«Como animales» y «en condiciones mucho peores que un campamento de refugiados». Así ha descrito el relator de Extrema Pobreza y Derechos Humanos de la ONU, Philip Alston, la realidad en la que viven los temporeros de la fresa de Huelva.

El relator del organismo internacional denunció que, mientras la industria que recauda millones de euros, hay personas que viven en condiciones «deplorables». «No sé quién va a actuar, pero alguien tiene que hacer algo», señaló el relator.

Alston también ha detallado que al preguntar de quién era la responsabilidad de esta situación, «todo el mundo apuntaba a otro lado», derivando la responsabilidad hacia otros sin asumir ninguna culpa. Alston ha insistido en que «la responsabilidad es de todos y de nadie, pero es esencial que ayuntamientos, Comunidades Autónomas y el Gobierno actúen».

El relator se refiere a la situación de los inmigrantes en Lepe (Huelva), cuyo informe preliminar indica que los migrantes «están a kilómetros de distancia del agua y viven sin electricidad o saneamiento adecuado. Muchos han vivido allí durante años y pueden pagar el alquiler, pero dijeron que nadie los aceptará como inquilinos. Están ganando tan solo 30 euros por día y casi no tienen acceso a ningún tipo de apoyo gubernamental».

Para la ONU, las condiciones de los trabajadores en Huelva son «simplemente inhumanas» y que unas 2.500 personas viven de manera similar durante la temporada de fresas. Alston siente que «España les está fallando por completo a las personas que viven en la pobreza» y que «debería mirarse de cerca en el espejo».

Todo un toque de atención tanto a los que ganan dinero en el sector a base de explotar de forma inhumana a sus trabajadores, como a quien tiene que controlar desde las instituciones que no se cometan este tipo de abusos.