Las tensiones políticas y las dudas suscitadas en los últimos días en torno a la reforma del sistema de pensiones de Brasil han interrumpido, al menos forma momentánea, la luna de miel entre el nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y el mercado financiero.

Tras la euforia desatada por la elección del ultraderechista, los inversores han puesto tierra de por medio y han redoblado su presión sobre el Gobierno para la aprobación de la reforma jubilatoria, en entredicho después de las discordias políticas desatadas en las últimas semanas.

La turbulencia comenzó la pasada semana tras el arresto del expresidente brasileño Michel Temer por sospechas de corrupción, un hecho que «aumentó la incertidumbre política» en Brasil y «enturbió la relación entre el Congreso y el Gobierno de Bolsonaro», según subrayó el lunes la agencia de comunicación de riesgo Moody’s.

«Aunque todavía sea muy pronto para determinar el impacto del encarcelamiento de Temer en la aprobación de la reforma, creemos que el aumento de la tensión entre los poderes ejecutivo y legislativo puede perjudicar el resultado final de la reforma del sistema de pensiones», agregó la analista senior de Moody’s, Samar Maziad.

A la prisión preventiva de Temer, revertida el lunes por un juez de segunda instancia, se suma la disputa protagonizada el pasado fin de semana por Bolsonaro y el presidente de la Cámara baja, Rodrigo Maia, un veterano político responsable de marcar el ritmo de las votaciones en el Congreso.

El presidente brasileño y Maia intercambiaron duras acusaciones a través de la prensa y abrieron todavía más interrogantes sobre la reforma de las pensiones, el Santo Grial del Gobierno comandado por el capitán de la reserva del Ejército.

Mientras el ultraderechista cargaba contra la «vieja política», el dirigente de los diputados cuestionaba la falta de liderazgo de Bolsonaro en la articulación política e instaba al mandatario a dejar Twitter para ocuparse de los problemas de la vida real.

«Parecía que la primera etapa de la reforma estaba encaminada, pero esa expectativa ha cambiado y se ha revisado el escenario. Lo que se daba como seguro, ahora es más complicado. Se está retrasando todo», explicó a Efe el miembro del equipo de analistas de Guide Investimento Victor Beyrut.

Bolsonaro intentó el lunes apaciguar los ánimos para retomar el clima de normalidad con el Congreso y, según su portavoz, está «dispuesto» y «abierto» a realizar una interlocución con diputados y senadores tras las críticas recibidas por parte de algunos legisladores.

A pesar del alivio momentáneo de los inversores tras el paso al frente de Bolsonaro, la Bolsa de Sao Paulo no consiguió recuperarse el lunes y sumó su quinta caída consecutiva al perder un 0,08 % en medio de la incertidumbre.

Según Beyrut, el mercado todavía confía en que el Ejecutivo conseguirá sacar adelante la reforma hasta finales de año, pero cree que afrontará «muchos problemas» en el camino hasta la aprobación definitiva del proyecto, que establece una edad mínima para acceder a la jubilación de 62 años para las mujeres y de 65 para los hombres.

Uno de los puntos que podría obstaculizar las negociaciones es la reforma específica de los militares, con la que el Gobierno busca un ahorro de 2.780 millones de dólares en 10 años, lo que supone tan sólo cerca de un 1 % del total de los 424.000 millones de dólares que se economizaría en una década con la propuesta general de reforma del sistema de pensiones.

El texto ha sido criticado por algunos parlamentarios, incluso de las filas del Partido Social Liberal de Bolsonaro, por considerar que la propuesta sobre los militares es más blanda que la presentada para los civiles.

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