Laura Campillo 
Formadora de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres


“Mi novia es mía”, “si yo le digo que no quede con sus amigas lo hará porque me quiere”, “¿qué podemos hacer si después de dejarlo mi exnovio no me deja en paz y me controla por redes sociales?”.

Estas son frases reales que el equipo formador de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres escucha día a día en los institutos cuando imparte talleres de coeducación y prevención de la violencia de género entre adolescentes. 

Sus dudas y comentarios cuando explicamos qué es la violencia machista o cómo los estereotipos de género han construido desigualdades sociales reflejan la urgente necesidad de que desde edades tempranas se reciba formación para prevenir relaciones violentas. 

Esta realidad, que comprobamos en la intervención directa en los institutos, la amparan los datos. En España, desde el año 2016 se han registrado 155 víctimas de agresiones sexuales múltiples, una de cada tres eran menores de edad. En estos mismos delitos participaron 124 varones menores de 18 años. 

A pesar de estas cifras, en los últimos días ha sido noticia cómo asociaciones de ideología ultra católica acudían a los colegios e institutos de distintos puntos de España para repartir planfletos en contra de la formación en igualdad, alegando que los centros educativos deberían contar con una autorización expresa de las madres y los padres para poder impartir la educación. 

Además, estos colectivos se dedican a elaborar una especie de “lista negra” de colegios e institutos donde alguna vez se han desarrollado actividades dedicadas al feminismo o a la igualdad LGTBI, criminalizando la educación. 

La labor del profesorado y de las personalidades expertas en formación es educar, independientemente de la ideología de las familias de los alumnos. Requerir una autorización para realizar un trabajo sería un ejercicio de censura impensable con cualquier otro tipo de contenidos. 

¿Seríamos capaces de imaginar que asociaciones de ultra derecha solicitaran un consentimiento familiar para poder explicarles a nuestros hijos e hijas lo que fue la Segunda República o la Revolución Rusa? De momento es impensable, pero solicitar una autorización para decirle al alumnado que mujeres y hombres tenemos los mismos derechos y que podemos amar a quién queramos sin que nos juzguen por ello, desde luego es un buen comienzo para alcanzar esa situación surrealista. 

La perspectiva de género, la educación en igualdad y la afectivo-sexual no son ninguna ideología, son formación básica para que los niños y niñas puedan entenderse a sí mismos y a los demás y mantener relaciones empáticas basadas en el respeto mutuo. 

No podemos ignorar que el bullying está estrechamente relacionado con el género y la identidad sexual. Desde la infancia, muchos de los insultos van dirigidos a aquellas personas que se separan de la construcción estereotipada de la masculinidad o de la feminidad, y con los años esas conductas pueden desembocar en machismo, homofobia y transfobia. 

Las organizaciones feministas vamos a continuar acompañando a los centros educativos que nos solicitan colaboración para transmitir valores igualitarios a su alumnado, que afortunadamente constituyen una mayoría. 

Pretender sesgar la formación de los y las jóvenes en aras de la ideología de su familia pone en peligro los principios de igualdad y no discriminación de las generaciones presentes y futuras.


Laura Campillo, Formadora de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres
 

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