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La prensa sudanesa se quita los grilletes

La redacción del periódico sudanés «Al Yarida» está casi vacía. Sus periodistas, por primera vez, han salido a la calle para trabajar libremente.

«Antes tenían que quedarse en la redacción porque no tenían permiso de salir», recuerda el director del rotativo, Awad Mohamed Awad, evocando los recientes tiempos de represión bajo el yugo de Omar al Bashir, ahora arrestado en la cárcel de Kober.

«Al Yarida» y el resto de la prensa sudanesa se encuentran por primera vez ante un panorama de «libertad», sin censura previa, secuestro de ediciones o amenazas a mano armada, métodos habituales en los últimos años para controlar a los medios que se salían de la línea oficial.

Sentado en su oficina en la redacción, situada en un humilde apartamento en el centro de Jartum, Awad explica a Efe que tomó la decisión de publicar libremente el 6 de abril, el día en el que se desbordaron las protestas contra Al Bashir y cinco días antes de su derrocamiento.

«Vimos que ya no es lo que era, la lucha de los cuatro meses llegó a un punto de no retorno (…) Nosotros le quitamos legitimidad a los servicios de Inteligencia sobre la censura y sobre nosotros, pase lo que pase», dice en un perfecto castellano Awad, que también tiene nacionalidad española.

La primera decisión de Awad fue llamar a dos columnistas que estaban vetados por el régimen -sus «plumas prohibidas»- y pedirles que volvieran a escribir.

«El cambio es radical. Ahora ya no hay censura ni quien nos diga qué hay que quitar y qué no», relata el director, que ha padecido incontables ataques desde que fundó «Al Yarida» en 2010 tras haber cursado un máster de Periodismo en Barcelona, con el propósito de hacer un periodismo orientado a los jóvenes y que pretendía contribuir «al cambio» en su país.

UNA REPRESIÓN FEROZ

Tan solo tres meses después de fundar el periódico, le clausuraron la redacción durante un trimestre entero. Dos guardias armados se apostaron en la puerta para impedir que nadie pudiera entrar en la oficina.

Ese primer ataque fue «dramático», recuerda Awad, pero a partir de 2014 el régimen endureció sus tácticas y comenzó a secuestrar los ejemplares una vez impresos, como respuesta al apoyo del diario a las protestas que se desataron en septiembre de 2013.

«Es un golpe mortal, porque pagas la impresión», relata el director.

En el último mes antes de la caída de Al Bashir, solo pudieron publicar en papel dos veces. Y desde la entrada en vigor del estado de emergencia, el pasado 22 de febrero, los servicios de Inteligencia extendieron su control a la versión electrónica, que hasta entonces había escapado a la censura.

El director tuvo que anunciar que el periódico cerraba «por vacaciones» para evitar perder la licencia. Esto le podría acarrear que les costase mucho tiempo recuperar el permiso de publicar.

Antes de esa última vuelta de tuerca, «Al Yarida» sacaba dos versiones diferentes, una «más light» impresa, que la censura tal vez podría pasar, y otras sin cortes en internet.

«La censura nunca la aceptó. Aún así había que intentarlo, sabemos que la gente leía entre líneas», relata.

La presión del régimen también se traducía en términos económicos: la publicidad oficial estaba vetada y a las empresas privadas «les daban un toque» para que no anunciasen en los medios que no fuesen adictos al poder que Al Bashir ostentaba desde hace tres décadas.

LA LENTA APERTURA DE LOS MEDIOS OFICIALES

A pesar del clima de libertad en la prensa privada, los medios oficiales van a pasos más lentos.

La televisión oficial tardó una semana tras el derrocamiento de Al Bashir en informar de la existencia de la acampada opositora en la que, a diario, se concentran miles de personas para pedir que los militares entreguen el poder a los civiles.

El medio oficial, convertido en el altavoz de los militares, ahora incluso se permite ceder sus micrófonos a algunos ciudadanos que hablan a favor de la libertad, pero los líderes de la oposición todavía tienen un espacio muy limitado.

Las autoridades también son reacias a desembarazarse de las viejas costumbres.

Sudán aún está en el vagón de cola de la libertad de prensa y ocupa el puesto 175 en la clasificación con 180 países que Reporteros Sin Fronteras elabora anualmente.

Fuente

Redacción

Luchando contra la información manipulada y tendenciosa. Periodismo incómodo.

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Redacción

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