Del análisis de la documentación sometida a consulta pública del proyecto de la multinacional EDP Renovables en la Costa da Morte se puede llegar a concluir que la instalación podría ser perjudicial a futuro para los residentes de los lugares de O Bosque, O Reguengo, Cabana, Cundíns, Iñaño y A Eirita.

Los parques eólicos, al igual que en el resto de la Costa da Morte, han provocado una dramática situación ambiental en Baio, ayuntamiento de Zas (Foto: Asociación Salvemos Cabana)

Si bien en estos casos la empresa indica distancias en las máquinas AGM-3, AGM-4, AGM-5, AGM-6 y AGM-7 que oscilan entre la distancia legal establecida de 500 metros y los 780, las mediciones realizadas mediante cartografía digital parecen señalar que la distancia real está entre los 435 y los 496.

Este hecho, que se ha hecho constar en las alegaciones elaboradas por la asociación, podría acarrear una problemática a largo plazo para las áreas residenciales afectadas pues más allá de los estudios acústico y de parpadeo de sombras presentados por la mercantil, la empresa no evalúa los potenciales efectos del proyecto sobre la salud de la población residente de las zonas más próximas a os aerogeneradores, tal y como sería recomendable de acuerdo con la guía de alcance publicada por la Dirección Xeral de Saúde Pública.

Además de este factor significativo, hay que señalar que en las últimas décadas diversos estudios internacionales han venido confirmando que la presencia de aerogeneradores en la proximidad de núcleos de población estarían detrás de un aumento de los problemas de salud de sus habitantes.

En este sentido en el año 2003, G.P. Van den Berg, investigador de la universidad holandesa de Groningen estudió en detalle los impactos de un proyecto eólico en funcionamiento encontrando que los residentes situados a una distancia de hasta 1.900 metros afirmaron percibir molestias por el ruido procedente de la instalación y confirmando que durante la noche la percepción del sonido es hasta dos 2.6 veces mayor que en horario diurno.

En el año 2006 la doctora Nina Piermont, titular de la Sociedad Americana de Pediatría, testificó en calidad de experta ante el Comité de Energía del Estado de Nueva York alertando de una serie de efectos que algunos residentes próximos a parques eólicos en varios países estaban experimentando al cabo del tiempo, un abanico de síntomas de diversa gravedad como problemas de sueño, dolores de cabeza, mareos, inestabilidad emocional, náuseas, agotamiento, depresión, problemas de aprendizaje y concentración e incluso zumbido en los oídos (tinnitus), lo que calificó como «Síndrome del aerogenerador» (Wind Turbine Syndrome) considerando como un factor de riesgo el grado de proximidad de las instalaciones eólicas a hogares y edificios de servicio a la comunidad. Tras años de estudio y a partir del examen detenido de casos clínicos de Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda, Italia y Canadá la autora verificó que la interrupción o estimulación anormal del sistema vestibular del óido interno por el ruido de baja frecuencia emitido por los aerogeneradores podría estar detrás del problema.

En la misma línea, Nissembaum y otros confirmaron en el año 2011 en el primer estudio científico efectuado en condiciones controladas sobre el ruido procedente de los aerogeneradores que aquellas personas que viven a menos de 1,4 kilómetros de una turbina eólica pueden sufrir alternaciones de sueño «lo suficientemente graves para que esto afecte a su vida cotidiana y salud mental«, afirmando que «hay una fuerte evidencia de que el ruido de los aerogeneradores es la causa de los efectos observados«.

Salt y otros, del Departamento de Otorrinolaringología de la Universidad de Washington propusieron en 2014 que las consecuencias fisiológicas observadas procedentes del ruido de los aerogeneradores son debidas a que la duración de la exposición al mismo «puede ser extremadamente larga» dependiendo de las condiciones del viento, algo que es «considerablemente diferente a la mayoría del ruido industrial» donde períodos de actividad se alternan con prolongados períodos de calma (por ejemplo durante los fines de semana).

Otro estudio médico de Krogh y otros confirmó en 2014 que «las turbinas eólicas industriales pueden dañar la salud humana si están demasiado cerca de los residentes» y que muchos médicos de familia canadienses han podido constatar que «las personas que viven o trabajan en la proximidad de turbinas eólicas industriales han experimentado síntomas que incluyen disminución de la calidad de vida, molestias, stress, transtornos de sueño, dolor de cabeza, ansiedad, depresión y disfunción cognitiva» debido a la interación de diversos favores derivados de la instalación de parques eólicos.

Teniendo en cuenta todos estos datos y el hecho el parque eólico Monte Agrelo y Muriño se encontraría en una zona sobresaturada de proyectos con 12 ya en funcionamiento y 55 aerogeneradores en 10 kilómetros a a redonda y en un área de desarrollo que soporta actualmente 22 polígonos eólicos y 112 turbinas cabe preguntarse si la Xunta de Galicia se toma en serio el Principio de Precaución, incluido en el artículo 191 del tratado fundacional de la Unión Europea.

Este pilar fundamental, esencial en las sociedades modernas, hace referencia a un enfoque de gestión de riesgo según el cual, en el caso de que cualquier política o acción pudiese provocar daños a las personas o al medio ambiente, la medida en cuestión debería abandonarse, lo que para un proyecto eólico para el Monte Agrelo y Muriño sería optar por la Alternativa Cero o de no realización.

EN PERÍODO DE ALEGACIONES HASTA EL 10 DE OCTUBRE

El proyecto del parque eólico Monte Agrelo y Muriño, planteado entre Cabana de Bergantiños y Zas, se encuentra en período de exposición pública hasta el próximo 10 de octubre, y la Asociación de Defensa Ambiental Salvemos Cabana ha preparado unas alegaciones públicas generales que pueden descargarse en ir.gl/alegamonteagrelo y presentarse de manera presencial o telemática a la Administración.