La periodista y abogada congoleña Caddy Adzuba (Bukavu, 1981) denuncia que las mujeres son un arma de guerra más en la República Democrática del Congo (RDC), violadas por los rebeldes y las fuerzas armadas para destruir las familias, el eje más importante de las comunidades congoleñas.

Adzuba, investida este martes doctora honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), ha explicado en una entrevista con Efe su lucha por los derechos de las mujeres en la RDC, a la que la vida le empujó: «¡No tenía otra opción!».

La periodista cruzó sola la selva cuando tenía 14 años a causa de la guerra y en ese camino de 500 kilómetros vio cómo las mujeres eran torturadas y violadas «con una crueldad inimaginable» por las fuerzas armadas y grupos rebeldes.

«Siempre me pregunté qué habían hecho para merecer esa violencia y el deseo de obtener una respuesta me llevó a dedicarme al periodismo», explica la activista, amenazada de muerte varias veces.

Desde el año 2009 es locutora en Radio Okapi, una emisora creada por las Naciones Unidas y la más escuchada en todo el país.

«La radio da voz a los que no la tienen y a mí me permite hablar de las mujeres que han sufrido violencia sexual para poder exigir demandas al gobierno congoleño», expone Adzuba.

La periodista razona que «el esfuerzo para hablar en la esfera pública del problema de la violencia sexual en el Congo ha llevado a que las mujeres acepten su situación y tengan la fuerza suficiente para denunciar las violaciones delante de la justicia».

«Hoy han logrado aceptar y decir, vale, nos han violado, ¿y qué?, no estamos todavía muertas, todavía tenemos la capacidad para trabajar por el desarrollo de nuestro país y de África», destaca Adzuba, premio Príncipe de Asturias de la Concordia del año 2014.

«Somos supervivientes, pero no solo para nosotras mismas, sino como ejemplo para todas las mujeres del mundo que han sufrido este tipo de violencia», expone la también abogada.

Hasta 2005, «la mujer era utilizada como arma de guerra pero la radio no hablaba de ello, solo de fútbol y nada más», explica Adzuba, que trabajaba entonces en la Radio Nacional de la RDC.

Presidenta de la Asociación de Mujeres de los Medios del Este del Congo, Adzuba insta a las autoridades congoleñas a mejorar la situación de las féminas y a hacerles de altavoz.

Desde hace cinco años trabaja con la obsesión de conseguir que las mujeres que han sufrido violencia sexual puedan llegar a ser «diputadas, ministras y por qué no, presidentas».

Adzuba es muy crítica con las potencias internacionales, a las que responsabiliza de la situación de las mujeres en el Congo, porque «las guerras han sido propiciadas para la explotación de minerales».

«Detrás de la fabricación de los móviles y ordenadores está la sangre de la mujer congoleña», sentencia, y lamenta la impunidad existente, aunque «el cuerpo jurídico de la RDC sea rico en normativas contra las violaciones».

Preguntada por si considera que a nivel global los derechos de las mujeres han avanzado, Adzuba destaca que en África «también tenemos una visión optimista de los derechos de la mujer, aunque sobre el terreno estemos lejos de conseguir la igualdad».

«Los problemas son a nivel financiero, las mujeres que sobreviven a las violencias sexuales son las más pobres: mujeres que antes vivían solas, gestionaban su propia parcela y eran felices, ahora lo han perdido todo», apunta.

Aun así, Adzuba considera que en Europa y en España la situación no es tan favorable: «me he enterado de que en España cada mes hay más de una mujer asesinada y por eso creo que la violencia es un problema que nos interpela globalmente a todas las mujeres», destaca.

«Las mujeres tenemos que fusionarnos y trabajar juntas, porque mientras en África luchamos para unas mejores condiciones económicas, en Europa hay que hacer esfuerzos para potenciar una nueva masculinidad desde la escuela», insiste.

Sobre la situación política en la RDC, donde se ha denunciado fraude electoral en las últimas elecciones de diciembre, Adzuba analiza que «aunque ha habido muchas irregularidades, hay que hacer concesiones en nombre de la paz, aunque eso signifique pactar con el diablo».

Ares Biescas Rué.

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