En medio de la crisis energética provocada por la invasión rusa a Ucrania surge una aparente contradicción: los países occidentales ruegan a la OPEP+ y a otros productores hidrocarburíferos a que incrementen la producción para aliviar los precios pero, al mismo tiempo, buscan avanzar en la descarbonización de sus fuentes de energía.

Mientras tanto, los países de la OPEP+ (a la que pertenece Rusia) han ignorado estas súplicas y a principios de octubre acordaron recortar en dos millones de barriles su producción diaria de petróleo para intentar mantener los precios por encima de 90 dólares/barril, que duplica el precio medio histórico.

Dolores de cabeza para Occidente

Obviamente, los líderes occidentales recibieron como un jarro de agua fría los planes de producción del cártel petrolero, pese a que el recorte es modesto (un 2 % de la oferta petrolera global).

En el contexto actual de disrupciones en las cadenas de suministro globales, tipos de interés al alza y conflictos geopolíticos, los altos costes energéticos aumentan el riesgo de recesión entre los importadores netos de hidrocarburos.

Organismos internacionales como el FMI o la OCDE no paran de revisar a la baja sus perspectivas de crecimiento económico mundial para 2022 y 2023.

En su visita del pasado verano a Arabia Saudí, el presidente norteamericano Joe Biden procuró ser amigable con el príncipe saudí Mohammed Bin Salman, pese a las sospechas que recaen sobre él por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, en la embajada saudí en Estambul en octubre de 2018. Ahora, el tijeretazo sobre la oferta petrolera ha enfurecido a Biden, que ha acusado al reino saudí de haberse aliado con Rusia, ya que el viceprimer ministro ruso estuvo presente en las negociaciones del cártel.

Biden ha prometido que el posicionamiento de Arabia Saudí, líder de la OPEP+, tendrá consecuencias diplomáticas. Y es que, además, el recorte ha venido justo antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato, en las que los republicanos tienen muchas posibilidades de arrebatarle a los demócratas la mayoría.

El punto de vista de los productores

Por su parte, Arabia Saudí y otros miembros del cártel petrolero defienden que su decisión fue tomada por los 24 países miembros, no solo por Arabia Saudí y Rusia, y se basó en criterios puramente económicos.

Tampoco han sentado bien las propuestas estadounidenses y de la UE de topar el precio de los hidrocarburos rusos. Los países productores temen que este tipo de medidas podrían usarse contra ellos en el futuro, aumentando el control del mercado de los consumidores ricos.

Los países productores necesitan precios relativamente altos y estables para invertir en la explotación de nuevos yacimientos petroleros, una actividad esencial que fue especialmente insuficiente entre los años 2014 y 2020, caracterizados por los bajos precios del petróleo.

Según el más reciente informe de previsiones de la OPEP, la industria necesitaría invertir más de 12 billones de dólares hasta 2045 en exploración, producción y refinería, para garantizar el suministro a una población global creciente, especialmente en la India, China y otros países emergentes.

Con la vista puesta en Asia

Son precisamente las previsiones para la economía china lo que preocupa a los miembros de la OPEP+. Su férrea defensa de la política de covid cero, el riesgo de la explosión de la burbuja inmobiliaria y el control de las grandes empresas tecnológicas por parte del Gobierno chino reducen las previsiones de crecimiento de uno de los mayores importadores mundiales de crudo y pueden arrastrar a la baja los precios de los hidrocarburos.

Además, el resto del sudeste asiático también se enfrenta a nubarrones económicos ante la depreciación de sus monedas frente al dólar, los incrementos de los tipos de interés y el alza de los precios de materias primas.

Importancia recobrada

De todas formas, la crisis energética occidental ha reforzado la posición de los países productores de crudo y gas natural en el mercado global. Las monarquías absolutas que reinan en muchos de ellos ya no obedecen a los dictados de Washington. Se les considera unos espíritus libres en medio del drama geopolítico ucraniano.

Mientras las previsiones de crecimiento de la mayoría de los países se revisan a la baja, las de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Kuwait se vuelven más altas y sus cuentas fiscales más saneadas.

Muchos buscan invertir los ingresos generados por las exportaciones de crudo en proyectos que permitan la diversificación económica, antes de que sus mayores clientes consigan desarrollar energías alternativas.

Sin embargo, la aparente alianza de los productores de crudo con los intereses rusos puede incentivar a los países europeos y norteamericanos a acelerar sus planes de descarbonización, por lo que los miembros de la OPEP se arriesgan a jugar con fuego a largo plazo.

Eszter Wirth – The Conversation

DEJA UNA RESPUESTA