Categorías: Opinión

La resistencia también puede ser un acto de amor

Iria Bouzas

Hay que aprender a resistir. Ni a irse ni a quedarse, a resistir, aunque es seguro que habrá más penas y olvido.

Juan Gelman

 

Me parece una verdadera lástima que no se puedan hacer tatuajes en el cerebro igual que se hacen sobre la piel.

Me parecería muy cómodo poder fijar algo dentro de mi cabeza de forma permanente sin miedo a que, la marejada de pensamientos que circulan ahí dentro como si fueran una especie conductores borrachos y kamikazes, pudieran conseguir borrar aquellas ideas que sé que necesitaría tener incrustadas para poder sobrevivir en este mundo de locos.

Si pudiese tatuarme una idea ahora mismo sería la siguiente: “La resistencia puede ser un enorme acto de amor”

Es evidente que el hecho de resistir siempre duele, pero en ocasiones llega a provocar sensaciones mucho peores que el propio dolor.

Resistir en muchas ocasiones resulta humillante porque para hacerlo tienes que tragar sapos que desearías con toda tu alma meter por según que partes de su anatomía a aquellos que te los lanzan directos a la boca.

Pienso en las generaciones de padres y madres con trabajos precarios y en todo lo que habrán tenido que soportar para resistir. Una resistencia que forzosamente se tiene que haber basado en el amor a esos hijos por los aceptaron que merecía la pena destrozarse el estómago a base de intentar digerir la rabia de saber que sobre los hombros les tocaba cargar con el peso indecente de la injusticia.

Quedarse y aguantar jamás es lo más fácil y en muchas ocasiones ni siquiera es lo que más nos beneficia a nivel personal.

Porque muchas veces lo que nos dejamos en medio de ese ejercicio de resistencia es a nosotros mismos.

Y por eso quedarnos puede ser el mayor de los actos de amor. Porque resistimos en un lugar o en una lucha en la que no queremos estar. Nos mantenemos como podemos mientras esa resistencia se nos lleva la vida, la felicidad y en ocasiones hasta la salud.

Pero ahí estamos, día tras día sin dejarnos vencer y sin salir de una oscuridad que egoístamente querríamos abandonar cuanto antes.

Me niego a pensar que no haya ningún estudio de tatuajes que puedan hacerme un trabajo en el cerebro o incluso en alguna esquinita del alma si lo ven más sencillo.

Y si no tienen mucho espacio, al menos que consigan encajar esto en letras muy grandes y claras:

“Porque amas. Resiste”

Iria Bouzas

Gallega sobre todas las cosas. Directora comercial. Escribo en Diario SXXI, Papel de Periódico y Contrainformación.

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