de lista a las autonómicas en la lista de Alternativa Verde por Asturias-EQUO (Verdes EQUO).

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