La propuesta de reforma judicial del Primer Ministro Benjamin Netanyahu ha generado una ola de controversia en Israel, país al que arrastrará a una deriva ultraderechista basada en el asesinato sistemático del pueblo palestino; y que busca la impunidad para sus acciones. Esta reforma, respaldada por una minoría de israelíes de extrema derecha, ha sido objeto de protestas masivas en las calles, con cientos de miles de manifestantes expresando su descontento. La razón principal de su rechazo es que esta reforma representa una amenaza directa a la soberanía de Israel, otorgando al gobierno poderes prácticamente ilimitados. Una dictadura velada.

Estos poderes incluyen la anexión definitiva de Cisjordania, la expansión de los asentamientos judíos en territorio palestino y la imposición de una estricta observancia religiosa en la vida diaria de Israel. Además, la reforma busca eximir del servicio militar a los ultraortodoxos y, en un giro “sorprendente”, desestimar los procesos judiciales por corrupción que enfrenta el propio Netanyahu.

En septiembre, durante la celebración de Yom Kipur, muchos israelíes recordaron con preocupación el Yom Kipur de hace 50 años, cuando Israel, bajo el liderazgo de Golda Meir, enfrentó una amenaza externa que casi lleva al país a su desaparición. Hoy, la amenaza es interna, con un Primer Ministro dispuesto a socavar la soberanía nacional.

A menudo, desde el exterior, se percibe a Israel como un país cohesionado. Sin embargo, la realidad es que es un mosaico de diferentes comunidades judías, desde inmigrantes iraquíes y polacos hasta marroquíes y rusos. A pesar de estas diferencias, desde la creación del estado de Israel, se había logrado un equilibrio entre dos visiones del sionismo: una liberal y secular, y otra más conservadora y fanática. Sin embargo, este equilibrio se está desmoronando.

El gobierno de coalición de Netanyahu, compuesto por seis partidos, de los cuales cinco son religiosos, ha impulsado discursos que defienden la supremacía judía, la ocupación territorial y el apartheid. Estas ideas no son nuevas. Ya en 1967, Yeshayahu Leibowitz predijo que la ocupación y la política de asentamientos llevarían al surgimiento de “judeo-nazis”. Y hace una década, el escritor israelí Amos Oz etiquetó a los colonos fanáticos como “neo-nazis hebreos”.

Netanyahu ha polarizado a la sociedad, enfrentando a diferentes sectores entre sí, sin considerar las consecuencias que esto podría tener en la convivencia pacífica. Además, ha recogido la antorcha de la incitación que llevó al asesinato de Isaak Rabin, mostrando animadversión contra aquellos que no siguen su línea de pensamiento.

Entre las propuestas más controvertidas de su gobierno se encuentra un proyecto de ley que permitiría a una mayoría parlamentaria simple anular los fallos de la Corte Suprema, una maniobra que podría beneficiar directamente a Netanyahu en su juicio por corrupción.

Hoy, Israel se encuentra dividido. A pesar de enfrentar ataques externos, como los recientes de las milicias de Hamas, es esencial ser crítico con las acciones del Primer Ministro. La pregunta que queda en el aire es: ¿hasta cuándo se puede tensionar una situación antes de que explote?

Fuentes:

Diario Público – “Netanyahu divide Israel con su reforma judicial y dinamita sus relaciones con Estados Unidos”.

France 24 – “Israel: la Knesset aprueba medida de la reforma judicial que limita poderes de la Corte Suprema”.

France 24 – “Una guía para entender la reforma judicial de Netanyahu que fractura a Israel”.

EL PAÍS – “Israel afronta una audiencia histórica sobre la reforma judicial de Netanyahu”.

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