Ástor García
Secretario General del Partido Comunista de los Trabajadores de España – PCTE


En las últimas semanas del mes de julio el tema estrella ha sido el debate de investidura. Hasta el día 25 se hablaba de las posibilidades de que se alcanzara un acuerdo entre los supuestos “socios preferentes” socialdemócratas. A partir de la segunda intentona fallida el asunto principal de comentario ha pasado a ser el porqué de tal fracaso y, más recientemente, las críticas al tipo de negociación desarrollada que se están vislumbrando dentro de esa alianza  sumamente frágil que ahora es Unidas Podemos.

Es innegable que todo este proceso – si realmente ha sido una negociación – ha venido determinado por la obsesión de las partes negociadoras – si realmente ha sido una negociación – por controlar “el relato”. En gran medida por eso se ha ido a pique la negociación – si realmente ha sido una negociación: porque unos y otros estaban más preocupados por imponer su versión de lo que pasaba en despachos del Congreso y en salas de hoteles que por lo que realmente ocurría. Por eso nadie ha puesto el foco sobre cuál era el programa que estaban negociando – si realmente ha sido una negociación -, porque era lo de menos. Lo importante era ganar al otro o, al menos, que esa victoria fuera medianamente creíble para un público un poquito más amplio que la propia militancia de cada cual.

Pero aquí no estamos para hablar de relatos ajenos, sino de realidades muy propias. De la realidad de cientos – miles – de trabajadores y trabajadoras que, mientras se desarrollaba esta tragicomedia en el Congreso, mientras los ministrables se enviaban mensajitos de móvil y al carajo, estaban en plena pelea por defender sus condiciones de vida y trabajo. Nada menos.

Porque la realidad es que, más allá de las peleas parlamentarias entre fuerzas capitalistas, la lucha de clases continúa a diario en las empresas, en los polígonos industriales y en las calles de nuestro país.

Ciertamente, alguien podría señalar – acertadamente – que una negociación para formar Gobierno tiene algo que ver con la lucha de clases. Y no se puede negar. Las medidas legislativas o los planes de gobierno siempre van a tener incidencia en la lucha de clases, pero como bajo el capitalismo  jamás van a terminar con la contradicción entre capital y trabajo – o entre capitalistas y trabajadores, si prefieren -, la pelea de la mayoría trabajadora por defender su pan, su trabajo y sus condiciones de vida no va a esperar a que se pongan de acuerdo los partidos socialdemócratas en esas supuestas medidas mágicas que van a lograr la cuadratura del círculo: beneficiar a la vez al explotador y al explotado.

No sé si saben que, en Córdoba, el mismo día que Pedro Sánchez comentaba, en su cadena de radio favorita, lo “torticero” del plebiscito convocado por Podemos a su militancia sobre el formato de posibles pactos con el PSOE, miles de personas se manifestaban contra el ERE – sí, no son cosa del pasado – planteado en la empresa de capital suizo ABB.

No sé si saben que el sector del metal en la provincia de Bizkaia está en pie de guerra. El mismo 15 de julio todas las organizaciones sindicales presentes en el sector, en un muy interesante y recomendable ejercicio de unidad sindical, anunciaron que, al negarse la patronal a negociar tras las jornadas de huelga ya realizadas, la pelea continuará tras el verano. Y llamaron a los 50.000 trabajadores del sector a ponerse de huelga de nuevo en octubre. Haya gobierno socialdemócrata, o no.

No sé si saben que, el 16 de julio, mientras Pablo Iglesias decía a la prensa que “Sánchez no ha planteado ningún tipo de veto” sobre nadie de Podemos, el juez Santiago Vidal, que fuera senador por Esquerra Republicana de Catalunya, daba un zarpazo brutal al derecho de huelga – en todo el país, no sólo allende el Ebro – al permitir que la Fira de Barcelona (consorcio que, por cierto,  preside Ada Colau) contratase a otras empresas para sortear la huelga de montadores de escenarios (cononcidos como “riggers”) que podía paralizar el muy lucrativo festival de música Sónar. Ya ven, el esquirolaje legalizado por un juez que, por si se habían olvidado, fue uno de los redactores de la “constitución” de la “República Catalana” que “preside” Puigdemont. Eso sí, el día 25 al portavoz de ERC en el Congreso se le llenaba la boca con la necesidad de que se llegara a formar gobierno socialdemócrata cuanto antes, ofreciendo sus votos para garantizar la estabilidad política española.

No sé si saben que, el 20 de julio, sólo un día después de que Pablo Iglesias “renunciara” a estar personalmente en el futuro Gobierno de coalición, el comité de empresa de la empresa Global Special Steel Products, radicada en Los Corrales de Buelna (Cantabria), anunciaba cinco nuevos días de huelga a finales de julio y primeros de agosto que se sumarían a los ocho ya convocados entre junio y julio y apoyados por el total de la plantilla de producción. ¿La causa? La intención de la empresa de empeorar las condiciones laborales mediante el recurso a subcontratas.

No sé si saben que, el 25 de julio, mientras Pedro y Pablo se arrojaban a la cara las políticas activas de empleo, los 90 trabajadores de Zener Norte y Zener Comunicaciones, subcontratas de la teleco asturiana Telecable, anunciaban huelga indefinida a partir del 30 de julio ante la negativa del nuevo patrón, Euskaltel, de mantener los puestos de trabajo.

Seguro que sí saben que el 31 de julio hubo una huelga en Renfe. Salió en todos los telediarios y no tardaron en aparecer los típicos bocachanclas exigiendo sanciones a los sindicatos y acusando a diestro y siniestro de vendidos, vagos y maleantes a los trabajadores que habían osado luchar por sus derechos en uno de los días con más movimiento. Acusaciones, por cierto, muchas veces realizadas por quienes no han cogido un cercanías en su puñetera vida y, como mucho, manejan el AVE.

Y podría seguir con unos cuantos párrafos más, pero la idea ya ha quedado clara. Ahora comienza un mes de agosto que tradicionalmente ha sido de poca actividad política, pero en el que no va a cesar la lucha obrera en movilizaciones y huelgas como las de El Prat, Iberia, Renfe, Telepizza, la hostelería, las camareras de piso o las ambulancias – por citar algunas – que van a seguir manteniendo muy activa y muy viva esa máxima que da inicio al capitulo primero del Manifiesto Comunista: Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. Los pactos de Gobierno, las coaliciones o las cooperaciones socialdemócratas son, en la historia de la sociedad humana, unas veces tragedia y otras, las más, una farsa. Como ha pasado en España.

Entrevista Ástor García, candidato del PCTE a la Presidencia del Gobierno

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2 Comentarios

  1. hay qe estar muy mal informado o ser ma-lintencionado ,
    para decir que Up solo qeria imponer el relato cuando las excusas venian dl Psoe ,
    cuando ya tenia bastante cn pelear por que el pa$:€ les reconocierra el valor de
    ls 40 escaños qe le daba en la investidura
    qe aun cuando se apartó Pi , seguia poniendolas y negociando tbn via tuiter etc :
    …si incluso lo dice anguita :

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