Fernando Viñegla Prades
Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas


Hay una verdad ineludible para las (personas, entidades, instituciones) que somos conservacionistas del medio ambiente: se necesita tener algo que poder conservar. Ya sea una especie emblemática, un grupo faunístico, un bosque, un ecosistema singular, un modelo de producción sostenible, una riqueza etnocultural…se necesita algo que ya tenga un valor y que, merecidamente, se invierta en su conservación.

Siguiendo ese enfoque, se han conseguido avances en la aparición de figuras que protegían o resaltaban la importancia de estos elementos a conservar: Espacios Naturales Protegidos y otras figuras de protección, Red Natura 2000 o los actualmente necesarios Sistemas de Alto Valor Natural. No en todos ellos se ha alcanzado el valor de trascendencia deseado, pero sí hay una certeza: en estos espacios es imperante la inversión para la conservación y la integración de los modelos de producción. Especialmente, desde la PAC, en actividades primarias como la agricultura, la ganadería, la pesca o la silvicultura

Pero entonces, surge la pregunta: ¿qué se hace con los territorios que no tienen “nada”?

¿Qué se hace con el medio ambiente de zonas como la de la siguiente foto, en Novés (Toledo), donde la intensificación del campo ha dejado un paisaje tan degradado, que no tiene “nada” que conservar?

Campo de cereal en Novés, Toledo. FIRE

Ante esta pregunta, con muy variado abanico de respuestas, la PAC sólo tenía una: cambia tu cultivo y pon una plantación de árboles.

El resultado, desde el punto de vista de la ecología, puede considerarse “positivo”, ya que la PAC consiguió reimpulsar las reforestaciones en España, plantando por ejemplo una supertificie total de 668.000 ha durante el periodo de 1993-2006 (Vadell et al. 2016). Sin embargo, también presentó cuestiones ecológicas que se deben mejorar, como el elevado número de masas monoespecíficas o la densidad de especies pirófitas.

Desde el punto de vista social, los propietarios de estas zonas se encontraron ante un estado binario que no permitía la conciliación entre la vegetación y la producción. Los agricultores que apostaban por ceder una parte de su terreno a la naturaleza, pero querían seguir cultivando la tierra, se veían abocados a una reducción constante de las subvenciones por parte de la PAC: el terreno en el que plantaran vegetación, pasaba de ser considerado tierra arable a zona improductiva, y por tanto se reducía la superficie total elegible. Y es importante recalcar la constancia en la reducción ya que, al hacerse los cálculos de superficie mediante ortofotos, conforme aumentaran las copas de la vegetación plantada, menor era el espacio arable que se apreciaba desde la vista cenital.

Un caso paradigmático que conocemos, pero no por ello el único, es un compañero agricultor de L’Alcudia, Valencia, que en 1997 decidió comenzar a parcelar y revegetar las lindes de su cultivo, con el consecuente aumento de servicios ecosistémicos y de biodiversidad, y que en la actualidad tiene 70 recintos en su finca declarados como improductivos. Ha perdido un 10% de la superficie elegible que tenía hace 22 años.

De forma adicional, esta alternativa sin grises intermedios, lamentablemente se alineaba también con las dinámicas demográficas del abandono del campo. El impacto puede ser considerado algo residual, porque no había tanta concienciación con el medio ambiente y sus beneficios como hay en la actualidad. Sin embargo, es una arista a considerar ya que, ¿qué alternativa le proporcionaba a los agricultores concienciados pero que querían seguir trabajando su parcela?

Esta realidad hacía que en estos “desiertos ecológicos”, sin nada que conservar, se agudizara la espiral de crisis medioambiental: no hay vegetación (y los pocos retazos presentes son monoespecíficos y de una calidad ambiental escasa), por tanto no se puede invertir en su conservación, por tanto se degradan más, y por tanto tienen aún menos que poder conservar…

Para poder frenar esta rueda de degradación, se necesita una PAC justa con estos territorios, una PAC que no se olvide de la restauración ecológica del medio ambiente (con el ser humano como parte esencial del ecosistema agrario) y que no penalice a aquellos que quieren impulsar estos esquemas.

Es por ello que, desde la Coalición PorOtraPAC, se está trabajando para que la nueva PAC tenga un enfoque de paisaje con la recuperación del medio ambiente, en donde se fomente la inversión en zonas conservadas y al azar en el territorio, pero también en esos terrenos sin nada que conservar cuyos habitantes sí que quieran seguir viviendo del campo. Que les apoye y les promocione, y que no vean reducida sus superficie elegible por contribuir con la restauración ecológica de su zona.

Además, con esta estrategia conjunta, se potencia de forma directa tanto el ámbito ecológico (aumento de la conectividad ecológica con el consecuente aumento de biodiversidad) como el productivo (mejora de la resiliencia de los cultivos y provisión de servicios ecosistémicos), pero…¡esto ya será en otro artículo!

Vadell, E., de-Miguel, S., & Pemán, J. (2016). Large-scale reforestation and afforestation policy in Spain: A historical review of its underlying ecological, socioeconomic and political dynamics. Land Use Policy, 55, 37–48. doi:10.1016/j.landusepol.2016.03.017
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