La muerte del archiduque Francisco Fernando el 28 de junio de 1914 daría el pistoletazo de salida para una de las guerras más crueles de la historia, la Primera Guerra Mundial.

Esta guerra significó un profundo debate en el seno del movimiento obrero internacional, que desde su nacimiento mantuvo una lucha por la paz, y en el anarquismo. El socialismo internacional, salvo excepciones, se posicionaron con sus respectivos países durante el conflicto. El anarquismo fue más claro en su postura ante la guerra y se opusieron a cualquier tipo de conflicto que enfrentara a pueblos y trabajadores. Alguno de los pensadores más destacados del anarquismo como Kropotkin mantuvieron posiciones distintas a las defendidas hasta el momento e inició una fuerte campaña en favor de las potencias aliadas.

Algo que distinguió a España de otros países fue que una misma organización, la CNT, se opuso en bloque a la guerra. Esta oposición a la guerra hizo que el anarquismo español impulsase la celebración de un Congreso Internacional de la paz que tuvo como sede la ciudad de Ferrol. El congreso estaba asumido e impulsado por la CNT y contó con el apoyo de las figuras más importantes del momento: Eusebio Carbó, Ángel Pestaña, Antonio Loredo, Mauro Bajatierra, etc. Al mismo estaban invitados diversos organismos y personalidades internacionales y todas las corrientes obreristas de distintos países.

Cuando estalla la guerra mundial, la CNT está legalmente disuelta. No obstante, sociedades obreras de Barcelona que mantienen su tradición, publican en mayo de 1914 un Manifiesto contra el militarismo. En la prensa anarquista se denuncia la traición al internacionalismo hecha por los socialistas europeos. Frente a la guerra se entiende que la solución no es «una hegemonía firmada por vencedores y vencidos», sino el renacimiento de la Internacional: «poseídos de racional optimismo, los asalariados que conservan la tradición de la Asociación Internacional de los Trabajadores, con su histórico e intangible programa, se presentan como los salvadores de la sociedad humana» (A. Lorenzo).

La CNT volvía a la legalidad tras tres años proscrita con más militantes que cuando fue ilegalizada por el gobierno. Y aunque el sindicalismo revolucionario francés estuvo en su mayoría por la paz, fue la CNT la única organización del movimiento obrero que se opuso en bloque al conflicto bélico.

El Gobierno español de Eduardo Dato prohibió la celebración del congreso argumentando que se preparaba una reunión internacional de anarquistas. Aun así se celebraron dos sesiones donde participaron delegados españoles, portugueses y franceses. La policía procedió a la detención y expulsión del país de los delegados extranjeros. La protesta de los delegados españoles no se hizo esperar, pero el congreso se reanudó sólo con presencia española.

Dada esta situación, los temas del congreso variaron y comenzaron a debatir sobre la reorganización de la CNT, que hacía unos meses que había salido de la clandestinidad y se tomó el acuerdo de que si España decidiese entrar en Guerra se convocaría una huelga general.

Este congreso dejó huella ya que su iniciativa y sus acuerdos fueron la base del anarquismo internacional contra la guerra y significó el definitivo afianzamiento de la CNT en el seno del movimiento obrero español.


Fuentes: Diagonal, Portal Libertario Oaca, Wikipedia.