Cinco años después de auparle al poder, los jóvenes ucranianos que organizaron la revolución que derrocó al régimen prorruso le han dado la espalda al presidente, Petró Poroshenko, al que acusan de traicionar los ideales del Maidán.

«Como periodista que llegó a la política después de la revolución no puedo estar en las mismas filas que aquellos que dirigen la contrarrevolución», dijo a Efe el diputado europeísta Mustafá Nayyem en su despacho de la Rada Suprema (Parlamento).

Mustafá, como le gusta que le llamen a este ucraniano de origen afgano, fue el que convocó en noviembre de 2013 a los kievitas a salir a las calles para protestar contra la decisión del Gobierno de no firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE) con un mensaje en las redes sociales que ha pasado a la historia.

«No sabíamos qué haríamos después, pero decidimos salir a la calle porque nos robaron un sueño. Y no tiene nada que ver con la UE. El acuerdo era un símbolo. O apostamos por el cambio o nos convertimos en Bielorrusia», explicó.

Poroshenko le convenció para que integrara su equipo, pero al poco tiempo se dio cuenta de que el presidente se había rodeado de gente que utilizaba los mismos instrumentos que el derrocado Víktor Yanukóvich: corrupción, presión sobre la sociedad civil, manipulación de la opinión pública y control de la televisión.

«No puede ser que hayamos expulsado del país a Yanukóvich y su principal patrocinador, Rinat Ajmétov, el hombre más rico de Ucrania, se haya convertido en el principal socio del nuevo presidente», indica.

En su opinión, le delata también el hecho de que el presidente no haya invertido la mayor parte de sus recursos, tanto financieros como políticos, en promover nuevos partidos, organizaciones, sectores productivos o pequeñas y medianas empresas.

«Los dedicó a enriquecerse él y su equipo (…), se los metió en el bolsillo. Lo más terrible es que nuestros rivales nos habían advertido de que volvería (las viejas élites). Y ha ocurrido. Tiene lugar una lenta revancha», denuncia.

«La gota que colmó el vaso» de su paciencia, según sus propias palabras, fue la decisión del Tribunal Supremo en febrero de anular la ley para procesar a aquellos que se enriquecen ilegalmente, lo que permitió incoar causas penales contra «65 ministros, jueces, diputados, altos funcionarios y amigos del presidente».

Mustafá, que considera dicha ley uno de los mayores logros de la revolución, no puede aceptar la ironía del fallo del Supremo sobre que esta «viola los derechos humanos», ya que «una persona no puede estar obligada a demostrar su inocencia».

«Han cerrado todas las causas penales y todo lo que hemos hecho durante los últimos cinco años para acabar con la corrupción ha sido borrado de un plumazo», indicó.

Cree que a día de hoy Ucrania, donde los últimos años no se podía ocultar ningún enriquecimiento ilegal, está regresando a los tiempos de Yanukóvich, que «tenía una mansión que parecía el museo del Louvre».

Por todo ello, le ha retirado a Poroshenko su apoyo y el de sus aliados europeístas de cara a las elecciones presidenciales del domingo, un duro revés para el presidente, que va muy por detrás en los sondeos del comediante Vladímir Zelenski.

«Es muy difícil creer que Poroshenko vaya a cambiar. La cuestión es si hay alternativa», asegura.

Y es que Mustafá tampoco se acaba de fiar de Zelenski, que tiene su granero electoral entre la juventud y la población del este rusoparlante.

«No tiene experiencia, ni equipo, ni visión. Es solo un proyecto muy bonito. Con ese apoyo mediático, puedes poner un sillón y también ganaría. Su liderazgo en los sondeos no es mérito suyo, sino consecuencia de los fracasos, errores y crímenes del actual régimen», indicó.

Sospecha que, como no desvela sus cartas ni explica su llamamiento al diálogo en el Donbás, una vez llegue a la Presidencia será rehén de grupos oligárquicos, que le financiarán y le cederán los canales de televisión.

«Es una candidatura inadmisible. ¿Cómo explicará el diálogo con los terroristas si eso no frena la guerra en el Donbás? Además, en Ucrania los oligarcas no son mecenas. No puede llegar al poder y de repente decir que es independiente», subraya.

Tampoco apoyará a la ex primera ministra Yulia Timoshenko, tercera candidatura en discordia, sino al exministro de Defensa Anatoli Gritsenko, que ha recabado en las últimas semanas muchos apoyos entre los antiguos aliados de Poroshenko.

«No es correcto votar solo a los que ganan, hay que votar según unos principios. Precisamente, el mayor logro de la revolución es que los ucranianos han perdido el miedo a decirle no al Estado», asegura el periodista reconvertido primero en revolucionario y después en diputado.

Ignacio Ortega

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