La Casa del Rey no informa sobre ningún regalo personal o institucional que se haya hecho a los monarcas o sus familia anteriormente a 2015.

Según confirmaba a El Mundo en 2014 una persona del entorno de Juan Carlos I, al Palacio de la Zarzuela llegaban regalos de todo tipo: «la cifra llegaba a ascender al centenar diario, especialmente coincidiendo con el cumpleaños de Don Juan Carlos, el 5 de enero. No sólo los enviaba gente poderosa, sino también ciudadanos corrientes».

«Los más generosos eran los monarcas árabes. Por ejemplo, Hussein de Jordania regaló a Don Juan Carlos una vez un caballo pura sangre y otra una pistola de metacrilato con piedras preciosas incrustadas de valor incalculable».

El regalo más famoso que se le hizo al rey emérito fue el yate Fortuna, después de que empresarios baleares lo mandaran construir para fidelizar los veranos mallorquines de la familia real. El rey se desprendió del barco en 2013 y Patrimonio Nacional lo devolvió a los empresarios, que lo vendieron a la naviera de Abel Matutes por más de dos millones de euros.

A partir de 2015 la política de regalos reales cambió, tras la entrada en vigor de la Ley de Transparencia en diciembre de 2014 y la llegada al trono de Felipe VI. El 1 de enero de ese año, la Casa Real publicó la Normativa de regalos a favor de los miembros de la Familia Real, inspirada en la ley y tan incompleta como esta en el apartado de los regalos. También a partir de ese año la Casa Real decidió publicar anualmente un listado oficial de los presentes institucionales recibidos.

La propia normativa contempla una excepción para las ocasiones más personales y especiales: «En el caso de aniversarios o celebraciones de carácter singular de algún miembro de la Familia Real en los que se presuma que darán lugar al ofrecimiento de regalos, se establecerá un régimen propio que será objeto de información pública», dice el punto 4.3. de la normativa que regula estos presentes.

La casa real británica también tiene un reglamento de regalos, pero desde hace décadas. La diferencia es que tiene un límite: cuando alguien haga un regalo personal a los miembros de la familia de Isabel II sin que les una amistad o parentesco, el regalo no debe superar las 150 libras. Si lo hace, debe ser donado.