La resaca del anuncio de que Juan Carlos I nos está dejando ver a las claras que, independientemente de los escándalos que azotan a la Casa Real, la prensa española va a seguir bailando el agua a la monarquía. Juan Carlos de Borbón se va de España sin haber pagado por sus presuntos delitos fiscales, al menos por ahora.

Después de que la Casa Real emitiese el comunicado en el que anunciaba que el rey emérito había decidido abandonar el país “ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada” comenzó el proceso de limpieza.

Los titulares de El País, ABC, La Razón y El Mundo son los siguientes: “Juan Carlos I comunica a su hijo su decisión de trasladarse fuera de España”. “El Rey Don Juan Carlos I anuncia que se va fuera de España”, “El Rey Juan Carlos comunica a Felipe VI su decisión de trasladar su residencia fuera de España”. “Juan Carlos I comunica su decisión de irse de España”.

Se va, dicen. No le hemos echado, según ellos. Esto es así porque Juan Carlos I abandona el país para que la Monarquía siga intacta, para facilitar el ejercicio de las funciones de Felipe VI “desde la tranquilidad y el sosiego que requiere -subraya- tu alta responsabilidad”, según dice el propio Juan Carlos I.

La última vez que logramos echar a un rey sucedió cuando el padre de Juan Carlos, Juan de Borbón, escapó hacia Portugal tras la proclamación de la II República española. La Guerra Civil y el asalto al poder por parte del genocida franco hizo que regresase, con su descendencia con él. Desde entonces, los ecos franquistas llevaron a la prensa española a defender a la monarquía a ultranza como una parte irrenunciable de España.

También el abuelo de Juan Carlos vivió en el exilio: diez años, hasta su muerte en 1941, en Roma, donde vivió sus últimos años de vida. “Los españoles han echado al último Borbón no por Rey, sino por ladrón”, escribía Ramón María del Valle-Inclán sobre Alfonso XIII. Porque a él sí le echamos, a pesar de todo.

Sin embargo, Juan Carlos de Borbón se va de España, según la prensa. Nadie menciona la palabra fuga. Porque si algo es cierto es que el emérito no ha pagado por sus presuntos delitos fiscales. Y no lo hace porque la monarquía escapa al control al que debería estar sometida cualquier institución mientras la prensa da palmas.