Nota: Estas líneas quieren responde directamente al artículo Un Gobierno con Pablo Isla y Rafa Nadal, firmado por el periodista Manuel del Pozo en el diario Expansión, en su versión online dentro del espacio llamado Peón de Dama y publicado el 25 de Mayo de 2020, donde el autor hace un ejercicio de fantasía especulativa sobre su gobierno soñado. https://www.expansion.com/blogs/peon-de-dama/2020/05/20/un-gobierno-con-pablo-isla-y-rafa-nadal.html

Iván Fernández Frías
Como en la clásica escena donde se hace la alineación de los protagonistas en una película de grandes robos, el señor Manuel del Pozo en el artículo Un gobierno con Pablo Isla y Rafa Nadal nos presenta un quién es quién de los más reputados empresarios de España y el puesto que ocuparían en este gobierno ficticio. Gracias a su buen hacer dentro de el agitado mundo ultracapitalista empresarial, estos adalides del neo liberalismo pueden salvar a España del desastre. ¿Cómo? Se pregunta el lector. Dirigiendo al país como una gran empresa, donde los engranajes internos de la misma solamente puedan evaluarse en términos de rédito económico.

El artículo no pasaría de un pueril ejercicio de snobismo y lameculismo empresarial patrio si no fuera porque subyace una idea fuerza en todo el texto muy perversa: el mejor de los gobiernos posibles ha de ser regido por grandes empresarios. Se sigue que, entonces, lo deseado es que el país, España, se convierta en una empresa. Una empresa donde todos los ámbitos tengan que rendir cuenta y cuyo fin final no sea que otro que el beneficio económico. Llamaremos a este pensamiento empresarialismo, basado en la ficción febril neoliberal de que el gobierno de todos deba regirse como una empresa. A algunos puede parecer que esta idea no va desencaminada, sobretodo si atendemos a la calidad política de algunos de los parlamentarios españoles. La idea no es nueva, y está jalonada de éxitos (Donald Trump es aquí el referente) y de grandes fracasos (500 millones de dólares se gastó Michael Bloomberg en las primarias demócratas para retirarse a las primeras de cambio).

El problema es cuando llevamos hasta las últimas consecuencias la idea del Estado-Empresa, donde sólo cabe la competitividad. ¿Qué pasa con todos los ámbitos que no dan beneficio económico pero que son fundamentales para el crecimiento de un país? ¿Qué pasa con las poblaciones o grupos sociales que están al margen de la máquina productiva? ¿Se les despide? No voy a entrar en la calidad ética o el patriotismo de los representantes del listado de Manuel del Pozo. Lean y juzguen por ustedes mismos.

Hemos visto durante esta Pandemia la importancia de contar un Estado fuerte para otorgar servicios a la ciudadanía. Imagínense la tragedia de tener que pagar por hacerte la prueba del Coronavirus. Ver como tus seres queridos mueren en la UCI y, sin darte tiempo a llorar, el hospital te pasa una factura de cientos de € por los respiradores, la cama y el servicio del personal sanitario. ¡Es el mercado, amigos!

Para terminar, me gustaría destacar una frase del autor de este argumentario empresarialista. “Las mentes más brillantes del país para sacarnos del atolladero”, dice el periodista, sin un ápice de rubor, ni vergüenza. Las mentes más brillantes y ni un sólo intelectual, periodista, escritor, poeta, filósofo, científico…La brillantez reducida a la presentación de Cuentas y dividendos de las grandes corporaciones. Y deportistas de élite. Una plutocracia para tiempos de crisis, donde el Estado-Empresa competiría con otros Estados-Empresas por vender más. El capitalismo estructural invadiendo la escasa parcela social que aún puede preservar al hombre de la competitividad. Ya lo dijo Voltaire: Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.