La patria no es algo, es alguien

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Por Javier Díaz Ortiz @JaviRanvich


Una bandera que colgar en el balcón, un himno sin letra que tararear y un pedazo de tierra al que llamar país. Para muchos, para los simples, eso es patria. Pero esta es una gran equivocación, un error que ha provocado absurdos enfrentamientos en una patética competición por demostrar quién es el más patriota. Estos y otros símbolos no son patria, sino instrumentos físicos de representación. Sin embargo, son muchos los que insisten en el error de confundir los símbolos con la patria, y creen que el patriotismo se demuestra con innecesarias exhibiciones de simbología vacía.

No es patria el que tributa en Suiza, ni el que gobierna y roba al mismo tiempo, ni el que besa la bandera y pisa al vecino. Tampoco lo son los que venden preferentes para poner una piscina más grande en su chalet de la sierra, ni los que cierran hospitales pero aumentan sus sueldos, ni los que recortan hasta que mentes brillantes tienen que abandonar sus estudios porque no pueden permitírselos. No son patria sino hipócritas parásitos que suponen un lastre para el avance de la sociedad. Son la peste que perdura en el tiempo y lo corrompe todo.

La realidad de la patria es otra. Su naturaleza no reside en objetos inertes, sino en personas. La patria no es algo, es alguien. Aproximadamente unos 47 millones de personas que habitan en este país. Son sus derechos, su dignidad, la riqueza de la cultura y el conocimiento. La patria, mi patria, son los pensionistas que mantienen una familia con ingresos mínimos, los trabajadores con sueldos precarios, el feminismo imparable, los movimientos sociales en defensa de los servicios públicos, los que desafían y no callan. Mi patria es la gente, porque hacen del orgullo un sentimiento profundo y de la lucha por la sociedad una forma de vida.

Un día, un 12 de octubre con recuerdos de colonización para envolverse en una bandera y llegar al éxtasis al ritmo de marchas militares. Una tribuna de caras al sol con sociedades en Panamá y una cita con la justicia de un mañana que llegará. No se necesita un día al año para defender la patria, sino una vida para luchar por ella, por lo que es en realidad. Desacertadas fechas con desacertadas celebraciones no pueden distraernos de lo que es la patria: las personas.

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