Javier F. Ferrero

En este momento empiezan a mirar hacia el futuro y se preguntan: ¿Y ahora qué? Están empezando a pensar qué clase de futuro les espera y aquí es donde aparece un nuevo nivel de ansiedad y miedo”, describió Simon Ingram, asesor principal de comunicaciones de UNICEF.

Según indica un nuevo informe del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) publicado este jueves, a más de medio millón de niños rohinyás que viven en los hacinados campamentos de refugiados del distrito de Cox’s Bazar en Bagladesh se les niega una educación adecuada. De los poco más de 28 millones de dólares que el Fondo de la ONU para la Infancia pidió este año para financiar la labor educativa con los refugiados rohinyás, solamente ha conseguido recaudar una cifra ligeramente superior al 50%, lo que complica el futuro de estos cientos de miles de niños.

El informe destaca el importante desafío en materia de educación que supuso para UNICEF y sus socios la repentina llegada de un gran número de menores rohinyás y subraya que, gracias a un gran esfuerzo de ayuda internacional liderado por el Gobierno de Bangladesh, se ha logrado establecer los servicios básicos para los refugiados y se han disipado los temores del contagio de enfermedades.

Actualmente, se está elaborando un nuevo programa de aprendizaje que busca elevar el nivel de lectura, escritura, lenguaje y aritmética de estos niños. Según las cifras de UNICEF, en julio de 2018, estaban activos unos 1200 centros de aprendizaje y se había matriculado a casi 140.000 niños. Sin embargo, no había un plan de estudios común, las aulas a menudo estaban saturadas y carecían de agua y otros servicios básicos.

El estudio destaca la necesidad de que la comunidad internacional invierta para conseguir una educación de calidad para todos los menores rohinyás. “Si no invertimos ahora en educación, corremos el peligro de ver a una “generación perdida” de menores rohinyás, niños y niñas que carecen de las aptitudes que necesitan para hacer frente a su situación actual, y que serán incapaces de contribuir a la sociedad cuando puedan regresar a Myanmar“, dijo Edouard Beigbeder, representante de UNICEF en Bangladesh.

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