El pasado domingo se celebraba el Día Mundial de la Salud Mental. Precisamente, el sábado, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció en un acto institucional de Salud mental y Covid-19 el Plan de acción 2021-2024, dotado con 100 millones de euros para mejorar la salud mental en España. La intención, explicó, es facilitar y mejorar la atención, especialmente en los colectivos más vulnerables: «Los jóvenes, las personas mayores, las mujeres y las personas con discapacidad» son quienes «han visto más afectada su salud durante este último año».

Entre otras medidas, se impulsará la formación especializada y continuada en salud mental, además de crearse la especialización en psiquiatría infantil. También se llevarán a cabo campañas de sensibilización con el fin de desestigmatizar a las personas que sufren algún problema de salud mental y para prevenir conductas adictivas. Todo esto irá acompañado de la promoción del bienestar emocional, «poniendo el foco en la infancia, la adolescencia y otros grupos vulnerables, como las mujeres o los mayores».

Igualmente, se pondrá en marcha un número de teléfono gratuito, confidencial y disponible durante las 24 horas dedicado a la prevención, detección y atención de conductas suicidas. Explicó que se pretende «dar apoyo a personas afectadas y familiares, con capacidad de derivación rápida a los servicios de emergencia».

Déficit de profesionales y recursos

El reciente informe de Unicef, Estado Mundial de la Infancia 2021, muestra que en 2019, antes de la pandemia, casi el 55% de la población europea de 10 a 19 años sufría algún tipo de ansiedad o depresión, las enfermedades más comunes. Esa media se refiere a ambos sexos, ya que, en el caso de las mujeres, la cifra ascendía hasta el 70%. En la división por países, España estaba a la cabeza, con más de un 20% de jóvenes con algún tipo de ansiedad o depresión, tanto en hombres como en mujeres.

Como vemos, estas cifras ya eran preocupantes antes de la llegada del coronavirus. Actualmente, son muchas las asociaciones de salud mental y pacientes que exigen una mejora en el servicio y destacan la importancia de una sanidad pública. Porque esas cifras chocan de lleno con el personal de salud mental disponible en España.

Según el Índice Headway 2023 de Salud Mental, en nuestro país hay solo 30 psiquiatras, neuropsiquiatras infantiles y personal de psicología y enfermería por cada 100.000 habitantes. Esto sitúa a España en la penúltima posición de la Unión Europea, solo por delante de Bulgaria. En primer lugar se encuentra Holanda, con 260 profesionales por cada 100.000 habitantes. Si bien hay que decir que las cifras de Italia y España solo contabilizan al personal de la sanidad pública, mientras que en el resto de países se incluye al de la privada.

Aun así, España también se sitúa por debajo de la media europea en recursos económicos destinados a salud mental, un 5% de toda la inversión en sanidad. La media se encuentra en 5,5%, pero algunos países doblan esa inversión, destinando más de un 11% en el caso de Alemania o un 10% en Suecia.

Este déficit de profesionales y de inversión provocan que en la sanidad pública los tiempos de espera para la primera cita se prolonguen hasta dos o tres meses en Psicología y hasta un año en Psiquiatría. Después, el tiempo entre consultas puede ser de uno a cuatro meses, cuando se recomienda que sea cada quince días, incluso menos en las fases tempranas del tratamiento. Todo ello supone un retraso en el diagnóstico y en el tratamiento psicoterapeuta, que tiene un efecto directo en el pronóstico. Esto demuestra que la salud mental también es una cuestión de clase.

Desigualdades económicas y brecha de género

Por todo esto, las diferentes asociaciones de salud mental exigen una mejora en los servicios de la sanidad pública. La Confederación Salud Mental España reclama «el desarrollo de medidas que mejoren el acceso igualitario a la atención a la salud mental y, en el largo plazo, políticas de carácter estructural que cambien el funcionamiento del sistema actual, para garantizar realmente los derechos humanos y que no ponga en peligro la salud, y con ello, la salud mental de las personas».

Además, esta organización pone el foco en ciertos factores que pueden agravar la situación, como las desigualdades económicas y de género. Respecto a la cuestión de clase, las personas con bajos ingresos tienen tres veces más de probabilidades de sufrir ansiedad o depresión. Por esto, en su manifiesto piden acabar con las situaciones de pobreza, con el fin de que «no sea un factor de riesgo a la hora de cronificar un problema de salud mental» y para garantizar el acceso equitativo a los servicios de salud mental.

Por otra parte, en España las mujeres muestran el doble de trastornos de salud mental que los hombres. En este aspecto, piden crear protocolos específicos teniendo en cuenta la interseccionalidad y las circunstancias de cada mujer, destacando la conciliación familiar. A esto se añade la violencia machista: el 80% de mujeres con problemas de salud mental que ha vivido en pareja ha sido víctima de violencia machista. De ellas, el 42% no lo identifica como tal y a las que sí no se las cree precisamente por tener un problema de salud mental.

Igualmente, destaca la importancia de buscar soluciones eficaces para las personas con discapacidad psicosocial, debido a la exclusión que sufren en el mercado laboral, al que solo accede el 16%. Finalmente, según se expresa en su manifiesto, «otra fuente de desequilibrio se observa en la desigualdad geográfica y, para superarla, reivindicamos una mirada solidaria y una inversión consecuente. Que el derecho a la salud mental no dependa del lugar de residencia».

La importancia de dar visibilidad

La salud mental no suele ocupar debates importantes y hay un halo de silencio a su alrededor, especialmente en el caso del suicidio. Sin embargo, desde el año 2000, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) apostó por dar visibilidad al suicidio desde la prevención, el respeto y la responsabilidad, porque ya se sabe que aquello de lo que no se habla no existe y se crea una marginación y un tabú perjudiciales para quienes buscan ayuda.

Según los últimos datos del INE, la primera causa de muerte no natural en España es el suicidio, también en jóvenes de entre 15 y 29 años, por encima de los accidentes de tráfico. En 2020, las cifras en adolescentes aumentaron un 30%. Además, los intentos de suicidio se han incrementado un 250% a causa de la pandemia, según señala el Colegio Oficial de Psicología de Madrid.

En cuanto a los riesgos, hay muchos, incluyendo la frustración ante un futuro incierto, la privación durante la pandemia de una socialización fundamental para su desarrollo o las propias desigualdades ya mencionadas. Sin embargo, existe cada vez más consenso sobre el papel de las redes sociales en el aumento de los trastornos de ansiedad y depresión entre la juventud.

Es llamativo el estudio interno de Facebook publicado por The Wall Street Journal. En él se filtraron datos escalofriantes sobre el efecto de Instagram sobre la salud mental de la juventud, especialmente entre las mujeres. Los propios usuarios y usuarias señalan a Instagram como principal causa de aumento de depresión y ansiedad. Incluso un 6% de jóvenes de Estados Unidos y un 13% de Reino Unido aseguraron que existía una relación entre sus pensamientos suicidas y el tiempo que pasan en la aplicación.

En algunas comunidades autónomas ya existen planes para mejorar la salud mental, pero aún es necesario un plan integral y estatal para garantizar la igualdad geográfica. Habrá que esperar para saber cómo termina el plan anunciado por Pedro Sánchez, pero cualquier paso adelante es siempre una buena noticia. Por otra parte, no hay que olvidar que es importante normalizar estos temas de conversación, escuchar y apoyar, además de seguir visibilizando los problemas de salud mental con el fin de desestigmatizarlos y poder ofrecer ayuda temprana y eficaz.

Líneas de ayuda contra el suicidio

– Teléfono de la Esperanza: 717 003 717
– Emergencias: 112 o 061
 Teléfonos contra el suicidio: 910 380 600 (Madrid) / 900 925 555 (Barcelona)

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