La representación política de las mujeres

Alba Garcia Sanchez
Secretaria de Dones i Polítiques LGTBI de CCOO de Catalunya


Desde que Clara Campoamor, en diciembre de 1931 ganara para las mujeres, no el derecho a ser elegidas sin el derecho a ejercer el voto, ha llovido mucho. Una Guerra Civil y 40 años de dictadura que relegaron a las mujeres a un segundo plano retrocediendo y suprimiendo todo el avance en derechos fundamentales y básicos de las mujeres que en poco tiempo había impulsado la II República: representación, sufragio, educación, divorcio y aborto.

1978 y 1979 fueron años importantes. Se iniciaban 40 años de democracia ininterrumpida que indefectiblemente han supuesto un avance importante para los derechos de ciudadanía de las mujeres en España. La entrada en la Unión Europea supuso un impulso significativo para las políticas públicas de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres pero no será hasta la década de los 90 que tuvo lugar un importante aumento de la participación de mujeres en listas electorales fundamentalmente para los Gobiernos locales.

No obstante el reconocimineto del derecho a la igualdad y la no discriminación, contemplados en los textos constitucionales y en la normativa comunitaria, no se tradujo de manera immediata en una representación política acorde con el peso demográfico de las mujeres en todos los niveles de representación política. Los avances han sido muy lentos en todos los ámbitos de toma de decisiones, en general, y en el poder político, en particular.

Hasta bien entrado el siglo XXI no se aprueba la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de hombres y mujeres que establece por primera vez el principio de presencia o composición equilibrada, con el que se trata de asegurar una representación suficientemente significativa de ambos sexos en órganos y cargos de responsabilidad, asumiendo textos internacionales para avanzar y garantizar una presencia equilibrada de mujeres y hombres en el ámbito de la representación política, con el objetivo fundamental de mejorar la calidad de esa representación y con ella nuestra propia democracia de manera efectiva.

Nuestro país ha vivido recientemente varios procesos electorales y el resultado respecto a la paridad es irregular. Por un lado, el español es uno de los Parlamentos más feminizados de Europa (junto a Finlandia y Suecia), donde las mujeres han alcanzado el 46,85% de los escaños del Congreso, la cifra más alta en años. En el Parlamento Europeo se ha alcanzado un porcentaje próximo al 40% aunque solo 11 de los 28 Estados miembros imponen, en distintos grados, medidas para garantizar la paridad en las listas electorales, ahora quizás el reto sea alcanzar dicha proporción en los puestos de toma de decisión que, por lo que se conoce, va a ser una participación de mujeres bastante menor.

En los Gobiernos locales, aún siendo el nivel de administración más cercano a la ciudadanía, la progresión es menor. En las primeras elecciones municipales de 1979 hubo 104 alcaldesas y 8.358 alcaldes. Después de 40 años de ayuntamientos democráticos el 26 de mayo de 2019 se ha alcanzado el 21,77% de alcaldesas, un porcentaje similar de concejalas. Por desgracia, en algunos ayuntamientos no hay ninguna mujer en los consistorios.

Fotografía de Txefe Betancort.

La representación política de las mujeres progresa lentamente aún teniendo una legislación específica para garantizar, al menos, la paridad.

Algo parecido ocurre en el ámbito del poder económico que, aunque se califique de avance imparable, la evolución ha sido por debajo del 20% aunque organismos como la OIT sostengan que las compañías donde se promueve la diversidad de género aumentan entre un 5 y un 20% su productividad y sus beneficios.

El pasado 1 de julio -siguiendo las recomendaciones de la Plataforma de la IV Conferencia Mundial de las Mujeres celebrada en Beijing, en 1995- se aprobaba por unanimidad la Declaració del Parlament de les Dones. Un Parlamento que por un dia fue ocupado exclusivamente por mujeres, unas diputadas y otras miembros del Consell Nacional de Dones de Catalunya.

Hoy en día, para que el concepto de democracia no pierda valor colectivo sigue siendo importante crecer en representatividad hasta haber alcanzado el porcentaje que justamente le corresponde a la mitad de la población.

No obstante, el mayor de los retos quizás reside en el acceso al poder político, con el fin de romper con los dictados del patriarcado y para ello no solo hay que aumentar la presencia de las mujeres sino exigir políticas feministas efectivas para poder cambiar de raíz las lógicas del patriarcado y del capitalismo.

No puedo dejar de mencionar lo importante que es -que ante la agresión y amenaza de regresión de grupos políticos ultra conservadores de derechas- que se reconozcan derechos efectivos para blindar y no retroceder ni un milímetro en igualdad y equidad, contra la discriminación por razón de sexo y de género y, obviamente, todos aquellos que garanticen una vida libre de violencias machistas.

Deja un comentario