Por Javier F. Ferrero
El pasado noviembre, 3,6 millones de españoles votaron a Vox en las elecciones generales. La formación de ultraderecha se convirtió en la tercera fuerza política con 52 parlamentarios. Una campaña llena de bulos y populismo los aupó a esta posición, Sin embargo, el trato de los medios de comunicación tuvo mucho que ver.

Llegados a este punto, en el que la extrema derecha ya se ha integrado en el Parlamento (aunque no se hayan parado los bulos) los medios continúan una senda muy alejada de lo que significaría un necesario cordón sanitario a la intolerancia. «El País Semanal», la revista dominical de El País, sale de viaje por España para conocer las razones de estos votantes votaron al partido ultra. Una publicidad gratuita para un partido que lleva esta intolerancia por bandera.

Popper y la tolerancia

La paradoja de tolerancia, descrita por el filósofo austríaco Karl Popper en 1945, está enmarcada dentro de la teoría de la decisión y declara que si una sociedad es ilimitadamente tolerante, su capacidad de ser tolerante finalmente será reducida o destruida por los intolerantes.

Popper concluyó que, aunque parece paradójico, para mantener una sociedad tolerante, la sociedad tiene que ser intolerante con la intolerancia, justo lo contrario que se hace en nuestro país, donde es normal que Vox muestre su parecer, difunda vídeos falsos o Abascal sea entrevistado en TVE (la televisión que pagamos todos) con bulos y cifras falsas sin que nada cambie.

Como explican desde el propio medio en un avance de su revista dominical, entrevistan a «una universitaria madrileña (que aparece en portada), un camionero almeriense, un ingeniero agrícola murciano, una médica, un agente antidisturbios, un emigrante retornado, obreros, autónomos, jubilados… Personas de distintas edades, procedencias y niveles socioeconómicos. Retratamos a los votantes de Vox».

Es un error considerar a los medios como una industria más en un mercado libre de ideas, sino que deben considerarse unos entes con una responsabilidad ante la comunidad social y el bienestar general. Y esa responsabilidad social carece de sentido si no se sitúa dentro de un contexto ético, algo en lo que está fallando nuestra prensa.

La ética periodística

Con el ejercicio ético del periodismo se establece un compromiso con la sociedad, y en especial con el principal destinatario de la información: el ciudadano. La sociedad, recíprocamente, ofrece su credibilidad y confianza hacia el trabajo del periodista.

La mayoría de los códigos deontológicos recogen una apelación común a la Responsabilidad Social de los Medios o del periodista. El Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO, en su Principio III, dice: “La información en periodismo se entiende como bien social y no como un producto, lo que significa que el periodista comparte la responsabilidad de la información transmitida y es, por lo tanto, responsable, no solamente ante quienes controlan los medios, sino principalmente ante el público, incluyendo variados intereses sociales. La responsabilidad social del periodista requiere que él o ella actúen, bajo todas las circunstancias, en conformidad con los principios de la ética profesional”.

Del mismo modo, el Código europeo de deontología del periodismo, en el apartado 1, dice: ”Además de los derechos y deberes jurídicos que están recogidos en las normas jurídicas pertinentes, los medios de comunicación asumen en relación con los ciudadanos y la sociedad, una responsabilidad ética que es necesario recordar en los momentos actuales, en los que la información y la comunicación revisten una gran importancia para el desarrollo de la personalidad de los ciudadanos así como para la evolución de la sociedad y la vida democrática”.

Responsabilidad, El País: no toleremos a los intolerantes.