La Puerta Dorada, que se levanta imponente en la muralla de Jerusalén ante las faldas del Monte de los Olivos – sellada desde época medieval y que, según la tradición judía, se abrirá cuando venga el mesías -, es el nuevo punto caliente en la Explanada de las Mezquitas.

El último tira y afloja entre palestinos e israelíes se ubica en el edificio colindante al acceso (llamado Puerta de la Misericordia en árabe y en hebreo) que está cerrado por Israel desde 2003 y donde la autoridad islámica jordana, Waqf, llamó a los fieles a rezar a finales de febrero.

El complejo alojaba las oficinas del comité de patrimonio islámico, cerradas por Israel por presuntas actividades políticas, y cuya clausura fue ratificada hasta nueva orden por una sentencia judicial en 2017.

Tras la movilización de los musulmanes por el Waqf, las fuerzas israelíes cerraron con una cadena el edificio, lo que provocó la ira de los palestinos, y jóvenes estudiantes la rompieron y oraron en el lugar, que habilitaron para ello.

Más tarde fue el propio Waqf – que administra los lugares santos musulmanes en la parte oriental de Jerusalén, ocupada por Israel desde 1967 – quien puso una cadena, pero los jóvenes también la retiraron a la fuerza.

A finales de febrero, Israel realizó decenas de detenciones en torno a la Explanada, entre otros del jefe del Consejo del Waqf, Sheij Abdel Azim Salhab, y el escritor y vicedirector de su departamento de investigación, Sheij Najeh Bkerat, que lideraron las acciones para reabrir el edificio.

El ministro jordano de Asuntos Islámicos, Abdel Naser Abu Basel, advirtió que las detenciones suponían «jugar con fuego» por alterar el papel jordano de custodio.

Israel inició conversaciones con Jordania para cerrar la crisis, pero el malestar sigue creciendo y hoy se lanzó un coctel molotov contra un puesto de la Policía israelí en la Explanada, tras lo que agentes armados evacuaron el convulso lugar.

Un tribunal israelí decidió este lunes posponer una semana la decisión final sobre la reapertura del lugar, para dar tiempo a las negociaciones con Jordania.

«Nos dirigimos a una nueva Intifada por los ataques a la Mezquita de Al Aqsa», avisó este lunes el mufti (líder islámico) de Jerusalén, digital Nawres.

«Los palestinos sienten que han logrado hacerse con el edificio, se ven victoriosos» y ahora, incluso si Ammán llega a un acuerdo con Israel, no es seguro que lo respeten, explicó a Efe Ofer Zalzberg, analista del Crisis Group International, y uno de los mayores expertos en el statu quo de la Explanada.

Si en los próximos días «irrumpe la Policía en medio de las oraciones o utiliza violencia contra los fieles, habrá gran potencial para una escalada», en un lugar altamente simbólico para el islam y el judaísmo (que lo consideran su tercer y primer lugar sagrado, y lo denominan Noble Santuario y Monte del Templo, respectivamente).

Otro factor es que Israel está en periodo preelectoral y el Gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu puede querer evitar mostrarse «débil».

Representantes de la derecha como Naftali Benet y Bezalel Smotrich ya le han criticado públicamente por no imponerse y el diputado Avi Dichter ha advertido de que el Gobierno «no permitirá que se establezca una nueva mezquita en el Monte del Templo».

«La próxima semana la corte podrá ordenar a la Policía cerrar en el edificio lo que agravaría la situación en un momento muy sensible: Gaza está en tensión, con Hamás impulsando una escalada, y Cisjordania también, con una mala situación económica y crisis de la Autoridad Nacional Palestina por los impuestos», analiza Zalzberg.

«A lo largo del último siglo» – recuerda – hemos visto como cuestiones pequeñas en la Explanada pueden llevar a una explosión de violencia.

Hasta 2003 el edificio estaba abierto, pero no era un lugar dedicado (consagrado) a la oración, con alfombras, un imán, un mimbar (púlpito), entraba poca gente y era solo uno más de los cien edificios que hay en el complejo.

Pero en los últimos días están tratando de establecer allí una nueva mezquita como las otras cinco que hay dentro de la explanada, un reto para Israel impulsado por múltiples grupos, como Hamás, el Movimiento Islámico y Fatah, que instan a sus seguidores a acudir allí a rezar.

«Se han puesto en marcha dinámicas que nadie parece controlar», advierte Zalzberg.

Netanyahu aparentemente no quiere permitir que los jeques musulmanes le dicten qué hacer, pero también mantiene cautela y aún no ha mandado a la Policía a actuar por la fuerza.

La situación, cree el analista, «refleja una escalada significativa en las relaciones entre Israel y el Waqf y, más profundamente, entre Israel y Jordania», junto a Egipto uno de los dos únicos países árabes con quen el Estado judío tiene un acuerdo de paz.

Por Ana Cárdenes


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