Por Arjuna

¿Que yo me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y ¿qué? Soy inmenso y contengo multitudes, decía el gran Walt Whitman en uno de sus célebres poemas. En mi caso no quiero hurgar en la contradicción del título de este artículo escrito en un pispás, sino apuntalar una afirmación empírica.

Cuando veo a un personaje que se recrea repitiendo sentencias, principios, de los padres y madres fundacionales del socialismo y, luego camina con el culo tan pegado al suelo que cuando se tira un pedo huele a Franco, exclamo ¡My God! ¿Se trata de algo real o de algún espejismo sensorial?

Una parte nada despreciable de la izquierda de pata negra, (esa que hociquea en el mascarón de proa de El País o en El Cascabel de La Trece) echa culebras y sapos por la boca contra la juventud verde e inmadura que, a su juicio, no tiene ni idea de los hilos que mueven el mundo. Como están bien pagados, encarnan la autosatisfacción que carece de antenas para captar que ha llegado una nueva generación con un nuevo discurso.

Otros zurdos que han engordado tanto como los luchadores japoneses de sumo -considerados semi dioses en el Imperio del Sol Naciente- a veces aparecen en yates frotándose la barriga y, al tiempo que contemplan el volar de las gaviotas de dorso ceniciento, afinan un análisis vitriólico contra los podemitas que no saben nada del socialismo y que, sin duda, ocupara un lugar estelar en la portada del diario global.

Las infames estrategias de los Mass Media para captar público son infinitas y en eso juegan un papel fundamental los influencers, muchos de ellos superhombres que viven acojonados con la idea de que la historia les encierre en una botella y los arroje a las aguas del Rio Lete.

El rechazo monumental que provoca Podemos, IU y los movimientos afines en la vieja “Gauche Divine” nacional que goza convirtiendo secuoyas gigantes en bonsáis, es un fenómeno social y psicológicamente patológico.

A pesar de los obstáculos que ponen las clases dominantes (incluyendo las susodichas izquierdas cavernarias) innúmeros hombres y mujeres aspiran a crear un mundo mejor y creen que eso es posible derribando muros y construyendo esperanza.

El bipartidismo español parió un oscuro periodo de decepción que aborrece todo lo que huele a renovación primaveral. No es suficiente lavarse las manos y echar la culpa al otro. Es imperativo recuperar la Historia Crítica, la que -decía Nietzsche- “sienta al pasado en el banquillo de los acusados y pone a cada cual en su lugar” (1).

Contra el letal y narcotizante establishment estallaron un 15-M, un 0,25-M y un 8-M que, desde la transversalidad y una nueva realidad que cabalga en el tigre de la inteligencia colectiva, exigen cambios urgentes y necesarios que posibiliten el salto comunal.

Los que se abotargaron en las puertas giratorias y los que nos metieron en guerras con mentiras merecen, como mínimo, un juicio simbólico para saber qué cajón deben ocupar en el armario de la Historia Crítica (la que desprecia la oficial escrita de arriba abajo), la que es amante predilecta de la Memoria Histórica, la hermosa diosa Mnemosine.

-1- Nietzsche. Su ensayo las Tres Cara de Clío (tres formas de abordar la historia) está incluido en su obra “Consideraciones Intempestivas (1873-1875). Segundo fragmento “De la utilidad y los inconvenientes de los estudios históricos para la vida”.

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog: Nilo Homérico, en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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